jueves, 3 de diciembre de 2020

Virtudes (y misterios) – Xesús Fraga

 

Al igual que hay pintores que consiguen capturar la luz en sus cuadros, en las páginas de Virtudes (y misterios) Xesús Fraga ha sido capaz de dar forma a algo tan intangible como es el tiempo. Es difícil llamar novela a este libro, aunque tampoco es una biografía ni una crónica familiar. Más bien es la recopilación de las impresiones, las reflexiones y las especulaciones de un nieto sobre los viajes de ida y vuelta entre Galicia y Londres que movieron las vidas de varias generaciones de su familia después de que el abuelo dejara de dar señales de vida tras emigrar a Venezuela.

Pero no vamos a encontrarnos tampoco con las historias de emigración que podrían esperarse en este contexto. El autor, convertido por las decisiones familiares en el niño más británico de Betanzos, trabaja aquí con el concepto de ex futuros de Unamuno «a la búsqueda de los fantasmas de lo que pudimos y no llegamos a ser»: por debajo de lo que pasó siempre va a quedar presente todo lo que pudo haber sido, todas las encrucijadas del destino que van formando la vida y descartando otros destinos posibles y muy diferentes, pero que de alguna manera van a marcar a las personas tanto como lo que sí llegó a suceder. Este libro se divide en zonas que son supuestamente las del metro londinense pero que igualmente son las zonas temporales por las que van pasando los acontecimientos, cada una de ellas con su carga de pasado, sus oportunidades y trabas presentes y sus sueños de posibles futuros que permanecerán ahí, con independencia de si llegan o no a cumplirse.

El elemento clave que da forma a la obra es el uso del lenguaje, donde sobresale la mirada meditada y precisa del narrador que va dotando de cohesión y de un estilo muy propio a todo lo que cuenta. Esto es aún más admirable si se tiene en cuenta que este libro se escribió primero en gallego y que para la edición posterior en español el autor lo reescribió más que lo tradujo. El resultado de este esfuerzo titánico es una obra inclasificable, que funciona como una cápsula de tiempo que contiene recuerdos, objetos, anécdotas y lugares muy concretos pero que van a provocar en cualquier lector la identificación que lo auténtico siempre despierta en quien lo contempla. Ojalá esta obra consiga escapar de la necesidad imperante de llevar a la pantalla todo lo que se publica en papel, porque haría falta un lenguaje visual muy inspirado para que esta reflexión sin moraleja sobre el tiempo y la vida no se redujera simplemente a una bonita historia familiar.


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