martes, 6 de abril de 2021

Amor intempestivo – Rafael Reig

 

Si existiera una «generación de novelistas de los sesenta» (pero no es más que una conjetura), su característica más sobresaliente tendría que ser nuestra inoportunidad. ¿Qué clase de jóvenes soñarían con ser novelistas cuando la literatura ya había perdido toda relevancia social? Los últimos que llegaron a tiempo fueron los que tenían diez o quince años más que nosotros: Javier Marías, Muñoz Molina, Millás, Mendoza, Llamazares… Con veinte años, en los ochenta, les vimos triunfar, pero no nos dimos cuenta de que eso nunca iba a volver a suceder. […] Si existiera esa generación (pero insisto, se trata de una idea de bombero), habría que llamarla «generación intempestiva», siempre estuvimos, como dice el diccionario, «fuera de tiempo y sazón». Así nos va. (pgs. 18-19)

El género memorialístico y sus grandes representantes centroeuropeos, la autoficción imperante en las letras actuales… qué difícil resulta no poner etiquetas a una novela en la que el autor habla en primera persona sobre una serie de sucesos de su vida. Sin embargo, el autor en cuestión es Rafael Reig, alguien que ha basado su obra en la huida de las etiquetas al uso. Y este ha debido de ser su libro más difícil de crear hasta la fecha, viendo cómo consigue escribirse a sí mismo de manera eminentemente literaria, convirtiendo unas vivencias personales que no deberían importar a nadie en páginas que merecen la pena ser leídas.

No creo que haya fórmulas mágicas para la creación literaria más allá del talento y el trabajo, pero da igual si realmente existe en algunas personas una glándula de genialidad que va a acabar produciendo una obra maestra o si sencillamente lo que hace falta es tener un alma y escribir a partir de ella. Lo grande de esta novela es que está escrita desde una profunda honestidad humana, que está muy lejos de lo puramente testimonial y al mismo tiempo es bastante ajena a postureos estilísticos.

Ser escritor, ingeniero, licenciado en Derecho, no es nada ni quiere decir que uno haya vivido. Llegar a ser bueno es la única aventura de la existencia, lo único para lo que vivimos. (pgs. 247-248).

Un libro que termina con esta conclusión debería ser lectura obligatoria para todo aquel que aspire a ser persona. Aunque me temo que va a ser necesario haber vivido ya unas cuantas décadas antes de llegar a comprender la profunda verdad que se esconde tras unas palabras tan simples en apariencia.


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