jueves, 2 de enero de 2020

Sidi – Arturo Pérez-Reverte


Hay muchos Ruy Díaz en la tradición española, y éste es el mío.” (nota del autor)
La novela, al igual que el Cantar al que rinde un merecido homenaje, se abre con Ruy Díaz en el destierro. Pero mientras el Cid medieval era un buen vasallo que partía con lágrimas en los ojos, aquí Sidi es un mercenario en toda regla que intenta reunir suficiente botín para asegurarse la lealtad de los hombres que lo siguen. ¿Lo hace esto menos heroico? Ni mucho menos. Tanto el Cantar como la novela actual se basan en la misma premisa: hacer el retrato de un hombre singular resaltando las hazañas más relevantes y atractivas para el público al que se dirigen. A este respecto, el primer Cid literario era ya un personaje épico de un realismo mucho más moderno que las figuras idealizadas de otras gestas europeas. Batallaba para ganarse el pan, estaba en conflicto con su rey, era amigo de moros y padre de familia. No era un héroe sobrehumano, sino alguien que hacía lo que podía en los tiempos en los que le tocó vivir, manteniendo un mínimo de decencia y buscando algún tipo de justicia sin descuidar la propia supervivencia y la prosperidad de los suyos.
No es difícil comprender por qué Arturo Pérez-Reverte le ha dedicado una novela a este personaje, que podría verse como el patriarca de una estirpe de antihéroes con Alatriste y Falcó como ilustres precedentes: hombres íntegros en un mundo desprovisto de ideales y valores que luchan según un código moral propio que aplican a rajatabla hasta en su propia contra, guerreros de fortuna sin un buen señor al que servir pero siempre con una lealtad sin límites hacia sus hombres.
No eran malos hombres. Ni tampoco ajenos a la compasión. Sólo gente dura en un mundo duro.” (pg. 50)
Como ya se ha aclarado desde el principio, este no es el Cid definitivo, si es que tal cosa pudiera existir. Pero el autor ha logrado construir con este Sidi un personaje muy atractivo para el lector actual, presentado en una rigurosa reconstrucción histórica y de ambientes y con una estructura narrativa y unos diálogos absolutamente modernos. La historia se cuenta en retrospectiva pero se vive en tiempo real, sin caer en arcaísmos de lenguaje y estilo pero tampoco en anacronismos, y este difícil equilibrio es el que construye una narración directa, apasionante y muy verosímil de lo que pudo haber sido una época. Este es el primer libro de Pérez-Reverte que ha conseguido conquistarme por completo, desde la primera página y sin reticencias. Y el primero que he regalado de todo corazón.



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