lunes, 30 de abril de 2012

Trilogía Fifty Shades


Dicen los que saben de esas cosas que el éxito fulgurante de la novela romántico-erótica Fifty Shades of Grey y sus dos continuaciones está directamente relacionado con el medio electrónico en el que vio la luz:  el público mayoritariamente femenino que ha comprado, leído, disfrutado y difundido estas novelas se ha refugiado para hacerlo en el anonimato que los soportes electrónicos ofrecen a la lectura, sin portadas reveladoras del tipo de contenido (fantasías sadomasoquistas) de la misma.  La primera novela surgió en un sitio web para fans de Crepúsculo y fue después lanzada al mercado electrónico por una editorial independiente.  Fifty Shades of Grey fue una primera novela creada sin pretensiones algunas y con completa libertad creadora, lo que se traduce en un contenido explícito, humorístico y sin complejos que con la excusa de una relación romántica extrema investiga las luces y las sombras de los sentimientos amorosas de manera inesperadamente perspicaz.
El contraste con la segunda entrega de la trilogía no podría ser mayor.  La autora de Fifty Shades Darker ya no es una escritora anónima la que da rienda suelta a su imaginación para un público desconocido, y eso va a repercutir de manera muy negativa en el desarrollo de la obra.  Los juicios morales y la mentalidad burguesa, que brillaron por su ausencia en la primera novela, hacen ahora su aparición echando por tierra todo lo que de fresco y rompedor tenía la historia.  Y el protagonista Christian Grey, al verse obligado a justificar su lado oscuro para que la mayoría bienpensante considere aceptable su relación con la inocente Anastasia Steele, va perdiendo su peligroso encanto página a página para convertirse en una figura tan decorativa como inofensiva.  La propia Anastasia no puede evitar expresar sus dudas sobre el cambio que está provocando en su amante:  al fin y al cabo, quien se enamora de un tigre no se conforma con acabar con un gatito.  Pero por desgracia es una buena chica y va a terminar arrastrando al señor Grey a la luz.  Una lástima.  Me los he dejado  tumbados en una playa de Mónaco al principio de Fifty Shades Freed, y ahí se van a quedar en lo que a mí respecta.

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