miércoles, 5 de mayo de 2021

Música, sólo música – Haruki Murakami y Seiji Ozawa

 

A lo largo de dos años, Murakami y su amigo Seiji Ozawa, antiguo director de la Boston Symphony Orchestra, mantuvieron estas deliciosas conversaciones sobre conocidas piezas de Brahms y Beethoven, de Bartok y Mahler, sobre directores de orquesta como Leonard Bernstein y solistas excepcionales como Glenn Gould, sobre piezas de cámara y sobre ópera.

Dos amigos que se juntan a escuchar discos y comentarlos: algo que todos hemos vivido y de lo que nunca se nos hubiera ocurrido que podría salir un libro, por muy memorables que nos parecieran aquellas charlas. Pero cuando uno de los amigos es el escritor Haruki Murakami y el otro es el director de orquesta Seiji Ozawa, la cosa cambia.

Murakami es un enorme amante y conocedor de la música clásica y del jazz pero, a pesar de este conocimiento y gracias a su cortesía japonesa innata, se coloca en un segundo plano y es solamente el facilitador de la conversación, el que pone los discos, sirve té, hace las preguntas y escucha reverencialmente las respuestas de Ozawa. Quien, también muy japonés él, va a hablar siempre con un respeto y una modestia enormes sobre sus vivencias a lo largo de décadas al frente de grandes orquestas y como aprendiz de maestros de la talla de Leonard Bernstein o Herbert von Karajan.

No quiero que estas conversaciones sean para los coleccionistas de discos. Quiero que sean algo de cuya lectura disfrute la gente que realmente ama la música. (Ozawa)

No soy en absoluto coleccionista de discos, pero me temo que mi nivel tampoco alcanza el del auténtico amante de la música. Soy capaz de disfrutar enormemente de todo tipo de música pero siempre de una manera primitiva, emotiva y visceral. No sé nada de composición, de notas, de armonías, instrumentos y ejecuciones diversas. Todo este lenguaje se compone para mí de oscuros arcanos totalmente incomprensibles pero por los que siento una enorme atracción. Por eso me encantan los libros musicales en los que se tratan los temas de bandas, compositores, canciones, partituras, grabaciones y conciertos desde el punto de vista que sea. Esta temática roza para mí la ciencia ficción, por lo ajena y desconocida a la vez que atractiva, pero cuando el autor se preocupa de hacer una aproximación apta para todos los públicos, como hace Murakami en esta crónica de sus conversaciones con Ozawa, el resultado deja de ser un espejo que te devuelve la medida de tu enorme ignorancia y se convierte en una llave a la antesala de la comprensión de ese misterio llamado música.

Unas deliciosas conversaciones que contagian la pasión y el placer de escuchar la música con oídos nuevos, dicen en la sinopsis del libro. Y por una vez tienen toda la razón.




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