domingo, 12 de abril de 2020

Cuando sale la reclusa – Fred Vargas

El nombre de Fred Vargas es uno que dejan caer con gusto quienes defienden una vertiente más literaria o intelectual del género policíaco, como si este género necesitara defensa o intelectualización alguna. Esto coloca a la autora francesa en una posición en la que dudo que se sienta cómoda, porque quien haya leído alguno de sus magníficos libros sabrá que sus simpatías no se sitúan precisamente del lado más resabido del espectro humano. Esta es su última novela publicada en España y en ella, como en sus títulos más recientes, combina un elenco de personajes únicos hasta la excentricidad con un retrato a la vez realista y poético de los entornos rurales y provincianos en los que se desarrolla la historia. Incluso París cobra a los ojos del comisario Adamsberg, durante sus largos paseos por la ciudad, un aire de pequeña capital de provincia porque su atención se va al río, a los bancos y las palomas, a los bares con su clientela habitual y poco sofisticada del barrio.

Es difícil hablar de manera concreta y metódica de un libro cuya trama se va comparando con la travesía de Magallanes para encontrar el paso hacia el Pacífico, navegando a ciegas en lugares sin salida hasta dar finalmente con el camino correcto. Si a esto se le añade la figura de un inspector genial pero disperso en sus mejores momentos, que aquí está en horas bajas y se enfrenta además a problemas personales y divisiones internas de su equipo de rarezas policiales que ha ido reuniendo a lo largo de las novelas anteriores, es prácticamente imposible explicar de qué va la novela sin destripar las sorpresas que se van a ir revelando casi a cada vuelta de página. Baste decir que hay muertos, hay arañas, hay secretos del pasado que van saliendo a la luz y hay giros en la trama de la primera a la última página. Pero lo que hay es sobre todo una escritora de raza que sabe crear personajes, ambientes y situaciones y dejarlos que campen a sus anchas hasta conseguir una historia auténtica, única, inesperada e inolvidable. Fred Vargas puede gustar o no, pero lo cierto es que no hay otra igual.


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