domingo, 3 de noviembre de 2019

Reina Roja y Loba Negra – Juan Gómez-Jurado














Al hablar de Reina Roja y Loba Negra no voy a volver a repetir lo adictivas que son y cómo enganchan al lector desde el principio, dejándolo al final con un serio síndrome de abstinencia: todo esto es muy cierto pero poco sorprendente en novelas de un género que por algo se llama thriller. Lo realmente intrigante de estos libros es la conexión inmediata que se establece entre el lector y el mundo de los dos excéntricos protagonistas de la serie. Dos figuras que fácilmente podrían haberse quedado en arquetipos del género (el poli grandote y bonachón, la cerebrito asocial con dificultades afectivas) pero que el autor rápidamente sabe convertir en seres de carne y hueso que van a vivir un bromance particular, en sustitución muy acertada de la tensión amorosa y sexual que suele condimentar los thrillers de habla inglesa y cuya total ausencia hace tan insulsos los escandinavos. Y lo que es aún más curioso y fundamental: todos los personajes secundarios e incluso de reparto que van apareciendo a lo largo de las dos novelas (y son muchos y muy variados) van a tener una personalidad y una vida propias. Por muy breve que sea su presencia en la escena, nunca van a ser figuras de cartón piedra puestas para rellenar hueco, sino que se sienten como verdaderos seres humanos cuya historia quizás también habría merecido ser contada en otra novela.
Es que Juan Gómez-Jurado se revela como un maestro del retrato de caracteres y de ambientes, que además ha sabido hacer suyo el consejo de Faulkner: «In writing, you must kill all your darlings». Y así, con una alusión cultural o musical bien colocada, un par de frases pulidas hasta su mínima expresión, y la retranca de un narrador omnisciente que mira a sus personajes como lo haría una abuela sarcástica, el autor ha conseguido ser capaz de sumergir al lector desde la primera página en un mundo propio y muy tarantinesco compuesto de acción trepidante, humor y crímenes espeluznantes. Pero la gran diferencia con la gran mayoría de thrillers que pueblan las librerías es que el lector cuenta también desde la primera página con la complicidad implícita y constante del autor, cuya presencia va a sentir como la de un compañero de viaje a lo largo de toda la lectura y de quien le va a doler despedirse después de acabar el libro.

Saber hacer esto es puro Fingerspitzengefühl, es estar dotado del superpoder de tener magia creadora en los dedos y saber utilizarla para el beneficio de los lectores y no para el lucimiento personal. Estos libros son pura ilusión adolescente para lectores de cualquier edad y condición, la ilusión de los doce años de abrir las páginas de un libro y sumergirse por completo en una historia deseando que el tiempo se alargue y el libro no se acabe nunca.



No hay comentarios: