sábado, 24 de marzo de 2012

Paseos con mi madre, Javier Pérez Andújar


Me ha dejado un poco triste la lectura de este estupendo libro, quizás contagio de la tristeza que sintió el autor al escribirlo o que incluso le llevó a escribirlo. Si en Los príncipes valientes se rememoraba con toda la magia de la niñez una época dura pero entrañable, en Paseos con mi madre el autor evoca el pasado desde los restos de él que han quedado en el presente y el balance es desalentador. Entre una época que agoniza y de la que no quiere formar parte y una sociedad actual en la que no ha logrado encontrar su sitio, el autor se refugia en el único reino al que siempre ha pertenecido: el de la palabra. Quien alguna vez haya sufrido algún tipo de desarraigo, conocerá bien el consuelo que el idioma y los libros pueden ofrecer a la persona errante.

Un párrafo que merece mármol:
La democracia la fueron conquistando estos hombres y mujeres calle por calle, árbol por árbol. La democracia es una cosa que se puede tocar, y que esta gente tuvo en sus manos durante días seguidos y noches enteras. Conseguir un colegio público en un barrio que no lo tenía; la construcción de un ambulatorio donde no llegaban los médicos; dejar una plaza sin edificar para que los niños jueguen; hacer un polideportivo para que el único deporte no sea apedrear perros; lograr que pase el autobús por donde no pasaba nada o que llegue el megtro a donde no llegaba para poder ir al trabajo sin necesidad de pisar charcos, sin aguantar la lluvia y el frío de la madrugada, sin andar por los descampados que separaban el barrio de los transportes públicos, esa es la democracia que hicieron realidad estas gentes encerrándose en los locales de sus asociaciones de vecinos, encadenándose a verjas, cortando el tráfico, protestando en la calle, luchando. La democracia es algo que se ve y se toca, y donde no se percibe es que no la hay. La democracia es ante todo una cosa de manobras porque en última instancia se hace con las manos. Y todo esto que ya está, los ambulatorios, las bocas de metro, los colegios públicos..., es también lo primero que se pierde cuando desaparece la gente que lo ha traído. Quienes llegan detrás creen que eso lo pone la naturaleza, como las hierbas y los saltamontes. Pero lo pone la política, y las cosas hay que conquistarlas permanentemente.

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