miércoles, 14 de diciembre de 2011

Caos calmo, Sandro Veronesi


Un caos calmo expresa según el autor de la novela la trampa de no ver a tiempo lo negativo de una situación, en este caso el de no reconocer el límite en el que empieza la locura.  Es la trampa en la que cae Pietro Paladini, un alto ejecutivo televisivo de 43 años, cuando su mujer muere de repente y se instala cada día delante del colegio de su hija mientras decide qué es lo que siente acerca de su viudez, si  es que siente algo.  Esta conducta inesperada provocará un cambio de perspectiva en sí mismo y en los que le rodean, dando lugar a una serie de confesiones personales y acciones inesperadas que a su vez desencadenarán nuevos acontecimientos.  Algo en apariencia tan simple como sentarse en un banco a la puerta de un colegio va a ser susceptible de ocasionar una auténtica revolución en las vidas de sus allegados, y las consecuencias no van a ser necesariamente positivas.  Esto hará que Pietro tenga que replantearse su propia vida y sus responsabilidades personales, más allá de sí mismo, su dolor y sus dudas.

Veronesi nos muestra en la novela lo diferente que nos puede aparecer la realidad solamente con cambiar un poco el punto de vista desde el que la miramos, y a partir de ahí va detallando con ejemplos muy variopintos pero muy verosímiles también lo que ese ver la realidad de otra manera puede hacer con una persona. Una historia ejemplar sin moraleja y de lectura entretenida con fundamento. Y una estupenda traducción de Xavier González Rovira que hace olvidar al lector que está leyendo un libro traducido, lástima de las erratas y errores al final, que afean un poco esta perfección. Muy recomendable para todo aquel que esté convencido de que en verdad we are accidents waiting to happen.


Ahora la canción ha terminado y hay aplausos, gritos.  El cantante dice algo, pero no lo entiendo, sólo entiendo «old selection».  Debe de estar anunciando el título de la próxima canción, porque dice «It’s called» no sé qué, provocando una ovación, tras lo cual empieza un solo muy triste de guitarra que se repite en vano durante algunos compases.  Luego la voz empieza a cantar, lánguidamente:
«This is the place», dice.  Lo juro.                        
«Remember me?»
Ah.  Claro que te recuerdo.
«We’ve been trying to reach you…»
Ya.  Es difícil no darse cuenta, canción.  Dime…
«This is the place.  It won’t hurt, it will not hurt.»
Es verdad, canción:  no me hace daño, no siento dolor;  sobre todo, en este lugar.  Y déjame que te diga algo:  es fantástico dialogar contigo.  Dime algo:  ¿tú cómo ves esta vida mía tan extraña?  ¿Cómo piensas que tendría que actuar, así en general?  Pero ahora ya no entiendes nada:  el cantante se pone a mascullar las palabras y la música toma su papel preponderante.  Es bonita, la verdad, lánguida y lo que se quiera, pero a mí me interesaba la letra.  «Recognition», «face», «empty», consigo captar tan sólo palabras aisladas, fragmentos:  «to go home», «at the bottom of the ocean», nuevamente «face»…  A saber lo que me estarás diciendo, canción, algo impportante y que yo no entiendo.  […]
«Cause it’s time to go home»
Ésta, por ejemplo, ésta la comprendo perfectamente y, de hecho, es verdad:  es hora de volver a casa.  Los últimos versos, en cambio, no;  la canción se termina y sí, sí, yo vuelvo a casa.  Lo dice también  el bonito ruido gratificante de la puerta superreforzada al cerrarse:   sclomp:  es la hora de volver a casa.  Gracias, canción;  gracias, también por la ovación que ahora me estás dedicando, larga, sincera, apasionada:  nunca la he recibido, ¿sabes?, en toda mi vida.  Ni siquiera una.  Y en cambio una buena ovación, a veces, es justo lo que se necesita, para hacerte volver a casa sereno, con el corazón repleto de caos y de tranquilidad…

Caos calmo, pgs. 244-5


 


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