jueves, 17 de septiembre de 2020

La luz negra – María Gainza

 

Parece ser que Borges dijo en alguna ocasión: «Qué raro que cuando una poesía nos gusta mucho se nos ocurre hacer otra exactamente igual». La luz negra ahonda en ese concepto tan borgiano de originalidad, copia y autoría, llevándolo a un ámbito donde tiene una gran relevancia: el de la pintura.

Críticos de arte, artistas, falsificadores, vida y leyenda de personajes al borde de la realidad ya incluso durante su vida. Es muy difícil saber dónde acaba la verdad y dónde empieza la ficción en estas páginas, quizás sea esa justamente la idea que quiere transmitir la autora: un replanteamiento de los conceptos de original y copia, vida y leyenda, realidad y ficción, porque la creación y la invención son fuerzas capaces de romper todas las fronteras. El libro muestra a artistas que son tan grandes maestros en codificar la realidad dentro sus obras que acaban haciéndolo también dentro de sus vidas, creando así su propia leyenda.

O mejor debería decir: son tan grandes maestras. Porque este es un libro sobre mujeres en el arte, un campo creativo que les estuvo prácticamente vedado hasta no hace mucho tiempo (en Otoño Ali Smith recoge la anécdota de que la Royal Academy of Arts de Londres en los años 60 ni siquiera disponía de lavabos para señoras). Sin embargo, las artistas retratadas en este libro son seres libres por encima de todo y de todos, mujeres que deciden elegir ellas mismas cómo vivir sus vidas y están dispuestas a pagar por ello el precio que sea necesario. Recuerdan un poco a las «Mujeres libres» que daban título a uno de los apartados de El cuaderno dorado de Doris Lessing. Pero mientras aquellas mujeres de Lessing acababan lamentando una libertad puramente formal que una nueva forma de ataduras, tanto la narradora de La luz negra como las mujeres de las que habla tienen una libertad intrínseca que no siempre las hará mejores o más felices, pero sí les permitirá ser ellas mismas para bien o para mal. Aunque si finalmente la leyenda acaba ganando a la realidad y la copia al original, es algo que nunca sabremos.

Una biografía por naturaleza es inenarrable. La gente no recuerda mucho, a veces ni siquiera se acuerda de qué ha tomado en el desayuno. Tal vez la realidad sea siempre demasiado ruin para que quede constancia de ella.




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