jueves, 10 de septiembre de 2020

Las crónicas del sochantre – Álvaro Cunqueiro

 

«Siempre ventea en Bretaña cuando hay luna. Los más dicen que es el aire que mueven los difuntos que pasan».

El nombre y la obra de Ávaro Cunqueiro parecen haberse quedado obsoletos para los lectores de hoy, al menos en castellano. Es casi imposible conseguir un ejemplar de sus títulos más populares que no sea un libro de segunda mano de las colecciones de quiosco de cuando en los quioscos todavía se vendían libros. Lo cual es una pena porque Cunqueiro es verdaderamente uno de los grandes, con un dominio del lenguaje que es algo fuera de serie. Y aún más admirable resulta comprobar que esta maestría lingüística no da lugar a grandes arabescos estilísticos, sino a una prosa resonante y lírica muy accesible para cualquier lector.

En Las crónicas del sochantre visitamos la Bretaña de finales del siglo XVIII para presenciar las espeluznantes aventuras del sochantre de Pontivy, que de camino a un entierro es recogido por una comitiva de espectros condenados por sus pecados a vagar por la tierra durante un número de años, llevando a cabo determinadas misiones antes de encontrar el reposo eterno. Sobre este planteamiento sobrenatural Cunqueiro monta una colección de relatos y aventuras que van a tratar una temática bastante extrema de engaños, robos, violaciones y muertes, pero que finalmente no resultará tan espeluznante al carecer de cualquier rastro de truculencia o intención moralizante. Los condenados, que espantan pero no asombran a las personas con las que se encuentran, se van a presentar como gente que hizo una apuesta equivocada y perdió, aceptando ahora su castigo como consecuencia lógica de su destino.

La comitiva se compone además de unos espíritus muy humanizados a quienes la muerte no ha desposeído de sus virtudes originales de hermosura, sabiduría o gallardía guerrera, ni de su capacidad de apreciar la belleza, el arte o la buena mesa. La candidez muy poética pero nada ingenua con la que se narra la convivencia del mundo real con el más allá convierte a esta obra en una auténtica delicia de lectura, que es imposible que pase de moda porque las historias surgidas en un universo mítico son atemporales por naturaleza.

«En el fondo del espejo brilla una lucecita azul y yo, en vez de averiguar si alguien detrás de mí ha encendido una lámpara, digo sin más que es un fuego fatuo en el claustro derruido de Saint-Efflam-la-Terre, y escojo este lugar porque se llama la Terre, la Tierra, y lo encuentro tremendamente significativo. Como casi todo en Bretaña, en esta Bretaña que yo descubro en mí y en la que quizás un día se encuentren habitando los lectores bretones de estas Crónicas. No sería la primera vez que el sueño del poeta hace la isla».


No hay comentarios: