miércoles, 31 de marzo de 2021

Troubled Blood – Robert Galbraith

 

La quinta entrega de la serie del detective Cormoran Strike es, con sus más de 900 páginas, la más extensa de una colección de libros que no se han caracterizado nunca precisamente por su brevedad. Son novelas para los auténticos amantes de la lectura extensa y abigarrada, lectores para quienes el acto de abrir un libro es el inicio de un viaje. Y la firma de Robert Galbraith se ha convertido en garantía de que, en la mejor tradición de la novela criminal británica, el viaje será turbulento pero acabará llegando a buen puerto.

En esta ocasión lo que se investiga es la desaparición nunca resuelta de una joven doctora a mediados de los 70, lo que nos permite retrotraernos a la sociedad de aquella época y a la lucha de la mujer, frente a los hombres y también frente a otras mujeres, para reclamar su derecho a tener las mismas aspiraciones laborales, vitales y sentimentales que la mitad masculina de la sociedad. No es un libro panfletario ni reivindicativo, tan solo intenta ilustrar algunas historias que quedaron en la sombra porque quienes las sufrieron nunca aprendieron a levantar la voz y se vieron atrapadas en la necesidad irreconciliable de elegir entre sus ambiciones profesionales y la necesidad de ser amadas que tan bien cantara Joni Mitchell, Caught in my struggle for higher achievents, And my search for love that don’t seem to cease. Aunque ante el dilema de intentar resolver el conflicto entre las aspiraciones personales y las necesidades afectivas, los personajes femeninos contemporáneos no consiguen manejarse mucho mejor que sus antecesoras de los años 70. Para ciertas cuestiones no parecen haber pasado los años.

Que Robert Galbraith sea el pseudónimo con el que J.K. Rowling publica las novelas de esta serie me parece un dato bastante irrelevante. Pero quien no lo supiera puede sentirse libre de volver a leer el texto anterior aplicándole todos los juicios de valor que considere que deben acompañar a esta autoría. El propio Borges nos advirtió ya de la suprema importancia que va a tener el nombre del autor a la hora de ser interpretado y valorado un texto por parte del lector.

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