miércoles, 21 de septiembre de 2011

El verano de los juguetes muertos, Toni Hill

Este es el libro que todo el mundo se iba a leer este verano que acaba de terminar, según la editorial. Un buen amigo (gracias Migue) me proporcionó la ocasión de poder formar parte de ese ‘todo el mundo’ y con ello la ocasión de ser la nota discordante frente a las muchas críticas positivas que ha ido recibiendo la novela.

¿Acaso no me ha gustado? Pues sí y no, es algo complicado. El libro está sin duda bien construido, y ese es justamente el fallo que yo le veo: está demasiado bien construido, las piezas encajan las unas en las otras como si de una caja de construcciones de Lego se tratara, una de esas cajas recién compradas donde no falta ni sobra ningún elemento. Hay el número preciso de personajes, con la variedad adecuada de sexo, edad, orientación sexual, nacionalidad, raza y profesión. Las clases altas son arrogantes, las clases bajas tienen miedo y son explotadas, los curas esconden vergonzosos secretos y los jóvenes se comunican por Facebook, MSN y blogs. Es lo que se puede llamar una novela de su tiempo, parece que hubiera sido diseñada por ordenador para obtener la mezcla correcta de ingredientes destinada a entretener al lector, engancharle y dejarle con ganas de más. Y sin duda ha conseguido su objetivo, a la vista están el éxito y las alabanzas que sin duda merecidamente van recibiendo el autor y su obra. Pero a mí no me ha convencido, más que una novela me ha parecido un producto perfectamente fabricado al que le falta personalidad propia y alma literaria. O al menos yo no he conseguido encontrárselos.

La novela negra mediterránea, que al parecer Toni Hill quiere reivindicar con esta obra frente al dominio de los escritores nórdicos, ya la inventó hace años Vázquez Montalbán con su genial detective Carvalho sobre el telón de fondo de una Barcelona sucia y preolímpica en novelas incorrectas, irregulares y que dejaban al lector knockeado tras la lectura. Sin embargo, es indudable que el mundo novelesco de Toni Hill está mucho más en sintonía con la realidad actual, me temo que mis gustos de novela negra se han quedado bastante desfasados.