viernes, 23 de julio de 2021

El fotógrafo de Mauthausen / Monet – Salva Rubio

 

Se ha repetido ya hasta la saciedad que hay que separar la obra de su autor, pero se habla mucho menos de cómo determinados autores nos hacen llegar a su obra a través de su persona. Así fue que una conversación con Salva Rubio en uno de mis podcasts favoritos me convenció de que era un autor cuya obra podía merecer la pena ser descubierta, no tanto por lo que dijeron sobre sus creaciones como por lo que el propio autor fue diciendo sobre todo tipo de cosas. Aunque reconozco que me costó dar el paso definitivo, porque el cómic es un género con el que tengo muy poca afinidad y el tema del campo de concentración de Mauthausen requiere días soleados y buena presencia de ánimo para poder enfrentarse a él.

Salva Rubio declaró en esta entrevista que lo que busca como guionista son buenas historias que contar. Pero una buena historia no basta para crear una buena obra, lo realmente fundamental es saber cómo contarla. Y El fotógrafo de Mauthausen es sin duda ejemplar en este sentido. El enfoque y la construcción son enormemente cinematográficos, los espacios en blanco entre las viñetas se van rellenando en la cabeza del lector con secuencias, voces y sonidos que acaban formando la película que esta obra bien podía haber sido, aunque paradójicamente la película que sí existe parece no tener nada que ver con esta obra. Y no sé si en pantalla esta historia tiene la misma fuerza que le confiere la configuración visual del cómic, porque su verdadero poder es que aquí menos es más: la tragedia individual de un hombre sirve para recuperar la memoria del sufrimiento de los miles de olvidados en los registros históricos por carecer de relevancia en el recuento total de atrocidades, pero que hay que reivindicar porque cada historia personal es relevante y merece la pena ser recordada.

Después de este emotivo e intenso paseo por una de las páginas más oscuras de la historia del siglo XX, se hacía muy necesario darse un baño de belleza, de luz y de color, y nada mejor para ello que meterse de lleno en el álbum Monet. Una vez más, la historia es tanto más apasionante por cómo se cuenta, por ese enfoque desde el personaje protagonista que nos hace testigos de su mundo y sus vivencias a través de sus propias obsesiones. Pero esta obra cuenta además con el arma demoledora que es el dibujante Ricard Efa, lo que hace con los colores y los dibujos en las viñetas es absolutamente sobrenatural. Y así, la historia poderosísima y profundamente humana del inconformismo vital de un artista se combina aquí con unas viñetas que introducen al lector en la cabeza del protagonista, haciéndole experimentar de primera mano la obsesión por la luz que Monet pasó toda su vida intentando plasmar en unos cuadros homenajeados en estas páginas de manera sencillamente magistral.

Si El fotógrafo de Mauthausen podría haber sido perfectamente una película, Monet no se puede concebir en un formato diferente al del cómic. Es una obra que entra por los ojos para irse directamente al corazón, es mejor que el lector no descarte la posibilidad de acabar llorando a lágrima viva en las dos últimas páginas donde realmente no pasa absolutamente nada.

Aquí dejo el enlace a la charla con la que empezó todo, donde apenas hablan sobre los dos títulos que me he leído pero comentan en detalle otras dos obras que no descarto traer por aquí en el futuro:

Conversación con Salva Rubio 6x05 CDS RadioShow


domingo, 11 de julio de 2021

Alta fidelidad – Nick Hornby

 

Estamos en el norte de Londres a principios de los noventa y Rob, el protagonista, nos cuenta en primera persona su triste historia: está a punto de cumplir 36 años, es el propietario de una pequeña tienda de discos muy poco rentable, y su novia Laura lo acaba de abandonar por la absoluta incapacidad de él para mantener una relación seria. Partiendo de esta premisa, el libro hace el retrato despiadado de una generación que creyó encontrar en los libros, la música y el cine la forma de vivir una vida más intensa, más plena y menos burguesa que la de sus padres, convencidos de que mantenerse joven significaba mantenerse a la mayor distancia posible del compromiso y las responsabilidades. Pero a partir de una cierta edad las soluciones adolescentes dejan de funcionar y se abren dos opciones: seguir recurriendo al postureo y la impostura como modo de supervivencia, o aceptar que las creaciones artísticas no son un modelo vital a seguir, por mucho que tengan el poder de consolarnos de los aspectos más crudos y prosaicos de una existencia que no admite vuelta de hoja.

