viernes, 10 de enero de 2020

Gone Girl – Gillian Flynn



Uno de los mayores aciertos de este magistral thriller (que en español recibió el título algo desafortunado de “Perdida”) es la estructura a dos voces que articula la narración de la desaparición de Amy, la chica perdida que da título a la obra: las vivencias de Nick, el poco fiable marido, tras la desaparición de su mujer; y los diarios de Amy, en los que se nos va dibujando el panorama de su relación de pareja desde sus inicios de nube rosa hasta el infierno en el que se acabó convirtiendo su matrimonio.

Asistimos al derrumbe de la relación entre dos jóvenes intelectuales neoyorquinos en la cresta de la ola, cimentada en su posición social y laboral, su círculo de conocidos y sus medios económicos. Cuando todo este andamiaje se viene abajo a causa de la crisis y acaban en una casa de un suburbio abandonado en un pueblo perdido a orillas del Mississippi, se ven mutuamente confrontados con el auténtico yo de su otra mitad sin la pátina sociocultural que los recubría. Y lo que descubren no les gusta nada, a ninguno de los dos.

Por lo general, no me gustan los libros tipo huevo Kinder que esconden una sorpresa en su interior, me parece un recurso argumental poco imaginativo y de puro lucimiento del autor a costa del lector. En este libro, sin embargo, los giros sorpresivos de la trama forman parte fundamental de la historia tal como la viven los personajes y también el lector, que no sabe más que ellos porque la narración ocurre a tiempo real y desde el punto de vista subjetivo de los dos protagonistas. Y así el libro va a ir desgranando sus sorpresas y giros argumentales sin faltar en ningún momento a la premisa de partida: en una relación basada desde el primer día en el autoengaño y la impostura, el infierno va a ser inevitablemente el otro.



Esta estructura narrativa de puntos de vista subjetivos y narradores poco fiables, tan magistral en una obra literaria, parece algo imposible de llevar a la pantalla sin caer en la teatralidad o sin variar fundamentalmente la manera de contar la historia, convirtiendo la obra en algo fundamentalmente diferente como ocurre en tantas ocasiones con las adaptaciones de grandes libros al cine. Sin embargo, la película “Gone Girl” de David Fincher con guion de la propia Gillian Flynn es la mejor adaptación literaria a la pantalla que conozco, traduciendo los mecanismos literarios a lenguaje audiovisual de una manera sorpresiva y magistral, sabiendo mantener el relato subjetivo a dos voces y conservar intacto el ambiente opresivo que se respiraba en cada página del libro. Por primera vez en mi vida, si tuviera que decir si es mejor el libro o la película no sabría qué contestar.






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