martes, 20 de abril de 2021

Las aventuras de un hombre cualquiera – William Boyd

 

Novelista, espía, profesor o marchante de arte, Logan es sobre todo un ser humano como los demás: lleno de contradicciones. Tal vez hubiera alcanzado la fama, pero antepuso una ambición sobre todas las demás: vivir con intensidad, viajar por todo el mundo, recorrer el siglo XX a través de la gloria literaria y el fracaso, el amor y la guerra, bucear en el París de los años treinta y en los ambientes artísticos neoyorkinos, y compartir experiencias únicas con personajes como Virginia Woolf o Picasso…

No dejes que un libro te arruine una buena sinopsis, por mucho que estemos aquí ante una novela paradigmática de que el mapa no es el territorio. Todas las locas aventuras enumeradas en la sinopsis aparecen en el libro y van a conformar la vida de Logan Mountstuart que vamos a ir descubriendo a través de sus diarios. Pero si abre su obra con la cita de Henry James: «Never say you know the last word about any human heart» de la que se extrae el título original del libro, el autor está dejando bastante claro que el territorio de la vida del protagonista que vamos a recorrer va a ir mucho más allá y mucho más hondo que un simple relato de sus peripecias vitales.

David Gascoyne once told me that the only point of keeping a journal was to concentrate on the personal, the diurnal minutiae, and forget the great and significant events in the world at large. The newspapers cover all that, anyway, he said. We don’t want to know that ‘Hitler invaded Poland’ -we’re more curious about what you had for breakfast. Unless you happened to be there, of course, when Hitler invaded Poland and your breakfast was interrupted. (pg. 376)

El estilo anacrónico de William Boyd es su peor enemigo. El británico es un escritor de la sutil grandeza y la profundidad humana de Graham Greene, aunque cambiando el catolicismo por un estoicismo un tanto nihilista. Pero nadie en el siglo XXI tiene ya la paciencia para dejar que una novela se vaya desarrollando a su propio ritmo, que la trama siga su lenta evolución natural y se tome su tiempo en revelarle al lector el sentido último de lo que está leyendo. Confieso que a mí también me ha costado en un principio, de hecho si he perseverado en la lectura ha sido porque el libro venía recomendado por el gran escritor y lector Xesús Fraga, y sus recomendaciones me las tomo muy en serio ya que tienen el don de la infalibilidad. Y efectivamente poco a poco la figura de Logan va creciendo, adquiriendo cada vez más matices y facetas insospechadas con el avance de los años mientras el tiempo y la historia lo van arrollando a su paso.

La genialidad de Boyd está en lo detalles: el título del libro y la cita inicial, la forma narrativa elegida en forma de diario errático con lagunas e interrupciones. Y de una manera aún más sutil, la maestría de todo lo que no hay en esta obra: Logan no es ni un héroe ni un mártir, pero tampoco es ni mucho menos «un hombre cualquiera» como se anuncia en el título en español. Es alguien absolutamente consciente de sus defectos y limitaciones, que abraza sus miserias personales sin intentar justificarlas y que vive sus pasiones con intensidad y contención como el caballero británico que es. Sus diarios son un ejercicio de memoria e introspección, una forma de poner orden y dar sentido a una vida que parece seguir un curso propio independiente de sus aspiraciones personales. Y de la que finalmente no va a sacar más sentido que la absoluta arbitrariedad que caracteriza la existencia y el destino de las personas.

That’s all your life amounts to in the end: the aggregate of all the good luck and the bad luck you experience. Everything is explained by that simple formula. Tot it up -look at the respective piles. There’s nothing you can do about it. (pg. 460)


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