lunes, 23 de mayo de 2022

La buena suerte – Rosa Montero

 

Como pasa con tantos otros libros, lo mejor es empezar a leer este sin saber demasiado sobre su argumento más allá de su premisa inicial: un hombre de éxito decide de repente dejarlo todo y quedarse en un pueblo perdido en el que casualmente ha parado el tren en el que viajaba. Los cómos y los por qués ya se irán revelando al ritmo que la narración lo exija, aunque muchas reseñas insisten en ofrecer un desmenuce tan detallado de todas las peripecias argumentales que parecen querer acabar con la necesidad de hacer una lectura propia de la obra. Mientras que en realidad cada lectura debería ser un salto de fe en la propuesta narrativa que nos brinda el autor, una fe que en el caso de Rosa Montero viene avalada por varias décadas ya de buenas lecturas que hacen que cada nueva propuesta de la autora sea apetecible de antemano.

Lo que nos brinda en esta obra es una reflexión dura y serena sobre el horror servida en una narración muy hermosa y entrañable. Se trata de historias profundamente humanas, ficticias en sí mismas pero ancladas en una realidad por desgracia muy verídica, donde lo bueno y lo malo no habitan universos paralelos porque la vida de cualquiera puede encerrar el horror más absoluto o este le puede salir al paso de manera siempre inesperada. Estas historias no son denuncia ni reivindicación de nada que no sea la propia vida en sí misma, el derecho y la obligación que tiene el ser humano de aceptar la felicidad y el amor que aparezcan en su camino. Y la necesidad de saber reconocerlo a tiempo y sin miedo, aunque los monstruos existan y estén ahí entre nosotros. Pero, como se afirma al final de la novela, la alegría es un hábito y no conviene desprenderse de él.

Hubo un tiempo que ya casi no recuerda, en su juventud, en el que creyó que el futuro era un tesoro por descubrir, una aventura magnífica. Como le sucede a todo el mundo, vaya: todos fuimos alguna vez un adolescente lleno de sueños y de ganas. […] Qué injusto que los humanos estemos tan llenos de grandiosos afanes y que luego la realidad sea tan chiquita.

Por lo menos, piensa, he sido buena gente: eso consuela. Por lo menos cuidé de mi padre. Por lo menos he leído bastante, he intentado instruirme y tener cierta cultura. Por lo menos amé mucho y aún amo.

Este libro puede no ser del gusto de todos. A unos les parecerá demasiado, otros encontrarán que se queda corto. Que generaliza o que da demasiados detalles. Que es muy oscuro o justamente exagera con su luminosidad. Pero para mí ha sido una lectura perfecta, con todo en su punto y en su justa medida, de la mano de una narradora que ya no necesita demostrar que es una de las mejores plumas de nuestras letras contemporáneas pero que sin embargo lo sigue haciendo.

martes, 17 de mayo de 2022

Jolgorio – Brecht Evens

 

Ni siquiera el propio autor sabe muy bien cómo denominar esta obra, porque cualquier etiqueta al uso se va a dejar fuera algún aspecto fundamental de este volumen tan indefinible. Hasta el mismo título tiene la tendencia de cambiar esencialmente de un idioma a otro: Les rigoles en francés, Het amusement en neerlandés, Jolgorio en español y The city of Belgium en inglés. Así que digamos que es la crónica ilustrada de una noche de juerga en una gran ciudad, aunque de estos jolgorios y diversiones tan anunciados en los diferentes títulos poco vamos a encontrar. Los tres personajes principales que vamos siguiendo en su viaje al fondo de la noche (uno de ellos basado en el propio autor y su trastorno maníaco depresivo, los otros dos inspirados en conocidos suyos) están demasiado ocupados luchando contra sus propios demonios personales para poder disfrutar mucho de lo que les ofrecen las personas y los lugares que les rodean. La noche se dibuja con formas y colores psicodélicos y proporciones babilónicas pero está llena de amabilidad y buen rollo. Los peores peligros con los que se van a encontrar los personajes son los que arrastran consigo y de los que intentan librarse en vano.


