martes, 31 de enero de 2012

Pequeños cuentos misóginos, Patricia Highsmith


Borges lo sabía bien, el punto de vista del lector es una parte fundamental de la creación literaria sobre la que el autor no tiene control alguno.  Patricia Highsmith escribió estos cuentos hace casi cuarenta años, y aunque haya lectores (o lectoras) actuales que se pregunten cómo pudo escribir una mujer tales historias, tal vez la pregunta más acertada sería si pudo no escribirlos.  Publicados en la época álgida de las luchas feministas, esta obra se distingue de otras creaciones femeninas de los setenta por no dirigir sus dardos envenenados contra los “cerdos chauvinistas masculinos”, sino contra la mujer parásito instalada con gusto en su papel de hembra receptora y pasiva capaz de dominar desde la debilidad y la dependencia.  Aunque son historias en bastantes ocasiones tan sobradas de malas intenciones como faltas de verdadera inspiración literaria, los relatos más conseguidos de este librito logran su objetivo:  inquietar, indignar, revolver los mejores y los peores sentimientos del lector y sobre todo dar qué pensar después de su lectura.  Un buen ejemplo de la literatura como un arma, de una época en la que todavía era lícito que el artista tuviera otro objetivo que hacerse rico y famoso. 
El original en inglés es prácticamente inencontrable, si me lo pude leer fue gracias a que tengo muy buenas amigas con aún mejores bibliotecas y una generosidad sin límites.

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