domingo, 30 de octubre de 2011

El ruido y la furia, William Faulkner

Había oído ya tantas cosas sobre la dificultad y la ilegibilidad de este libro, que empecé con él como quien se prepara a ascender el Everest... para luego descubrir que hay ascensor. O sea que el temido primer capítulo no me resultó ni tan difícil ni tan ilegible ni tan aburrido como me esperaba. Lo cierto es que este tipo de libros resultan menos complicados de leer si se pueden leer en la versión original, porque buena parte de la dificultad radica en que el lenguaje usado por los autores es una representación literal de las variantes dialectales de los personajes. El autor en estos casos está plasmando el habla real de un grupo regional o social determinado, pero ¿qué hace el traductor con esto? Sus intentos de traducir al español lo intraducible pueden añadir una dificultad extra a un texto ya de por sí complicado. Sí que es cierto que en la "narración" de Benjy las asociaciones entre las escenas son totalmente libres y sin relación aparente alguna, cuya clave el lector la irá encontrando a medida que avance la narración. Pero eso es algo que no me molesta, al contrario le añade un aliciente extra a la lectura.

Sé que se supone que leer a Faulkner tiene que ser un esfuerzo, un sacrificio casi, pero qué quieren que les diga, a mí me ha gustado mucho. La historia es buena, sin duda, y los personajes son fascinantes, pero lo mejor del libro radica en la forma narrativa: ese ir desvelando los secretos de una familia maldita a través de la visión incoherente y subjetiva de tres de sus miembros, y ofrecernos en el cuarto capítulo la visión global del conjunto vista "desde arriba" por un narrador omnisciente que elige no decir todo lo que sabe. Hay que ser de muy buena cuna literaria para ser capaz de hacer esto, pero es que Faulkner no ha robado su reputación de ser uno de los mejores escritores de todos los tiempos.

Una última puntualización: he leído por ahí que el hermano Jason sería la personificación del mal, Satán en persona. Y no estoy nada de acuerdo con esto, Jason al igual que sus hermanos Quentin y Benjy es una víctima de la auténtica fuente del mal de la familia, que es la madre. Esa madre enfermiza que "no quiere ser una carga para nadie" pero que sin embargo domina con mano de hierro toda la vida familiar, esa madre egoísta cuya voz llamando desde el dormitorio me va a causar pesadillas el resto de mi vida, es en toda su debilidad y blandura uno de los personajes más terroríficos que he encontrado jamás.

2 comentarios:

Eduardo dijo...

Lo leí cuando era demasiado joven para entenderlo. Arrogancia juvenil, creer que uno puede con todo. Siempre tuve claro que había muchas cosas que se me escapaban pero eso no me impidió disfrutar muchísimo con él. Supongo que ése es el valor de algunas obras, que te dejan entrever su grandeza aunque no las desentrañes del todo. Sería interesante releerlo ahora, quizá siga sin darme la pila para tanto... o no, quién sabe.

Carmen Neke dijo...

Este tipo de novelas ganan con la relectura, en mi experiencia. Al menos si son novelas realmente buenas, que no han usado la oscuridad como cortina de humo para ocultar la mediocridad del autor: y en el caso de Faulkner podemos estar muy tranquilos a ese respecto, te puede gustar o no pero nadie puede negar que se trata de uno de los grandes.