martes, 5 de enero de 2021

Por último, el corazón – Margaret Atwood

 

They wanted her to use her head and discard her heart; but it wasn’t so easy, because the heart goes last and hers was still clinging on inside her.

El planteamiento de esta novela es demoledor: en un mundo en crisis, la pareja protagonista ha pasado de tener ambos un buen trabajo y un brillante futuro a vivir dentro del coche que es lo único que les queda, a merced de las hordas desesperadas de los que tienen aún menos que ellos. Por eso no dudarán en aferrarse a la oportunidad que les ofrece participar en un experimento social en el que dos grupos de habitantes van alternando cada treinta días su papel: un mes de libertad seguido de un mes en prisión. Cualquier cosa por poder volver a dormir en una cama y disponer de una ducha y de toallas limpias.

Como suele ocurrir con las mejores distopías, la realidad alternativa sirve para ilustrar un planteamiento profundamente existencial: aquí, el libre albedrío frente a la compulsión. La libertad de decisión conlleva la responsabilidad sobre los propios actos, mientras que la llamada del corazón supone soltar las amarras de la voluntad y dejarse llevar en el placer vertiginoso de la irresponsabilidad. Y aunque el ser humano constantemente reivindica su derecho a la libertad como algo fundamental e irrenunciable, las grandes y pequeñas historias están llenas de ejemplos de desastres provocados por lo irracional de las decisiones que van a tomar sus protagonistas cuando es el corazón el que manda.

Esta novela de Margaret Atwood de 2015 no está entre sus obras maestras, la mezcla de sátira y cataclismo que tanto caracteriza su producción está aquí bastante descompensada. Especialmente en la segunda parte de la novela, que tiende más hacia una negrísima comedia de enredos llena de crueldad. Pero un libro menor de esta autora va a ser infinitamente mejor que muchas de las publicaciones que podamos encontrar en cualquier librería, sobre todo en estos tiempos en los que la realidad ha convertido las distopías en novelas naturalistas decimonónicas y las noticias confirman a diario la tesis que sustenta la producción novelística de esta escritora: el peor enemigo del ser humano es su propia estupidez.


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