Decir que una lectura es un viaje se ha convertido en un cliché como la copa de un pino, pero esta obra asume literalmente la forma de un viaje físico y mental en el que la realidad, las alucinaciones, las historias, las fantasías y los miedos van a ocupar el mismo plano y cada vez va a ser más difícil diferenciarlos. Como en los cuadros de El Bosco o de Pieter Brueghel, en After Hours de Scorsese o Playtime de Tati, en el Ulises de Joyce o en la música de Father John Misty (el autor es un artista cultureta que asume su rol sin complejos) lo cotidiano tiende a salirse de madre y convertirse en momentos lisérgicos que acaban explotando como pompas de jabón y devuelven a los protagonistas a una realidad que sienten entonces aún más inhóspita y extraña que lo vivido en su imaginación.

La obra es absolutamente inmersiva y Brecht Evens no escatima medios para obligar al lector a tomar parte en esta experiencia y unirse a esas aglomeraciones de masas con rostros inquietantes que tanto recuerdan a las pinturas de enmascarados de James Ensor y entre las que los protagonistas se mueven con total soltura: es su mundo, su hábitat natural es la noche y su carácter los lleva a vivirla hasta el fondo aunque su mente no sea capaz de soportarlo. El alcohol, las drogas, la medicación están muy presentes, sus efectos devastadores también, y conforme avanzan las horas todo se vuelve más extraño e intenso al mismo tiempo, hasta que se acaba la noche y con ella el relato de este viaje a ninguna parte del que nadie va a salir indemne.

El autor ha declarado que su estilo en realidad es un monstruo de Frankenstein que une influencias bastante dispares en un intento de dar con un lenguaje propio. Porque, añade, sus profesores le enseñaron mucho sobre dibujar pero nada sobre el arte de la narración secuencial, de manera que tuvo que ir aprendiendo por su cuenta cómo dibujar cómic saliéndose de las viñetas y los balones de texto, que para él encarcelan a las imágenes y las hacen parecerse demasiado a las películas. Su intención es hacer algo completamente diferente consiguiendo que las imágenes y los textos formen una unidad que fluya a través de las páginas. Y no cabe duda de que lo ha conseguido.

lunes, 9 de mayo de 2022

Escape – Enrique Rubio

 

Si el «escribo como hablo» es una doctrina que cuenta con infinidad de adeptos, en esta novela el siempre impredecible Enrique Rubio lo transforma en un «escribo como pienso» radical que nos va a meter de lleno en la cabeza de un personaje donde en ocasiones ni él mismo quisiera estar. El protagonista sin nombre abre su narración saliendo a la calle por primera vez el día que cumple 18 años, después de que sus padres lo hayan tenido encerrado en casa desde su nacimiento para que toda su vida transcurriera sin influencias nocivas del exterior, aprendiendo solamente de los libros porque en ellos está todo. La idea de los padres era que a partir de sus 18 años pudiera moverse en sociedad como un individuo pleno, cultivado y feliz. Como era de esperar, sale mal.

¿Quién soy? ¿Soy solo un conjunto de genes respondiendo a la educación de Padres? ¿Soy algo más? No sé qué ideas son mías y cuáles no. Desconfío de mis rasgos de conducta, de mis movimientos, de mis tics nerviosos. ¿Hay algo realmente original en mí o todo el contenido de mi cabeza son pensamientos y citas de otros? Quizá esta pregunta no sea mía. Quizá ellos me la hayan implantado. (pg. 22)

Las novelas de crítica social enfocadas en la huida de los patrones establecidos suelen basarse en dos posibles situaciones: el ser social que huye a la naturaleza para encontrar refugio en la pureza intacta de lo primitivo, o el ser primitivo que contempla la sociedad con sus ojos puros libres de condicionamientos sociales. Pero Enrique Rubio aquí nos presenta una tercera vía: el ser cultivado en aislamiento que ha leído todos los libros y ha sido educado en los pensamientos más elevados producidos por el hombre a lo largo de los siglos, que cuando por fin se enfrenta a la realidad sufre un verdadero shock al comprobar la distancia insalvable que hay entre esa cultura que sus padres le han inculcado como la única verdad posible y el mundo cotidiano, en el que todos los valores supuestamente sagrados son ignorados alegremente hasta por quienes se proclaman sus mayores defensores.

