miércoles, 4 de abril de 2012

Sobre la belleza de Howards End



Es curioso cómo unos libros llevan a otros.  Después de leer Sobre la belleza de Zadie Smith me picó la curiosidad lectora al enterarme de que la autora se había inspirado para escribir su libro en Howards End de E.M. Forster.  La comparación entre estas dos novelas daría para una tesis doctoral, tanto por sus similitudes como por sus diferencias, pues resulta fascinante comprobar cómo ha cambiado la literatura en los cien años que separan un libro de otro, y cómo ha cambiado también la sociedad en algunos aspectos (la emancipación femenina) mientras que en otros la situación es prácticamente la misma (las diferencias de clase por motivos económicos).  Zadie Smith ha llevado a cabo además una irónica y muy acertada modernización de la trama, introduciendo el conflicto racial y de lo políticamente correcto en las interacciones personales y sociales de los personajes.  Y ha dado también un divertido giro al tema del reloj biológico y los instintos de cada sexo:  si en Howards End las dos “mujeres libres” que protagonizan la novela acaban renunciando a su libertad a favor del deseo instintivo de ser esposas y madres, los dos caballeros de mediana edad cuyo antagonismo ideológico es el hilo conductor de Sobre la belleza coincidirán en la necesidad irrefrenable de probar su masculinidad declinante con toda mujer que se les ponga a tiro.

En cuanto a la técnica literaria, hay una gran diferencia en el papel del narrador en cada novela: si el narrador omnisciente de Forster aún podía permitirse hacer todo tipo de comentarios sobre las situaciones, los personajes y la vida en general, Zadie Smith desaparece en un segundo plano dejando que los propios personajes hablen por sí mismos y que el lector saque sus propias conclusiones sobre las situaciones planteadas.  Esto hcae que hace que la novela de Forster dé una impresión de mayor coherencia temática que la de Zadie Smith, en la que hay sucesos y giros de la trama que resultan un tanto inconsistentes pero bastante más realistas y auténticos que el perfecto círculo argumental que cierra Forster en su novela.  Donde no hay tesis alguna no se puede llegar a ninguna conclusión final.

Cada lector preferirá uno u otro libro según sus gustos.  Y la mayoría será capaz de apreciar los dos, cada uno dentro de su propio estilo.  La lectura consecutiva de ambos servirá en cualquier caso para comprobar que no todos los clásicos son aburridos tostones costumbristas, ni todas las novelas contemporáneas tratan de las diferentes perspectivas desde las que el narrador se dedica a mirarse el ombligo.

1 comentario:

Pablo dijo...

Qué máquina lectora que eres... Me apunto las dos porque no he leído ninguna de ellas.