En las canciones de Bruce Springsteen tienes dos opciones: quedarte en casa y pudrirte, o escapar y arder. Es normal, al fin y al cabo es un cantautor y en sus canciones necesita opciones simples como estas. Pero nadie escribe nunca sobre cómo es posible escapar y pudrirte – cómo los escapes pueden acabar en un gatillazo, cómo puedes huir de los suburbios cutres de una ciudad pero terminar igualmente viviendo una vida cutre. Esto es lo que me pasó a mí; esto es lo que le pasa a la mayoría de la gente.

Por razones autobiográficas que no vienen a cuento, este libro me resultó una lectura enormemente relevante y clarificadora en el momento de su publicación. Y a día de hoy no puedo dejar de agradecerle al autor que supiera explicar sin tapujos, con tanto humor y tanta sinceridad descarnada, la estupidez en sus versiones masculina y femenina de la generación que me tocó vivir. Y es que Nick Hornby tiene un talento privilegiado para el retrato incisivo y perfectamente reconocible de los tipos humanos que aparecen en sus historias, además de ser uno de los escritores más talentosos de su generación: sus novelas saben formular la trascendencia de lo cotidiano en frases y párrafos tan certeros que dan ganas de arrancar las páginas del libro e ir enmarcándolas por toda la casa.

Bruce Springsteen siempre hace esto en sus canciones. Puede que no siempre, pero lo ha hecho a menudo. ¿Sabes esa que se llama «Bobby Jean», de Born in the USA? Él llama por teléfono a una chica pero resulta que se fue de la ciudad hace años, y le jode un montón no haberlo sabido antes, porque le habría gustado despedirse de ella, decirle que la echaba de menos y desearle buena suerte. Y entonces entra uno de esos solos de saxo que te ponen la piel de gallina, si te gustan los solos de saxo y Bruce Springsteen. Pues bien, me gustaría que mi vida fuera como una canción de Bruce Springsteen. Al menos una vez. Ya sé que no he nacido para correr; ya sé que Seven Sisters Road no es Thunder Road ni de lejos, pero los sentimientos no pueden ser tan distintos, ¿o sí? Me gustaría llamar por teléfono a todas esas personas y desearles buena suerte, y decirles adiós y entonces ellos se sentirían bien y yo me sentiría bien. Todos nos sentiríamos bien. Eso sería estupendo. 

lunes, 5 de julio de 2021

Proyecto Nocilla – Agustín Fernández Mallo

 

Ya en el viaje desde Londres había venido tarareando «Cemetry Gates», «Es un día inquietante y soleado, así que quedamos en la puerta del cementerio, Keats y Yeats están de tu lado, pero Wilde lo está del mío», aquella canción de The Smiths que creía ya tener olvidada. (pg. 137)

Afterpop, posmodernismo, deconstrucción, incluso epifanía mallarmeleana del lenguaje absoluto: los términos utilizados por la crítica especializada para definir a estos tres libros publicados entre 2006 y 2009 parecen incitar más a su análisis y disección que invitar a su lectura. Pero los buenos libros no se escriben para revolucionar el panorama narrativo nacional, se escriben para abrir un canal de comunicación con el lector y transmitirle algo, lo que sea que el autor tiene dentro y necesita sacarse de alguna manera. Por suerte, y a diferencia de todos los epítetos rompedores que le dedicaron en el momento de su publicación, esta obra ha sobrevivido estupendamente el paso del tiempo. Quince años después todavía es posible abrir las páginas de estos libros y embarcarse en el viaje alucinado y alucinante que proponen a través de los textos, la geografía y el tiempo.