Nuestro protagonista es un ser que posee la cultura enciclopédica de sus muchas lecturas y la mentalidad literal de un ser altamente inteligente con espectro autista. Esta combinación va a ir dictando todas las decisiones que tome desde el momento en el que por primera vez pone los pies en la calle. Y esto, con un determinismo de una lógica implacable pero loquísimo a los ojos de cualquier persona común, le va a llevar de manera inexorable por el camino que se nos relata en la novela con enormes dosis de ironía y sarcasmo pero sin intentar hacer humor o parodia en ningún momento, porque el tono narrativo de la novela es tan único y especial como su protagonista y está en perfecta consonancia con su idiosincrasia tan particular.

Padres me aplicaron una dictadura para ser libre y yo libremente elegí la dictadura. El encierro es mi única salida. (pg. 215)

Leer a Enrique Rubio es un gusto adquirido. Sus novelas no se lo ponen fácil al lector a pesar de lo entretenidísimas y fáciles de leer que son: quien se enfrente a sus libros tiene que dejarse llevar por su propuesta sin preguntarse en ningún momento si le están tomando el pelo, si el autor es un genio o un cretino, o si realmente no debería estar escandalizándose por tanto despropósito reunido en unas páginas. Una vez superado el shock inicial, la propuesta narrativa de este autor se revela como una de las más auténticas, originales, subversivas y profundas que me he encontrado en mi larga carrera como lectora. Cada nueva publicación de una obra suya es para mí una fiesta, porque me puedo imaginar perfectamente que la mayoría de los editores reaccionarán ante sus manuscritos como el crítico cuya carta se transcribe en la página 207 de la novela y que tiene toda la pinta de estar inspirada en hechos reales:

Su relato es un fraude posmoderno de un esnobismo recalcitrante que se reduce a un compendio de detalles y datos totalmente prescindibles que no aportan nada a la trama. No tiene usted el más mínimo sentido del buen gusto literario. Es egocéntrico, es pretencioso, es un completo inmaduro, es emocionalmente plano y es espiritualmente paupérrimo.

domingo, 1 de mayo de 2022

Elisabeth y su jardín alemán – Elisabeth von Arnim

 

That is the worst of being fed enough and clothed enough and warmed enough and of having everything you can reasonably desire – on the least provocation you are made uncomfortable and unhappy by such abstract discomforts as being shut out from a nearer approach to your neighbour’s soul; which is on the face of it foolish, the probability being that he hasn’t got one.

Jean-Paul Sartre necesitó escribir todo un drama teatral para acabar concluyendo que el infierno son los otros. Unas cuantas décadas antes, en 1898, Elisabeth von Arnim ya había llegado a la misma conclusión en su jardín alemán perdido cerca del Báltico, adonde fue a refugiarse de un exceso de compañía por parte de la sociedad, su marido y sus hijos nacidos en tres años consecutivos. Pero en lugar de hacer un drama de su vida, decidió refugiarse en la belleza de los libros y la naturaleza, el disfrute de los escasos periodos de soledad y silencio que le permitían las normas de la época, y en la ironía de unos escritos con un subtexto que no ha perdido nada de relevancia en el casi siglo y cuarto que ha transcurrido desde que fueron formulados.

