miércoles, 8 de abril de 2020

Máquinas como yo – Ian McEwan


Situando la acción de esta novela en una Inglaterra distópica de 1982, Ian McEwan crea paradójicamente una ficción inquietantemente realista y reconocible del mundo actual. En la novela, Gran Bretaña ha perdido la guerra de las Malvinas, ha abandonado la Unión Europea tras un referéndum y Alan Turing sigue vivo, lo que ha impulsado el desarrollo computacional hasta el extremo de que es posible adquirir androides de inteligencia artificial y de serie limitada: sólo 13 ejemplares de Adam y 12 de Eva a nivel mundial.
Charlie, el protagonista y narrador de la novela que es el tipo de personaje imperfecto, irritante y fracasado vocacional que suele elegir McEwan para protagonizar sus historias, consigue comprar un Adam e intenta usar esta adquisición para un proyecto en común con su vecina Miranda, como parte de su plan de conquista. El problema vendrá cuando Adam, como era previsible, demuestre ser el más inteligente, sensible y dotado de sentido común del trío y no parezca estar dispuesto a plegarse al sumiso papel de propiedad privada de un dueño que le tienen asignado de fábrica.
El tema de la supremacía de las máquinas inteligentes sobre la humanidad es tan viejo como la ciencia ficción, lo novedoso de esta novela es la introducción del plano moral de la máquina: si desarrollamos inteligencia artificial a imagen y semejanza del hombre, ¿a partir de qué momento tendremos que aceptar que en su libre albedrío también tienen cabida la moral, la espiritualidad y la ética? Especialmente en un mundo en el que estos valores han ido siendo abandonados a favor de la economía y el éxito personal, imponer a nuestras creaciones unos códigos de conducta que el ser humano hace tiempo que ha abandonado puede dar lugar a reacciones bastante inesperadas por parte de unas máquinas que de pronto, y con razón, dejarán de vernos como sus superiores.
Ian McEwan se ha servido ya para sus narraciones del género histórico y fantástico y de la novela rosa y de espías, ahora le tocaba el turno a la ciencia ficción. Pero quien siga a este autor sabrá que lo que hace cada vez es, fundamentalmente y con éxito variable, escribir una novela de Ian McEwan. Y en esta ocasión le ha salido una de las buenas.


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