martes, 7 de febrero de 2012

13,99 euros – Frédéric Beigbeder


Esta novelita antiépica nos narra la caída hacia arriba de Octave Parango, un creativo publicitario francés que aspira a que le despidan del trabajo porque se da cuenta de que su profesión está acabando con su vida.  Pero lo único que consigue es ascender cada vez más en su empresa mientras sus fracasos como ser humano se van acumulando hasta llegar a convertirlo en una patética caricatura de sí mismo, en un entorno que es un retrato grotesco y deforme del mundo occidental del siglo XXI. 

La verdad es que el hundimiento de Octave en el éxito demoledor está muy bien narrado.  Resulta evidente que la intención del autor es provocar, pero si la provocación viene servida en un vehículo literario bien construido y que funciona no tengo nada que objetar al respecto.  Ignoro hasta qué punto la estupenda traducción de Sergi Pàmies ha “mejorado” (o no) la prosa del original, pero la novela traducida que yo me he leído tiene una potencia lingüística eficaz, turbadora y conmovedora que sirve de equilibrio a los excesos exhibicionistas argumentales hasta formar una totalidad novelística que a mí me ha convencido y me ha gustado.
Octave declamaba en voz alta el fragmento de «Paroles, paroles» recitado por Alain Delon en la canción de Dalida:
«Es extraño no sé lo que me ocurre esta noche te miro como si fuera la primera vezno sé cómo decírtelo pero eres una hermosa historia de amor que nunca dejaría de leer eres de ayer y de mañana de siempre mi única verdad.»
Es curioso cómo el segundo sentido adquiere, a veces, más importancia que el primero. 
«Eres como el viento que hace cantar los violines y arrastra el perfume de rosas a lo lejos.» 
Ya nadie de su generación se atreve a hablar así.
«Eres para mí la única melodía que hace bailar las estrellas sobre las dunas.»
Ha escuchado tantas veces esas palabras, gritando de risa con amigos borrachos.¿Por qué les parecían tan ridículas? ¿Por qué el romanticismo nos hace sentir tanincómodos? Nos avergonzamos de nuestras emociones. Combatimos la emoción como sifuera la peste. No es deseable glorificar la sequedad.
«Eres mi sueño prohibido mi único tormento y mi única esperanza.»
Las secretarias se mondan de risa pero en realidad se derritirían en un mar delágrimas ante el primer tío que, mirándolas fijamente a los ojos, se atreviera a decirles «eres mi sueño prohibido».(pg. 149-50)

1 comentario:

núria dijo...

El otro dia lo encontré por casualidad buscando otra cosa, me acordé que lo estabas leyendo y lo afané. Un día de estos me lo leo.