jueves, 3 de septiembre de 2020

Aquí yacen dragones – Fernando León de Aranoa

 

Los libros con un título tan perfecto como este despiertan tales expectativas en el lector que parten ya con una seria desventaja a la hora de estar a la altura de lo que prometen. En este caso el lector sí que consigue lo prometido, aunque quizás no sea lo que esperaba que le dieran.

Resulta imposible definir la poesía prosaica de estos textos, el giro que le dan a lo cotidiano sin caer en las fórmulas manidas de las que se suele pecar en este tipo de escritos. El libro se va a dejar leer con el alma en vilo y un vago resquemor, porque las sorpresas que van surgiendo de la lectura pueden acabar provocando una sonrisa o un sobresalto sin previo aviso. Es evidente que el autor ha leído mucho y bien a Cortázar y a Galeano, pero también que a la hora de matar a los padres literarios fue capaz de apretar el gatillo sin pestañear siquiera.

Este libro no puede ni debe explicarse. Lo que hay que hacer, más incluso que leerlo, es experimentarlo y dejarle que haga su magia.

Sirva por tanto la ficción para desentrañar la lógica misteriosa de las cosas, para explicarnos y explicar la realidad. […] Por eso sugiero que este libro se utilice como un mapa del revés, con el único propósito de perderse en él. No para escapar de la realidad, cosa imposible, sino para regresar a ella con más ímpetu.

 


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