miércoles, 23 de septiembre de 2020

Dormir es de patos – Rodrigo Cortés

Los prejuicios lectores pueden robarnos muy buenos ratos de lectura. Pese a ser una enorme admiradora de todo lo que cuenta, escribe y filma Rodrigo Cortés, me resistía a leer sus libros de aforismos porque es un género al que no sé cómo meterle mano. Un libro diminuto y cuadrado que contiene frases sueltas repartidas por unas pocas páginas, ¿eso cómo se lee? Posiblemente la mejor fórmula sea la que Fernando León de Aranoa propone a sus lectores en el prólogo de Aquí yacen dragones: al acabar cada texto, dirigir unos segundos la mirada al horizonte, aunque ese horizonte no sea más que la pared de ladrillos del edificio de enfrente.

Así que por fin me decidí a leer Dormir es de patos. Y tras unos comienzos incómodos de adaptación al formato y al género, me acabé encontrando con oro puro entre las manos. El autor es alguien que le ha perdido por completo el respeto al lenguaje pero que lo sigue amando con toda su alma, de forma que no tendrá reparo alguno en hacer cualquier cosa con las palabras pero todo será por el bien del texto y del público al que se dirige. Y aquí radica la diferencia fundamental con la gran mayoría de escritos de este tipo, usados generalmente como vehículo de lucimiento del ingenio del escritor a costa del lector, al que hay que asombrar, maravillar o simplemente ratificar en su insignificancia. Rodrigo Cortés es un autor insidioso y poco complaciente pero que siempre sitúa su inteligencia y sentido del humor del lado de su público, nunca por encima de él. Hay una complicidad implícita en estos escritos capaz de desarmar al lector más reticente.


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