viernes, 17 de enero de 2020

Ciudades – Antonio Jiménez Millán



La poesía nos sirve para poder articular el lenguaje inaccesible de las sensaciones y las emociones. Nos gustan los poetas que saben ponerle palabras a lo que sentimos, que hablan por nosotros cuando el lenguaje nos falla. Por eso la buena poesía, más que bonita, es poderosa.

Esto es algo que aprendí en las clases de Antonio Jiménez Millán en tiempos remotos, donde descubrí a algunos poetas que han pasado a formar parte integrante de mi vida. Y es algo que vuelvo a encontrar en su propia producción poética que tan tarde acabo de descubrir: la poesía no tiene que proporcionar un placer estético sino una descarga emocional perturbadora. Y un poema sólo está completo cuando un lector lo hace suyo y lo incorpora a su propia experiencia vital. En este sentido, aunque nunca fui una alumna memorable y siempre he resultado bastante torpe como admiradora, sí que he conseguido llegar a ser una lectora ejemplar.

AULAS
Olvidarán la luz de una tarde de octubre, 
la claridad que llega hasta el fondo del aula 
y más tarde la lluvia, el primer frío, 
cuando el otoño avance con su caudal de sombras, 
porque aún tienen tiempo, 
todo el tiempo del mundo, 
y puede que el olvido sea también 
reino de juventud, como dijo el poeta. 

Quién sabe si algún día, lejos ya de las clases, 
volverán a los versos que yo les explicaba 
entre manchas de tiza y un viejo borrador 
que pasa sobre nombres, fechas, títulos, 
imágenes nocturnas, 
metáforas de nieve y desencanto, 
islas perdidas, fértiles, donde aguardan enigmas.

 Ahora, 
esta tarde tranquila es como un brindis 
por el príncipe oscuro en su torre abolida, 
por la infinita vanidad de los ritos solemnes, 
por todas las palabras que han convertido en oro 
el barro suburbial de las ciudades, 
por el aire de vidrio 
que cruza la mañana frente al mar 
y se parece a un sueño. 

Quise decirles 
que el arte no es distinto de la vida 
y a veces nos reserva, 
en medio de la noche más cerrada, 
una pasión antigua, un gesto cálido 
Igual que el sol de octubre 
a principio de curso.




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