jueves, 23 de junio de 2011

La importancia de llamarse Fred Vargas

Mi descubrimiento de este verano ha sido la autora francesa Fred Vargas y sus tres primeras novelas policíacas: El hombre de los círculos azules, El hombre del revés y Huye rápido, vete lejos, que me he leído seguidas y del tirón. El comisario Jean Baptiste Adamsberg es un personaje desconcertante e impenetrable que no sabe decir otra cosa que "no lo sé" y que atrapa a los asesinos por puro instinto y a base de indirectas. Como todo detective literario que se precie es un personaje carismático y con un carácter muy particular, con un par de manías personales que lo distinguen y lo separan del resto de sus compañeros de trabajo y cuyos jefes no siempre aprecian sus modos alternativos de resolver los casos. Nada nuevo bajo el sol en este sentido.

¿Qué hace entonces tan especial la lectura de estas novelas? Lo primero de todo, que la autora sabe escribir y sabe dotar también a sus personajes de un perfil muy personal y distintivo, sin olvidarse de la importancia de todo un elenco de caracteres secundarios que le servirán para crear un ambiente muy peculiare ir dibujando una trama que será como mínimo inusual. Y el comisario Adamsberg tiene mucho del famoso detective televisivo Colombo: igual de descuidado en su aspecto físico y de observador en sus deducciones, fijándose en las cosas en las que nadie se fija llegará a las conclusiones más peregrinas que sin embargo finalmente acabarán siendo las correctas. Pero mientras Colombo era escrupulosamente fiel a su señora y su cacatúa, Adamsberg es incapaz de mantener una relación monógama con su muy amada Camille. Aunque bajito y flaco, el comisario emana un encanto irresistible para todas las féminas que se cruzan por su camino, y él por delicadeza no sabe decirles que no, un rasgo este muy mediterráneo dentro de un género novelístico dominado por los escritores anglosajones y escandinavos. A Wallander, Dalgliesh o incluso Brunetti sus progenitores intelectuales nunca los dejarán pasar por tales aprietos, hay que remontarse casi a Pepe Carvalho para encontrar tanta actividad amorosa entre deducción y deducción detectivesca.

Al parecer la autora eligió este apellido para su pseudónimo, al igual que su hermana pintora, como homenaje a la protagonista de la película La condesa descalza. No sé si era consciente cuando hizo esta elección que sus libros irían a parar justo delante de las obras de Mario Vargas Llosa, una mezcla que no deja de tener su punto de encanto cuando veo sus obras en la biblioteca, bien etonées de se trouver ensemble. O al menos esa es la impresión que dan.

viernes, 17 de junio de 2011

Todo lo que se llevó el diablo, Javier Pérez Andújar



Al Greco, si te fijas, le pasa como le ha ocurrido a don Antonio Machado, es el hombre ultramoderno que se extasía ante la España vieja.

Pero además pensó que un poco de eso también le ocurría a él

(página 213)


Pérez Andújar se ha quedado extasiado ante las historias de las Misiones Pedagógicas Republicanas, que tenían como objetivo fomentar la cultura y la educación en los pueblos más remotos de la España profunda, y ha querido hacerles un homenaje en este libro. Un propósito muy acertado, porque el tema se lo merece y además cuenta con buenos personajes para ilustrarla, aunque el name dropping de la flor y nata de la intelectualidad española de los años 30 llega a cansar un poco, lo mismo que los improbables cameos de los famosos que van apareciendo en la trama. Pero el mayor problema es que Pérez Andújar también es un ultramoderno, y esto al parecer le obliga a deconstruir la historia antes de poder empezar a contarla. Un grave error, en mi opinión, porque la historia de estos maestros idealistas enfrentados a las peores fuerzas de la naturaleza y del ser humano lo que pide a gritos es una forma narrativa tradicional de romance o de fábula, dejando desde el principio constancia de las fuentes orales y escritas (las cintas del dibujante, el diario del maestro) que la han salvaguardado hasta llegar a las manos del lector actual, en lugar de dejar estos hallazgos para el final, cuando ya poco importa.

Una estructura lineal le habría sentado a esta historia mucho mejor que todas estas galas modernas y caóticas que la afean y la devalúan. Para mi gusto se trata de una novela muy bien escrita pero muy mal contada y aún peor dialogada, la prueba de que un buen escritor con una buen historia no va a dar necesariamente como resultado un buen libro. Lo que sí ha conseguido este buen escritor es ganarse una nueva lectora, porque el libro no me ha gustado pero su autor sí, y mucho. No será este el último libro suyo que me lea.

sábado, 11 de junio de 2011

El Gran Gatsby

Acabo de leerme El Gran Gatsby de Scott Fitzgerald, y tenía pensado escribir una entrada en el blog explicando por qué el libro no me ha terminado de convencer. Pero nada tengo que añadir a lo que alguien que escribe bastante mejor que yo dijo al respecto hace ya un tiempo, así que le cedo la palabra al escritor peruano Fernando González Nohra en el estupendo artículo que publicó en el blog literario Escrito para: El Gran Gatsby

sábado, 4 de junio de 2011

Sputnik, mi amor, Haruki Murakami


Hay diferentes maneras posibles de leer una novela de Murakami. Puedes leerla de forma literal, con el riesgo de aburrirte profundamente porque sus temas se repiten hasta la saciedad: el narrador masculino en primera persona conoce a chica rarita, a veces un múltiplo de ellas, y este conocimiento le acabará llevando tarde o temprano a una realidad paralela a la que entrará o no, y en la que quedará atrapado o de la que podrá escapar. También es posible enfrentarse a sus libros en modo decodificador, buscando sentidos ocultos en cada suceso, en cada luna, en cada gato y en cada cuervo que aparezca. Pero me parece que la mejor manera de disfrutar de sus libros es un estadio intermedio entre ambos extremos, el propio narrador de sus novelas suele explicarle a la chica de turno en un momento dado de la obra qué es una metáfora y por qué nos servimos de símbolos, frases hechas y comparaciones al hablar: porque hay cosas que no se pueden explicar con las palabras de cada día, que escapan a la lógica del lenguaje y necesitan ser captadas con la sensibilidad y no con los sentidos.

En esta novela la metáfora central es el Sputnik, el satélite artifical que gira alrededor de la Tierra en completo aislamiento. En algún momento su órbita se podrá cruzar con la de otro Sputnik que pase por allí, pero no dejará de ser un fenómeno pasajero y ambos satélites tendrán que continuar sus vueltas solitarias alrededor del planeta hasta que finalmente acaben estrellándose en la atmósfera cuando termine su periodo de funcionamiento. La incomunicación, la imposibilidad de llegar a conectar con los demás, el mundo externo como una amenaza, son los temas que irán surgiendo de forma velada o explícita a partir del triángulo amoroso que forman los protagonistas de la novela: chico está enamorado de chica, chica está enamorada de señora casada. Un planteamiento bastante claro de un argumento que también avanza sin virajes bruscos ni saltos temporales, hasta llegar a un final inconclusivo y extraño que deja al lector con la impresión de no haber entendido nada de lo leído. O tal vez sea que realmente no hay nada que entender fuera de la metáfora central de la obra, y es cierto que algunas historias se acaban sin haber tenido realmente un final. Muy buen libro, en cualquier caso, para quien se conforme con las sensaciones derivadas de la lectura y no necesite más conclusión que un punto al final de la última frase.