Elisabeth se siente muy afortunada por haber descubierto un lugar que la hace completamente feliz y en el que puede vivir su vida a su manera. Como mujer casada de clase alta son el dinero y las propiedades de su marido lo que le permiten llevar este estilo de vida, como mujer casada de clase alta también está sometida a todo un conjunto de estrictas reglas sociales que le coartan casi cualquier tipo de libertad. Ambos aspectos vitales aparecen bien documentados en la obra, está claro que Elisabeth tenía capacidades de sobra para ser mucho más que una señora ociosa y excéntrica que se ocupa de un jardín remoto sin preocuparse demasiado de las cuestiones domésticas y sociales propias de su condición. Pero la gran enseñanza de este libro, que no pretende dar ninguna, es que la felicidad y la libertad son conceptos muy elásticos y personales tanto en el siglo XIX como en nuestros días. Se puede ser perfectamente feliz fuera del grupo, sin encajar, con amigos distantes, invisibles o ya fallecidos como esta Elisabeth literaria a la que me apresuro a añadir a la lista de mis BFF. Simplemente aceptando quién eres ya serás capaz de darle forma a tu propia película y a tu propia música.

jueves, 28 de abril de 2022

Parker – Darwyn Cooke

 

No hay manera humana de explicar lo que hace Darwyn Cooke en su adaptación al cómic de las historias criminales de Parker noveladas por Richard Stark, porque lo que hace con ellas no es de este mundo. Cooke no se limita a dibujar unas historias que en sí mismas son bastante poco memorables para mi gusto, en esta obra le inventa a la historia un lenguaje propio hecho a medida y compuesto de líneas negras casi abstractas con un único color diferente en cada tomo, con el que va a crear un ambiente absolutamente icónico, único y al mismo tiempo reconocible, de sabor retro y conscientemente artificial y ficticio.


Estos dibujos dan forma y vida al mundo de la ficción pulp del que se nutren estas narraciones, huyendo de cualquier realismo y configurando un universo propio y muy consistente a lo largo de los cuatro volúmenes que llegó a publicar antes de que su muerte prematura en 2016 nos privara de la prevista continuación de una serie irrepetible. Y una vez creado este universo propio, Cooke se deja ir por completo y hace uso de todos los recursos que tiene a su alcance para construir la historia: con secuencias de páginas enteras sin palabras (ni falta que les hace), partes de narración extensa tomada de los libros a las que dota de unas ilustraciones más relacionadas con el ambiente que se quiere evocar que con el contenido, tiras cómicas heredadas de los periódicos y los tebeos junto a composiciones de una o dos páginas que son verdaderas obras maestras en las que detenerse un buen rato. Y todo, absolutamente todo, siempre al servicio de la narración en curso.


Dudo que haya obras que muestren mejor que esta todas las maneras posibles en las que el dibujo deja de ser ilustración y se convierte en un elemento narrativo de primer orden, con una semántica propia y sirviéndose del texto al mismo tiempo como apoyo y motor de la historia. Parker es una serie de cómics narrativos cuyos dibujos se leen como una novela, quien entienda el arte como comunicación y experimentación en cualquiera de sus formas va a encontrar en estos tomos algo realmente admirable.



lunes, 25 de abril de 2022

Lejos – Rosa Ribas

 

El sentimiento de clan que se crea dentro del grupo más heterogéneo ante la idea de una amenaza externa, que le lleva a cerrar filas reforzando la imagen de comunidad entre ellos, es un clásico tanto en la vida como en la ficción. No hay nada que refuerce más la identidad de un colectivo que el contraste por oposición con aquellos que se quedan excluidos del perímetro que lo delimita.

En estos tiempos convulsos de nacionalismos, migraciones masivas y guerras cada vez más cercanas cabría imaginar que este planteamiento desembocaría en terrenos sociales y políticos bastante pantanosos. Pero Rosa Ribas, con esa combinación de original elegancia y valentía discreta que caracteriza de forma tan personal sus obras, decide llevarnos a una localización bastante inesperada para una novela de estas características: una urbanización de lujo a medio terminar en un lugar indeterminado en el centro de España, tan anodino que no tiene ni nombre. La especulación inmobiliaria obligó a los propietarios a endeudarse para conseguir la casa de sus sueños en un lugar aislado, que prometía que llegaría a ser paradisíaco pero que estalló con la burbuja de la construcción dejando el proyecto a medio terminar y a los propietarios como náufragos dentro de sus viviendas.