No existe espacio si no existe luz. No es posible pensar el mundo sin pensar la luz [lo dijo Heráclito, lo dijo Einstein, lo dijo el Equipo-A en el capítulo 237, lo dijeron tantos]. Y sin embargo dentro de cada cuerpo todo es oscuridad, zonas del Universo a las que la luz jamás tocará, y si lo hace es porque está enfermo o descompuesto. Asusta pensar que existes porque existe en ti esa muerte, esa noche para siempre. Asusta pensar que un PC está más vivo que tú, que adentro es todo luz. (pg. 152)

En los tres libros de este Proyecto encontramos textos de todo tipo: narraciones, anécdotas, entrevistas, extractos de prensa y de trabajos científicos, descripciones poéticas, reflexiones filosóficas, algunas canciones y hasta un cómic al final. En uno de esos textos se habla del efecto Kuleshow en el montaje cinematográfico, es decir la alteración de la expresión según el contexto creado por la yuxtaposición de imágenes. Algo así era quizás lo que quería lograr el autor con la mezcla en orden aparentemente aleatorio de fragmentos narrativos y no literarios, como ya hiciera unas décadas atrás Julio Cortázar en Rayuela. Pero mientras Cortázar buscaba sobre todo nuevas formas de expresión narrativa para escapar de las limitaciones de la novela tradicional,  Agustín Fernández Mallo revela con su forma de narrar su forma particular de mirar el mundo, que un crítico especializado sin duda calificaría de poliédrica. El autor se enfrenta a su entorno con los ojos de un científico pero con la capacidad de codificación artística de un poeta. Y sabe plasmar el resultado de esta doble confrontación en un lenguaje literario profundo y efectivo, sin más artificios que una estructura sintáctica y textual implacable, que reduce la forma a su mínima expresión y deja al lector en completa libertad de sacar las conclusiones que tenga a bien hallar en la lectura.

Pensé entonces que el azar es fantástico y que, quizá, vivir ya de por sí sea un exceso (…)
y es a ese tipo de casualidades a las que me vengo refiriendo, casualidades que, como las paradojas y la entropía, tejen vida.
(pg. 417-418)

Y vaya si es fantástico el azar: este libro me llegó las pasadas navidades por mediación de un amigo invisible, con el mensaje: «No sé explicarte por qué, ni qué es… pero este libro tiene algo que a mí me fascinó. Se ha convertido en uno de mis libros favoritos… Esto es cuestión de gustos, pero me la juego». Y acertó de pleno.

jueves, 1 de julio de 2021

El otro lado – Abel Rincón Escudero

 

La atracción que ejerce una librería sobre un escritor es indescriptible, quizás inexplicable. Es sentir que vuelve a casa, que regresa al lugar al que pertenece. Cada libro representa un sueño; el sueño de un escritor de comunicarse, de expresarse a través de la palabra. (pg. 312)

Quienes consumimos cantidades industriales de letra impresa sin albergar deseo alguno de creación propia deberíamos tener muy presente la enorme inversión de tiempo, ilusión y energía que supone cada uno de los volúmenes que abrimos. Por desgracia, también se publican con gran revuelo mediático demasiados libros que no valen ni el papel en el que están impresos. Pero es igualmente cierto que hay muchas publicaciones anónimas que no tienen la suerte de contar con un apadrinamiento de relumbrón y que merecen mucho la pena ser leídas.

La historia de cómo llegó a mis manos un ejemplar dedicado de El otro lado del simpático autor jerezano Abel Rincón Escudero sería larga de contar. El caso es que por circunstancias de la vida me vi leyendo un libro que en otro plano de realidad habría pasado completamente por alto; y así fue que empecé con la historia de Roberto Blake, escritor que intenta dar forma a su segunda novela y se va obsesionando con la ventana que ve desde su mesa de trabajo. Lo que sigue te sorprenderá o no, porque el autor va dejando suficientes pistas para adivinar por dónde van los tiros sin llegar a revelar nada hasta el final; lo que sí hará es dejarte con el corazón encogido y el alma en vilo, haciéndote descender hasta el infierno que sufre el protagonista para que puedas vivirlo en tus propias carnes. No es un libro efectista ni melodramático, la autenticidad descarnada  del relato se basta por sí sola para tener efectos devastadores en quien se acerca a sus páginas.

Podría decir muchas cosas muy buenas sobre la construcción de la trama y el punto de vista narrativo de esta obra, pero eso supondría destripar el argumento que con tanto cuidado y esmero ha ido tejiendo el autor. Este no es un libro fácil de leer ni creo que sea para todos los públicos, pero es la obra de alguien que tenía una buena historia que contar y ha conseguido crear un canal de comunicación muy personal para hacérsela llegar al lector. Sin ser una obra maestra, es un libro que yo salvaría de la hoguera sin dudarlo mientras dejaría arder muchos otros sin el menor remordimiento.


lunes, 28 de junio de 2021

Wreathed in Dreams – Jack & Paul Davis

Este debe de ser el libro menos convencional que he traído al blog hasta la fecha. Los hermanos Jack Davis y Paul Davis, que juntos formaban la banda de rock progresivo Vienna Circle, sacaron este libro en 2013 como complemento o suplemento al disco Silhouette Moon que habían terminado de grabar el año anterior. Aunque ambos hacen de todo, y lo hacen casi todo ellos dos solos, Jack es principalmente el hombre de letras que se ocupa de la gran mayoría de los textos del libro y de las letras de las canciones; mientras que Paul es el compositor musical que también canta (a su pesar, según dice) y elabora las ilustraciones que acompañan a las canciones.

Un libro que no llega a las 100 páginas sobre cómo se compuso y se grabó un disco, recogiendo las letras de las canciones y algunos dibujos inspirados en ellas: cabe preguntarse si una obra así merece una entrada en el blog, pero la respuesta clara y rotunda es que sí. Porque Jack y Paul son dos artistas con mayúsculas, unos chavales por aquel entonces que empezaron a componer y grabar canciones desde casa durante los ratos libres que podían encontrar fuera de sus ocupaciones diarias. Porque aunque en el libro queda bien claro que la música es lo que les hace vivir y respirar, también necesitan otros trabajos porque la genialidad no les da para ganarse la vida.

Al leer en este libro la manera absolutamente orgánica y artesanal en la que este disco fue concebido y grabado y escuchando luego la enorme obra maestra que es, es imposible desprenderse de la absurda sensación de que algo está al mismo tiempo muy bien y muy mal en este mundo. Que gente con un talento tan inmenso como estos chavales no vea reconocidos sus esfuerzos y a día de hoy tenga que seguir grabando en solitario desde casa (en el caso de Paul, porque Jack parece haber tirado la toalla) da la medida del erial en el que se ha convertido la industria musical en el siglo XXI. Pero que haya gente todavía capaz de dejarse la vida en un proyecto musical propio porque sabe que su trabajo realmente vale la pena y que hay gente ahí fuera que lo va a recibir con todo el amor y respeto debidos, también hace ver que aún quedan artistas merecedores de ese nombre por mucho que el mundo se empeñe en prescindir de sus servicios.

Este libro podría ser una de mis lecturas más relevantes de este año, de lo que no cabe duda es de que Silhouette Moon es un disco que se le queda grabado a fuego a quien lo escuche. Búsquenlo en cualquier plataforma musical y escúchenlo de principio a fin: esto es música hecha con el corazón y con el alma por unos muchachos que en un momento de sus vidas decidieron que meterse a grabar el disco que necesitaban sacarse de dentro era la mayor prioridad de sus vidas. Y yo, ocho años después, no puedo hacer más que agradecérselo.




viernes, 11 de junio de 2021

Los años extraordinarios – Rodrigo Cortés

 

La poesía y el humor son dos formas de codificar y descodificar la realidad que raramente aparecen juntas de manera equilibrada en una misma creación. Pero cuando esto sucede, como en los mejores escritos de Oscar Wilde, las mejores canciones de Javier Krahe o ahora en Los años extraordinarios de Rodrigo Cortés, la obra en cuestión tiene el poder de alcanzar de lleno a quien se enfrente a ella en lugares a los que pocas creaciones son capaces de llegar. A partir de cierta edad en la vida, cuando los libros te sorprenden suele ser para mal. Este libro sin embargo ha resultado ser excepcional también en ese sentido: me esperaba una obra divertida e ingeniosa, con una trama esquelética como excusa donde ir colgando frases bien acuñadas. Y me he encontrado con una novela de enorme calado y profundamente poética, cuya lectura desarma por completo al lector con una autenticidad y una sinceridad que bien poco tienen que ver con lo autobiográfico.

