martes, 22 de diciembre de 2020

Cáscara de nuez – Ian McEwan

 

However close you get to others, you can never get inside them, even when you’re inside them. (pg. 113-14)

Los libros más breves de Ian McEwan tienden a ser las obras donde más despliega su misantropía y su indudable gusto por la maldad. Unas veces con resultados sobresalientes como en Amsterdam, otras con obras insufribles como Amor perdurable. De manera que he empezado a leer Cáscara de nuez con la ligera aprensión de quien abre un huevo sorpresa, sin saber muy bien qué esperar de lo que va a encontrar en su interior. De hecho ni siquiera habría vuelto a correr el riesgo si no llego a tener el libro en casa para un club de lectura que se malogró, y cuando me di cuenta de que el título se correspondía con el del protagonista de mi última lectura lo interpreté como una señal inequívoca de que había llegado su hora.

Y he tenido suerte, porque la mala baba de McEwan resulta estar viviendo de nuevo grandes momentos. La historia parece a primera vista el tradicional triángulo amoroso en el que los amantes planean deshacerse del marido, pero con el giro añadido de que el narrador es el feto que ella lleva en su vientre en su noveno mes de embarazo. De hecho la novela, en la que la madre y el tío complotan para matar al padre, se concibe como un homenaje a Hamlet porque según el autor es la única persona más indefensa aún que un feto: «capaz de pensar mucho, pero atrapado».

La suspensión de incredulidad se estira aquí hasta niveles hilarantes, porque este feto no solamente se expresa como si hubiera obtenido un doctorado en Oxford, además es un sibarita gastronómico y un conocedor de vinos, demuestra tener inquietudes filosóficas y ambiciones vitales y expresa incluso opiniones muy radicales sobre temas como el género y la identidad personal. Todo esto lo ha conseguido, afirma, gracias a los podcasts a los que su madre es tan aficionada y que le dotan de unos conocimientos casi renacentistas. Está claro que el autor buscaba una tribuna desde la que escribir con todo el sarcasmo que le viniera en gana y hay que reconocerle que consigue hacerlo con una maestría única y de forma altamente entretenida para el lector. Para quien quiera iniciarse por primera vez en el universo McEwan, Cáscara de nuez puede ser una muy buena opción.




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