En este escenario nos encontramos a ella, habitante de uno de las últimas viviendas antes de la tierra de nadie de los bloques a medio construir, y a él, que buscará refugio de sus perseguidores en uno de esos bloques. Lo que sigue podría haber sido una novela de denuncia social o una sátira costumbrista, pero las novelas de Rosa Ribas tienen la estupenda costumbre de no cumplir las expectativas temáticas al uso y esta no es una excepción. Con sutileza, con contundencia y con una enorme economía de medios la autora nos ofrece una narración donde todo está en su sitio y reducido a su mínima expresión. Lo mejor es empezar esta lectura sabiendo lo menos posible del desarrollo sólido e insidioso de una historia que funciona como un mecanismo perfecto, donde la autora observa y describe sin comentar lo que muestra permitiendo así que el lector ate cabos por su cuenta y saque sus propias conclusiones.

Esta novela es un arma literaria de precisión que golpea sin hacer ruido y alcanza al lector sin necesidad de hacerle demasiado daño. Es un placer encontrar un libro como este en unas mesas de novedades plagadas de refritos editoriales, ojalá su naturaleza discreta no le impida encontrar el camino hasta el mayor número posible de lectores.

lunes, 18 de abril de 2022

El año de la muerte de Ricardo Reis – José Saramago

 

Solamente por el precioso homenaje a Fernando Pessoa y a sus heterónimos que hay en ella merece la pena ya leer esta novela, en la que Saramago trata el tema del doble de una manera mucho más atractiva que en su obra posterior El hombre duplicado, donde la ligereza forzada del narrador y comentarista me sacó por completo de una historia en principio bastante prometedora. Sin embargo, en El año de la muerte de Ricardo Reis un narrador muy similar aunque más comedido y reflexivo ha conseguido engancharme a la lectura desde la primera página. Y esto es algo absolutamente necesario para degustar con placer una obra como esta, donde la reflexión domina por completo la escasa acción que vamos a encontrar en sus páginas.

La realidad no soporta su reflejo, lo rechaza, sólo otra realidad, cualquiera que sea, puede colocarse en vez de aquella que se quiso expresar y, siendo diferentes entre sí, mutuamente se muestran, explican y enumeran, la realidad como invención que fue, la invención como realidad que será.

Quien conozca bien la obra de Pessoa, o la literatura portuguesa en general, podrá disfrutar aún más que yo de las continuas referencias que hace el autor / narrador / protagonista (los papeles de cada uno nunca terminan de aclararse del todo). Fundamental es conocer el planteamiento básico: Ricardo Reis es uno de los muchos heterónimos que usó Pessoa a lo largo de su vida, que en 1935 se vio truncada a sus 47 años de edad. La novela nos cuenta lo sucedido en Lisboa entre diciembre de 1935 y agosto de 1936, los nueve meses que según el espíritu de Fernando Pessoa todavía tienen los muertos para seguir en este mundo antes de que su recuerdo se borre por completo. Ricardo Reis vuelve a Lisboa desde Brasil sin un objetivo concreto, y sus días se desarrollan entre amoríos sobrevenidos sin futuro, paseos por la ciudad observando sus calles y a sus gentes, y lecturas de la prensa que irán dando cuenta del enrarecimiento del panorama político internacional, el auge de los fascismos y finalmente el alzamiento militar en España.

Saramago dijo sobre esta obra: «Es un libro sobre la soledad, la tristeza, sobre una ciudad triste, sobre una época triste. En 1936 tenía 14 años, pero recuerdo la tristeza que era esta ciudad». Como hizo Pessoa en sus poemas, Saramago convierte ese ambiente de tristeza que respiraba en su entorno en literatura de valor universal y atemporal.

Es que la gente nunca se da cuenta de que quien acaba una cosa nunca es aquel que la empezó aunque ambos tengan nombre igual, que es sólo eso lo que se mantiene constante, nada más.