Igual que el Marqués de Bradomín viajó a través de sus edades y amoríos en las nunca lo suficientemente alabadas Sonatas de Valle-Inclán, el protagonista de esta novela, Jaime Fanjul, lleva a cabo un periplo vital alrededor del mundo y a través de las décadas de lo que fue su siglo XX. Sin ningún tipo de realismo, ni del mágico ni del otro, porque lo que aquí cuenta no son los sucesos sino las experiencias personales del protagonista, sus vivencias de las ciudades, los paisajes y las personas (y algún que otro fantasma) que va encontrado en su camino a lo largo de los años. La vida sólo se puede contar de manera subjetiva y la auténtica realidad de lo vivido está en el corazón y en los recuerdos, no en la hemeroteca. Fanjul es el tipo de persona que ve el mar donde otros sólo ven encinas y que supo reconocer la arena recurrente de las dunas antes de que llegaran los eruditos con sus mediciones. Y con la misma lucidez con la que ve el mundo es capaz de verse a sí mismo en el paso del tiempo: sus fortalezas, sus carencias, sus debilidades. Y de sacudirse su pena a golpes o a carcajadas.

Anhelar es casi siempre añorar, pasa cuando asoman los cincuenta. Decidí no alimentar mi levedad y aceptar, como todos, la verdad del tiempo. Que es la de la vida. (pg. 170)

Jaime Fanjul es el tipo de personaje que llega a la vida del lector para quedarse en ella el resto de sus días. Y hemos tenido la gran fortuna de que haya sido Rodrigo Cortés quien lo haya rescatado del limbo literario, dándole carta blanca en su novela para vivir su vida a su manera y sabiendo reseñar sus peripecias con acotaciones certeras y reflexiones imprevisibles donde los juicios de valor siempre brillan por su ausencia. Ojalá los directores y productores de cine y televisión, empezando por el propio autor, sean capaces de mantenerse lo más alejados posible de este libro, cuyo salto a la pequeña o gran pantalla debe evitarse a toda costa por su bien y el nuestro. Y, puestos a desear, ojalá Víctor Reyes compusiera una banda sonora para estos años extraordinarios, porque sin su música ninguna historia que nos traiga Rodrigo Cortés estará completa del todo.



domingo, 6 de junio de 2021

La última noche en Twisted River – John Irving

 

Hay ciertos libros tan reconfortantes que se puede volver a ellos como quien regresa a casa, y este es uno de esos libros. Su lectura en 2010 me supuso la reconciliación con la literatura de John Irving, tras la decepción de sus títulos anteriores no solamente recuperé al gran autor que ya creía perdido para siempre, me encontré además con un gran autor que había sabido crecer y madurar asumiendo su idiosincrasia creativa como nunca antes.

La última noche en Twisted River contiene todos los elementos argumentales extremos y grotescos que tanto caracterizan las novelas de John Irving y que resultan caricaturescos en sus peores momentos. Este libro sin embargo no solamente narra el accidentado proceso de aprendizaje vital del futuro escritor Danny Angel, sino que lleva añadida una dimensión metaliteraria bastante particular. En un principio la novela parece ser una típica historia más de Irving, con las estrafalarias vivencias de un muchacho en un ambiente hostil, arropado por seres excéntricos y poco modélicos de quienes va a recibir enormes dosis de amor aunque no siempre las mejores enseñanzas vitales. Pero al avanzar la narración el joven Danny se va convirtiendo en escritor y vamos a presenciar en directo el proceso creativo de sus novelas, con las reflexiones del autor protagonista que van configurando el libro de estilo que John Irving nunca escribió pero que aquí nos regala en forma de guiños y referencias a su obra anterior y a sus peripecias como autor. Finalmente Danny Angel acabará volviendo a retomar su nombre original de Daniel Baciagalupo, porque a veces hace falta toda una vida para saber regresar  a la casilla de salida. No necesariamente para empezar de nuevo, sino para intentar empezar mejor que la última vez.

Oh, God -here I go again- I’m starting! the writer thought.

He’d lost so much that was dear to him, but Danny knew how stories were marvels -how they simply couldn’t be stopped. He felt that the great adventure of his life was just beginning -as his father must have felt, in the throes and dire circumstances of his last night in Twisted River.

Este libro es la obra de un autor maduro que se replantea toda su vida creativa en una novela que le sirve para cerrar el círculo y volver a empezar con plena conciencia y aceptación de sus capacidades y limitaciones. Desde entonces ha publicado ya dos novelas más, Personas como yo y Avenida de los misterios, y hay una tercera en progreso. Novelas maduras de un autor que se ha reconciliado consigo mismo y ya no siente la necesidad de demostrarle nada a nadie, sólo de comunicarse a su manera y de tú a tú con el público lector que lleva años a su lado y con los nuevos que quieran unirse al viaje.