jueves, 14 de mayo de 2020

Shutter Island – Dennis Lehane


Shutter Island es el nombre de la isla donde se sitúa el hospital Ashecliffe, una clínica penitenciaria para enfermos mentales a la que acude el agente federal Teddy Daniels con su nuevo compañero Chuck Aule para investigar el escape de la asesina Rachel Solando. Que detrás de este planteamiento de novela de género se esconda una de las historias sobre trauma, culpa y expiación más desgarradoras que he leído no sorprenderá a quien conozca la obra de este autor.
Porque Dennis Lehane es un auténtico mago de la pluma que por algún motivo se recrea en contar las historias de los seres más desgraciados, miserables y abandonados por la sociedad y la suerte, y las cuenta con un sentido épico y narrativo inigualables y una economía de medios realmente asombrosa. Lehane domina a la perfección todos los trucos del suspense y de la construcción narrativa de personajes y ambientes, pero además posee un talento sobrenatural para la creación, en el sentido más literal de la palabra, de espacios narrativos en los que situar a los lectores, a los personajes y a la acción y dejarlos interactuar para que la historia se vaya desarrollando con un determinismo inapelable. En los mundos de Lehane, las cosas pasan porque es lo que tiene que ocurrir en esas circunstancias y hay que mantener la dignidad hasta cuando se acaba hundido en la miseria. Este estilo narrativo tan único y personal del autor, su voz inconfundible que sirve de guía a lo largo de la historia sin ocultar nada pero escamoteando al mismo tiempo las revelaciones que irán apareciendo a su debido tiempo, esta perfecta dosificación de ingredientes en la novela es lo que hace que la historia implosione como una bomba de hidrógeno en la cabeza del lector.
Desgraciadamente, estos elementos de alguna manera se perdieron en su adaptación al cine, una película de un director magistral y un elenco de actores de primera línea que sin embargo se limita a contarnos la historia sin ser capaz de alcanzar la transcendencia que sí tenía la novela, a pesar de ser una adaptación bastante fiel de la misma. El poder mágico de la palabra puede ser invocado, repetido e incluso magnificado mediante el uso de la imagen y el sonido. Pero para ello hay que ir más allá de la reproducción de la mera peripecia anecdótica y adentrarse en las zonas más incómodas y oscuras, en las que esta novela se hunde hasta el fondo mientras que la película apenas llega a traspasar el umbral.



No hay comentarios: