sábado, 27 de abril de 2013

El atlas de las nubes - David Mitchell


No juzguen el libro por su película.  La novela de David Mitchell es mucho más que un juego de reencarnaciones y vidas cruzadas, es sobre todo un viaje de ida y vuelta a través del tiempo, de las historias de los personajes y también del lenguaje.  Un viaje en el que aprenderemos que si una vida no es más que una gota en un océano infinito, el océano existe gracias a la multitud de gotas que lo componen.  Un rayo de esperanza que no aparece hasta el final, porque a lo largo del libro el autor demuestra no tener muchas ilusiones sobre la naturaleza humana ni sobre nuestro futuro como raza. 

Avanzando por el tiempo a través de las historias que componen la novela, y especialmente cuando retrocedamos de vuelta a través de ellas hasta el punto de partida, iremos descubriendo que el ser humano más que progresar, degenera en formas cada vez más sofisticadas de violencia, dominio y explotación.  Aunque la bondad, el amor, la sensibilidad, están presentes en la historia, es finalmente la fuerza del más despiadado la que se impone.  Los avances tecnológicos estarán al servicio de la dominación y el enriquecimiento de una élite, el lenguaje se irá empobreciendo e infantilizando hasta ser apenas capaz de expresar el nivel más básico de comunicación e introspección.  La aniquilación del hombre por el hombre va a ser la nota constante en todas las épocas y lugares visitados.

Y sin embargo será el diario de un buen hombre, la música de un genio desgraciado, la bondad de una esclava elevada a diosa a su pesar, lo que consiga ofrecer alivio, dar sentido o iincluso esperanza a alguna vida de la siguiente generación.  Los individuos van a ser los perdedores de la historia pero los vencedores de la posteridad, ese océano donde se disuelven todas las gotas de nuestras vidas y van dejando su huella, infinitesimal pero tangible.  El atlas de las nubes es una novela de una hermosura brutal y de un terrible optimismo desesperado, una gran lectura en estos tiempos tan malos para la lírica.