martes, 31 de enero de 2012

Pequeños cuentos misóginos, Patricia Highsmith


Borges lo sabía bien, el punto de vista del lector es una parte fundamental de la creación literaria sobre la que el autor no tiene control alguno.  Patricia Highsmith escribió estos cuentos hace casi cuarenta años, y aunque haya lectores (o lectoras) actuales que se pregunten cómo pudo escribir una mujer tales historias, tal vez la pregunta más acertada sería si pudo no escribirlos.  Publicados en la época álgida de las luchas feministas, esta obra se distingue de otras creaciones femeninas de los setenta por no dirigir sus dardos envenenados contra los “cerdos chauvinistas masculinos”, sino contra la mujer parásito instalada con gusto en su papel de hembra receptora y pasiva capaz de dominar desde la debilidad y la dependencia.  Aunque son historias en bastantes ocasiones tan sobradas de malas intenciones como faltas de verdadera inspiración literaria, los relatos más conseguidos de este librito logran su objetivo:  inquietar, indignar, revolver los mejores y los peores sentimientos del lector y sobre todo dar qué pensar después de su lectura.  Un buen ejemplo de la literatura como un arma, de una época en la que todavía era lícito que el artista tuviera otro objetivo que hacerse rico y famoso. 
El original en inglés es prácticamente inencontrable, si me lo pude leer fue gracias a que tengo muy buenas amigas con aún mejores bibliotecas y una generosidad sin límites.

viernes, 27 de enero de 2012

La conjetura de Perelmán, Juan Soto Ivars


Este es un libro que no está nada mal, pero a mí sin embargo me ha decepcionado.  No ha resultado ser lo que me esperaba, aunque tampoco sé muy bien exactamente cuáles eran mis expectativas. Tal vez algo más rompedor, teniendo en cuenta el propósito explícito del autor de disolver la frontera entre la literatura popular y la elitista.  Y podría haberlo conseguido, porque apunta muy buenas maneras literarias, tiene un estupendo dominio de la estructura y del tiempo narrativo y sabe mezclar lo patético con lo ridículo hasta conseguir un resultado que se parece mucho a la realidad.

El problema radica en que es un libro construido sobre unos sucesos poblados por caracteres, en lugar de ser una obra que cuenta la historia de unos personajes: y la diferencia aquí resulta fundamental.  Los caracteres protagonistas tardan demasiado en tomar forma, no consiguen cobrar personalidad propia hasta el final de la novela y para entonces ya es demasiado tarde para que el lector pueda llegar a interesarse por ellos.  Realmente es una lástima, porque estoy convencida de que Juan Soto Ivars tiene la capacidad de crear cosas potencialmente geniales.  Pero esta vez no ha podido ser.

lunes, 23 de enero de 2012

La ciudad - Karmelo C. Iribarren


Un paquete imprevisto de Amazon.es me esperaba hoy en el buzón al volver a casa.  Al abrirlo me he encontrado con que los milagros ocurren una y otra vez:  desde otra ciudad y otra vida un viejo amigo de los que merece llevar ese nombre me ha mandado un ejemplar de La ciudad de Karmelo C. Iribarren.

El poeta escribe:

Los viejos amigos ya no somos
amigos, pero vamos camino
de ser viejos.  Algo es algo.
A algunos me los cruzo todavía
por ahí;  los hay que incluso mueven
un poco la cabeza, pero son los menos,
casi todos van mirando al infinito,
así es imposible que me puedan ver.
Yo sí los veo, y ni siquiera
me molesto;  es la vida, me digo,
que te acaba poniendo en su lugar:
El mío, el de siempre, el asfalto.
El de ellos, ellos sabrán.
Y esto muchas veces es así, desgraciadamente.  Pero no siempre, Karmelo.  No siempre.


martes, 17 de enero de 2012

Otra ciudad, otra vida - Karmelo C. Iribarren



La Fnac de mi ciudad de origen es el cementerio de los libros olvidados, allí se pueden encontrar todos los títulos inencontrables en otras librerías más frecuentadas por quienes un amigo suele llamar “lectores pata negra”.  Hace poco se volvió a cumplir el milagro y logré hacerme con el que debe de ser el último ejemplar disponible de Otra ciudad, otra vida de Karmelo C. Iribarren.

Pero el verdadero milagro se produjo después, cuando empecé la lectura del poemario en una de las plazas más concurridas de la ciudad.  Leer sobre la soledad y la lluvia sentada al sol entre montones de gente puede resultar una experiencia inolvidable cuando se establece un diálogo de lectora a poeta desde otra ciudad y otra vida, en ese común denominador de seres humanos que tan certeramente sabe plasmar en sus poemas el autor, con la engañosa y asombrosa simpleza de la que solamente son capaces los mejores, los más grandes.  El libro fue un hallazgo, y el poeta todo un descubrimiento.  Ahora me toca encontrar La ciudad, la antología que recoge sus poemas de 1985 hasta 2008.  Espero que los hados libreros me vuelvan a ser propicios.

martes, 10 de enero de 2012

La muerte lenta de Luciana B., Guillermo Martínez



No sé qué me pasa con Guillermo Martínez que sus libros me gustan mucho pero no me terminan de convencer.  Leí con mucho gusto Los crímenes de Oxford, pero el libro no consiguió entusiasmarme.  Y me compré con mucho gusto La muerte lenta de Luciana B., lo leí con interés y casi de un tirón, pero tampoco ha logrado convencerme.  El estilo narrativo del autor es muy de mi agrado, los temas que trata me interesan y el ritmo y la estructura de sus novelas suelen estar bastante conseguidos.  Es en la resolución de sus argumentos donde se rompe la química entre nosotros, y la verdad es que no sabría decir por qué.  Así que lo único que puedo decir sobre esta novela es que me ha parecido un buen libro, que he disfrutado leyéndolo y que no me ha gustado.  Y que pienso leerme el próximo libro del autor que caiga en mis manos, a pesar de todo.  Disculpen la incoherencia.