domingo, 24 de abril de 2011

Sh*t My Dad Says, Justin Halpern


Muy mal traducido al español como Las chorradas de mi padre, este libro tiene su origen en una página de Twitter donde Justin Halpern fue publicando las frases más memorables que oía decir a su excéntrico padre a diario. No puedo imaginarme un origen peor para un libro, y empecé a leerlo sin expectativa alguna (bueno miento, expectativas tenía, pero todas pésimas). De manera que yo misma fui la primera sorprendida al encontrarme con un libro sin pretensiones, divertido y entrañable, sobre un hijo y su padre no muy convencional. Una relación que no tiene nada que ver con las que aparecen en las películas de Disney o en los libros de cómo educar a tus hijos, pero que es la que Justin Halpern y su padre tienen, y a ellos les funciona bien así. El autor no intenta embellecer la realidad ni ennoblecer la figura de su padre, ni falta que le hace. Con un candor y una espontaneidad que no le impiden hacer uso de su indudable talento como escritor, Halpern jr alterna en su libro citas breves de su padre sobre todo tipo de situaciones cotidianas con relatos algo más extensos de anécdotas de su vida en común. El resultado es un homenaje del hijo a un padre que tuvo que desempeñar su papel sin otro manual de instrucciones que el amor y sus convicciones personales, y que ha sabido ser consecuente consigo mismo durante toda su vida. Temía encontrarme un libro postmoderno y afterpunk, y ha resultado ser una obra tan personal y humana que no parece de este tiempo.

viernes, 15 de abril de 2011

El alquimista impaciente, Lorenzo Silva


En 1995 me compré por casualidad y curiosidad un libro llamado Noviembre sin violetas, la primera obra de un tal Lorenzo Silva publicada por una oscura editorial llamada “Ediciones libertarias”. Y me encantó el libro. Como eran tiempos sin Internet, tuvieron que pasar casi quince años antes de que me enterara desde el destierro hereje de que un tal Lorenzo Silva se estaba haciendo mundialmente famoso en nuestro país con una serie de novelas sobre una pareja de guardias civiles. Y aún tuvieron que pasar unos cuantos años más para que esa serie de novelas finalmente cayera en mis manos, gracias a la estupenda idea que ha tenido el autor de ofrecerlas en pack para el lector de libros electrónicos por un precio de risa.

La segunda novela de la serie, El alquimista impaciente, fue galardonada con el premio Nadal en el año 2000 y es una obra deliciosa que se lee de un tirón y deja un estupendo sabor de boca. La intriga detectivesca no llega a la altura de los enredos escandinavos a los que estamos acostumbrados en la actualidad, pero el autor sabe compensarlo con unos personajes que si bien pecan algo de arquetípicos (no se puede profundizar demasiado en la psicología de un elenco tan amplio en menos de 300 páginas) sí que están dibujados con unas pinceladas muy certeras y producen además unos diálogos que son de los mejores que se han escrito en nuestras letras. Otra diferencia importante con los thrillers actuales es que Lorenzo Silva demuestra ser un optimista incurable en lo que se refiere a la naturaleza humana: por su novela desfilan una serie de personajes malvados y sin escrúpulos, pero al mismo tiempo aparecen también unos cuantos hombres y mujeres íntegros, con principios, no necesariamente simpáticos pero sí con una conciencia y un fuerte sentido de la justicia. Y lo mejor es que estos personajes resultan totalmente creíbles y son capaces de convencernos aunque sea por unos momentos de que no todo está perdido. Que no todos los días tiene una el cuerpo para escepticismos posmodernos.

domingo, 3 de abril de 2011

Ah, Sweet Mystery of Life: The Country Stories of Roald Dahl


Este libro recopila siete relatos que Roald Dahl fue publicando por separado entre los años 1940 y 1950, pero que una vez reunidos forman un volumen de una sorprendente unidad temática, argumental y estilística. He leído una reseña en la que califican estos cuentos como “escalofriantes historias de fantasmas sin fantasmas”, y me parece la descripción perfecta del sentimiento de inquietud que permanece en el lector tras leer unas historias en apariencia tan inocentes y pintorescas.

Los misterios y excentricidades de la vida rural que ejemplifican estos cuentos se nos presentan de la mano de un narrador en primera persona, que actúa como observador externo y objetivo (aunque en ocasiones también se implica en la acción) de la conducta, costumbres y razonamientos de sus amigos y vecinos del pueblo inglés al que ha ido a vivir, y la implacable lógica del sentido común que aplican estas gentes para sus acciones más bárbaras, sorprendentes, repulsivas o simplemente inimaginables. La ironía es tan sutil como negro es el humor, y un lector desatento podría llegar a pensar que el autor se limita a hacer la crónica costumbrista de un pueblo cualquiera y sus gentes. Pero está claro que Roald Dahl solamente cuenta lo que quiere contar, que su elección de personajes, situaciones y desenlaces ha sido muy meditata para dar como resultado una composicón que podría haber sido inspirada por un cuadro de Brueghel: un conjunto de escenas rurales de aparente normalidad hasta que el espectador empieza a fijarse en los detalles.


Un libro muy apto para ser leído por todos los urbanitas impenitentes que están convencidos de que el infierno son los otros en plena naturaleza. Estos relatos le darán material suficiente para convencerse de que no les falta razón.