sábado, 26 de diciembre de 2020

Contra la hipermetropía – Fernando León de Aranoa

A Fernando León de Aranoa no le gusta dar explicaciones. En sus películas, al menos. Como si de un documental de naturaleza se tratara, coloca en ellas a sus personajes en su hábitat natural o en un entorno hostil y se limita a registrar sus reacciones e interacciones, centrándose en el qué y el cómo y dejando de lado el porqué.

Sin embargo, quien lea su colección de textos sobre el cine recogidos en este volumen se encontrará con muchos de los porqués ausentes de sus historias filmadas. No de forma explícita sino orgánica, porque los artículos, monólogos, reflexiones, confesiones y textos inclasificables aquí reunidos no son una exégesis de su obra sino un diario de creación, unos testimonios incompletos y desordenados de cómo va naciendo una película desde el momento en que no es más que una vaga inquietud en la cabeza de su creador. Estos textos no van a servir a nadie para ser mejor cineasta porque el proceso creativo es algo personal e intransferible, pero sí que ofrecen un testimonio de primera mano de cómo funciona la mente de un artista y su manera de dejar que el corazón le inspire sin que le nuble el entendimiento.

Fernando León de Aranoa es un creador que domina como pocos el poder de la palabra escrita. Mi relación con su obra cinematográfica es bastante turbulenta aunque apasionada por momentos, sus escritos sin embargo consiguen cada vez dejarme pegada a las páginas sin importar si tratan de cine, fútbol, música o trenes, porque en el fondo siempre tratan de otra cosa. El autor es capaz de hablarle al lector de tú a tú, como si charlaran con una última cerveza por encima de una mesa llena de vasos vacíos en un local ruidoso y lleno de humo de los de antes. 

El narrador que escribe estos textos en primera o tercera persona se ha convertido para mí en una de las voces narrativas más poderosas a las que me he enfrentado, y ya van muchas. Lástima que el autor lleve ya tanto tiempo sin recopilar textos suyos en libros destinados a ser leídos y perdurar, lejos de la naturaleza perecedera de los guiones de cine. Estoy segura de que la conversación entre el narrador y el lector seguiría siendo igual de directa y entrañable, por mucho que hayan cambiado el decorado del lugar del encuentro y los propios interlocutores.



No hay comentarios: