lunes, 13 de febrero de 2012

El verano sin hombres, Siri Hustvedt


La protagonista-narradora de esta novela me ha arruinado un libro que de otra manera podría haberme gustado mucho. Y no entiendo bien esta antipatía mía por el personaje, me molesta de ella que sea tan egocéntrica y tan pedante pero he leído libros de grandes egocéntricos (Philip Roth) y grandes pedantes (Borges, Cortázar) que me han encantado. Aunque mis pedantes favoritos citan constantemente a otros autores de manera natural, es algo que les sale de dentro, y además son capaces de ironizar y relativizar su conocimiento enciclopédico. Mientras que Mia usa su conocimiento y sus muchas lecturas como otras mujeres usan un bolso de Gucci o unos zapatos de Prada, es un complemento de su personalidad que le sirve para situarse por encima de los otros. En cuanto a su egocentrismo, a diferencia de los narradores en primera persona de Philip Roth que no tienen problema alguno en admitir lo peor de sí mismos (estoy pensando sobre todo en Mi vida como hombre) todos los problemas de Mia parecen proceder del exterior: un padre autoritario y ausente, malas experiencias con las amigas en la pubertad, un marido poco expresivo y poco colaborador en casa. Lo que Mia considera introspección no es más que una larga lista de quejas sobre lo injusto de su vida, sin querer apreciar lo mucho y bueno que ha tenido. 

Por suerte la novela está llena de personajes secundarios que establecen un sano contrapunto y suponen un soplo de frescura y realidad en el relato de alguien que parece no ser capaz de mirar mucho más allá de su propio ombligo.  Me gustó mucho la idea de ejemplificar en la novela las diferentes edades de la mujer y los problemas y conflictos propios de cada una de ellas (la niña, las adolescentes, la joven madre, la mujer madura, las ancianas). Son todos ellos además personajes muy atractivos y con personalidad propia, los secundarios son lo mejorcito de la novela, por eso hay que lamentar que hacia el final la narradora atraiga hacia sí todo el protagonismo y entre en una diatriba sobre la marginación histórica de la mujer.  Al final resulta ser un libro feminista, del tipo de feminismo lacrimógeno actual que ya no reivindica nada ni lucha por nada, solamente se sienta en un rincón y se queja de la falta de reconocimiento masculino hacia el lado femenino de la sociedad.

Siri Hustvedt sabe escribir, de eso no cabe duda. Pero no me gustan ni su personalidad ni sus ideas, y este libro es uno demasiado personal de la autora para que me pueda resultar atractivo. 

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