jueves, 18 de agosto de 2011

Lejos de Toledo, Angel Wagenstein

Plóvdiv es un pueblo de Bulgaria donde Albert Cohen, el protagonista y narrador de esta historia, pasó su infancia con sus abuelos, judíos de origen sefardí cuyos antepasados tuvieron que abandonar Toledo tras la expulsión de los judíos de España. Allí, tan lejos del Toledo multicultural de la época árabe, el joven Berto vivirá una infancia de pobreza material pero en una rica convivencia con turcos, gitanos, armenios, católicos, ortodoxos y judíos. Una mezcla que resulta explosiva las más de las veces pero que durante un tiempo logró funcionar gracias al talante de las gentes, que aprendieron a vivir con las idiosincrasias mutuas sin llegar a comprenderse pero consiguiendo un cierto nivel de tolerancia. Este Toledo búlgaro, sin embargo, estaba tan condenado a fracasar como el originario español, aunque esta vez no sería el fundamentalismo religioso sino el comunismo doctrinario el que acabó con esa comunidad tan heterogénea.

Pero todo esto es el transfondo histórico y social de la novela, lo que el lector tiene entre manos es una hermosa historia de regreso al mundo mágico de la infancia desde el desengaño de la edad adulta, narrada en clave de parábola y haciendo uso de todos los efectos narrativos necesarios para mantener la atención del lector y tocarle la fibra sensible pero sin llegar nunca al dramatismo. El gran acierto del autor es que consigue hablar de la dura realidad de los conflictos étnicos sin idealizar la situación pero al mismo tiempo dibujando una situación ideal: la convivencia posible de gentes de diferentes etnias en momentos muy determinados de la historia, convivencias que dejaron recuerdos muy hermosos pero que siempre acabaron mal.

Guardan silencio las tumbas ortodoxas, católicas, judías, armenias y musulmanas. Nunca ha reinado la paz entre los vivos. Los muertos demuestran más sabiduría. (pg. 215)


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