domingo, 22 de noviembre de 2020

Orfeo – Richard Powers

 

Creations’s Rule Number One.

Zag when they think you’ll zig.

Cuando me leí este libro por primera vez en 2014, la historia del compositor jubilado Peter Els, que a los 70 años recupera su vieja pasión por la química para experimentar con las sintonías ocultas del ADN y por eso tiene que huir de la policía que le acusa de bioterrorismo, me pareció una de las historias sobre la composición musical más hermosas jamás contadas.

Esta relectura de 2020, además de reafirmar la impresión inicial, me ha hecho fijarme mejor en el concepto de libertad personal que es el auténtico tema del libro y que va unido a todas las creaciones musicales de las que se va hablando a lo largo de él: tanto las propias composiciones ficticias de Peter Els como el Cuarteto para el fin de los tiempos de Olivier Messiaen, la Sinfonía nr. 5 en re menor de Shostakóvich o Barstow: Eight Hitchhiker Inscriptions from a Highway Railing at Barstow, California de Harry Partch. Son todas obras de las que en mi gran incultura musical nunca había oído hablar y que son todas también intentos de ir más allá de las limitaciones a la creación, ya sean impuestas por las circunstancias, por las autoridades o por los propios instrumentos. Una búsqueda constante e  infructuosa por naturaleza de superación de límites que va dejando por el camino obras capaces de conmover, iluminar e inspirar a las generaciones futuras.

Del mito de Orfeo se suele recordar su viaje a los infiernos para intentar devolver a la vida a su esposa muerta. Pero el don fundamental de Orfeo era el de la música: su capacidad de componer e interpretar melodías y canciones que llegaban al corazón de la naturaleza y de los propios dioses. Al final de su vida, Peter Els siente que la ha dedicado al empeño imposible de intentar componer una música tan fundamental, trascendente y atemporal como la de Orfeo. Pero finalmente descubrirá que la atemporalidad mal entendida va a depender de las modas y los gustos del momento, mientras que la trascendencia poco tendrá que ver con el éxito y la popularidad. En un mundo hiperconectado, hasta la pieza más oscura tendrá el potencial de hacer vibrar a alguien en algún lugar y en algún momento determinado.




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