domingo, 14 de febrero de 2021

Piranesi – Susanna Clarke

 

Susanna Clarke ha publicado este libro 15 años después del éxito apabullante que tuvo con Jonathan Strange y elseñor NorrelEl motivo del largo silencio parece haber sido una enfermedad que no le terminan de diagnosticar y que ha condenado a la autora por el cansancio y los miedos sociales a recluirse en su casa y no ver a nadie más que a su marido. Ella misma declara que en esta situación le calmaba imaginarse que estaba en un lugar silencioso entre un sinnúmero de edificios, como el protagonista de esta novela.

When I finished it I thought: ‘This is so different, I don’t know whether anyone is going to understand it because it’s so peculiar.’ (Susanna Clarke en The Guardian)

Quien haya visto los grabados del italiano Giovanni Battista Piranesi puede hacerse una idea de los escenarios que evoca la autora y que tan bien recrea en su novela. Quien no, podrá imaginarlos perfectamente cuando se sumerja entre sus páginas, porque el poder evocador de las localizaciones de este libro es tremendo. Los escenarios surgen en la mente del lector desde las primeras páginas en 3D, a todo color y en alta resolución. El efecto visual que provoca la lectura es poderosísimo y se mantiene intacto durante toda la novela.

¿Pero de qué va la novela? Esto es algo que es mejor no saber de antemano. Adentrarse en un libro sin saber en absoluto qué esperar de él es un salto de fe que no mucha gente va a estar dispuesta a hacer. Sin embargo, en este caso es absolutamente recomendable huir de resúmenes, reseñas, comentarios y explicaciones sobre la trama. Realmente merece la pena adentrarse en la Casa en completa ignorancia y dejarse llevar por los acontecimientos. Esta historia indescriptible puede dar lugar a muchas interpretaciones, pero ante su fuerza intrínseca todas están de más.

‘Oh, belief’, said Arne-Sayles, laying a deep, sarcastic emphasis on the word. ‘Why do people always think it’s a question of belief? It’s not. People can “believe” whatever they want. I really couldn’t care less’. (pg. 221)


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