viernes, 22 de noviembre de 2019

Blitz – David Trueba



Si hay algo que David Trueba sabe hacer bien en sus obras, es retratar el lado más derrotista del ser humano y al mismo tiempo iluminar sus escasas victorias, siempre insuficientes pero que le permitirán seguir adelante un día más. Esto, en un principio, hace a sus libros incómodos y poco atractivos para la lectura: poblados de seres más bien desagradables y muy poco remarcables, sus historias no provocan demasiado interés y su incapacidad de acción y reacción puede poner de los nervios al lector más empático. Pero, de alguna manera, la historia que se cuenta acaba por calar hasta el otro lado de la página.

Y todo esto sucede sin ninguna duda en Blitz, que se abre con la temática de los problemas laborales y personales de una pareja de millennials, una generación
poblada de niños mimados, incapaces de afrontar las dificultades, [...] todos deprimidos y tristes, buscando culpables a los que poner una demanda por malos tratos psicológicos.
Esta temática se va ampliando a otros pequeños grandes males de la sociedad actual: el deterioro del espacio público, la incapacidad de conectar con los demás de manera significativa, la lucha contra el tiempo unida al miedo a envejecer y, más que nada, la incomodidad de formar parte de una sociedad que observa y juzga siguiendo parámetros que hemos hecho nuestros y aplicamos sin haber reflexionado mucho sobre ellos. Así, en un momento dado, el protagonista narrador confiesa:
Empecé a reír en silencio. Me miraba desde fuera, con los ojos de mis amigos y conocidos, y la conclusión era grotesca. Me miraba como me miraría alguien desde el lado incómodo del televisor.
Respuestas, soluciones o finales felices no vamos a encontrar, porque el tiempo fluye y en realidad nada se acaba nunca. Pero algo de justicia poética sí que habrá al final del libro, haciendo al lector cerrar sus páginas con una satisfacción tan extraña como inesperada.



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