viernes, 11 de junio de 2021

Los años extraordinarios – Rodrigo Cortés

 

La poesía y el humor son dos formas de codificar y descodificar la realidad que raramente aparecen juntas de manera equilibrada en una misma creación. Pero cuando esto sucede, como en los mejores escritos de Oscar Wilde, las mejores canciones de Javier Krahe o ahora en Los años extraordinarios de Rodrigo Cortés, la obra en cuestión tiene el poder de alcanzar de lleno a quien se enfrente a ella en lugares a los que pocas creaciones son capaces de llegar. A partir de cierta edad en la vida, cuando los libros te sorprenden suele ser para mal. Este libro sin embargo ha resultado ser excepcional también en ese sentido: me esperaba una obra divertida e ingeniosa, con una trama esquelética como excusa donde ir colgando frases bien acuñadas. Y me he encontrado con una novela de enorme calado y profundamente poética, cuya lectura desarma por completo al lector con una autenticidad y una sinceridad que bien poco tienen que ver con lo autobiográfico.

Igual que el Marqués de Bradomín viajó a través de sus edades y amoríos en las nunca lo suficientemente alabadas Sonatas de Valle-Inclán, el protagonista de esta novela, Jaime Fanjul, lleva a cabo un periplo vital alrededor del mundo y a través de las décadas de lo que fue su siglo XX. Sin ningún tipo de realismo, ni del mágico ni del otro, porque lo que aquí cuenta no son los sucesos sino las experiencias personales del protagonista, sus vivencias de las ciudades, los paisajes y las personas (y algún que otro fantasma) que va encontrado en su camino a lo largo de los años. La vida sólo se puede contar de manera subjetiva y la auténtica realidad de lo vivido está en el corazón y en los recuerdos, no en la hemeroteca. Fanjul es el tipo de persona que ve el mar donde otros sólo ven encinas y que supo reconocer la arena recurrente de las dunas antes de que llegaran los eruditos con sus mediciones. Y con la misma lucidez con la que ve el mundo es capaz de verse a sí mismo en el paso del tiempo: sus fortalezas, sus carencias, sus debilidades. Y de sacudirse su pena a golpes o a carcajadas.

Anhelar es casi siempre añorar, pasa cuando asoman los cincuenta. Decidí no alimentar mi levedad y aceptar, como todos, la verdad del tiempo. Que es la de la vida. (pg. 170)

Jaime Fanjul es el tipo de personaje que llega a la vida del lector para quedarse en ella el resto de sus días. Y hemos tenido la gran fortuna de que haya sido Rodrigo Cortés quien lo haya rescatado del limbo literario, dándole carta blanca en su novela para vivir su vida a su manera y sabiendo reseñar sus peripecias con acotaciones certeras y reflexiones imprevisibles donde los juicios de valor siempre brillan por su ausencia. Ojalá los directores y productores de cine y televisión, empezando por el propio autor, sean capaces de mantenerse lo más alejados posible de este libro, cuyo salto a la pequeña o gran pantalla debe evitarse a toda costa por su bien y el nuestro. Y, puestos a desear, ojalá Víctor Reyes compusiera una banda sonora para estos años extraordinarios, porque sin su música ninguna historia que nos traiga Rodrigo Cortés estará completa del todo.



2 comentarios:

rafixrrc@gmail.com dijo...

Pero chica, qué maravilla de reseña, mi enhorabuena como lector y humilde escritor de relatos cortos.

Carmen Neke dijo...

¡Gracias! Cuando una lectura te remueve tantas cosas por dentro, no queda más remedio que ir gritándolo por las esquinas. Aunque sean las esquinas virtuales.
Mucha suerte con la lectura y la escritura, que son dos de las mejores actividades que hay en la vida.