domingo, 22 de mayo de 2011

Leo libros que no entiendo más que yo


Aunque la exclusividad lectora no es lo mío, estas últimas semanas me las he arreglado para leer libros que por razones lingüístico-geográficas todavía no se ha leído nadie. Por eso no es de extrañar que mi post sobre el libro tercero de 1q84 de Murakami tan solo me hayan valido el consejo de que abandone las reseñas de libros para dedicarme al encaje de bolillos, tan típico de estas tierras herejes. Pero como mi blog es mío y escribo en él lo que yo quiero, seguiré monologando sobre libros que no leo más que yo aún a riesgo de quedarme sin los pocos lectores que tengo.

Después de ser la primera española (o casi) en terminarse la trilogía 1q84, he sido la primera española, sin casi esta vez, en leerse Zomerhuis met zwembad de Herman Koch. Se trata del último libro del autor, y me ha gustado más que La cena: igual de retorcido y provocativo, pero mucho menos evidente y bastante más insidioso, mejor dosificado y también mejor escrito. Hay que hacer abstracción de algunas incongruencias argumentales, sobre todo hacia el final de la novela, pero así y todo merece mucho la pena. Igual algún día lo traducen al español, aunque para entonces dudo que nadie se acuerde todavía de este post.

Pero sigamos monologando. La verdadera joya de mis últimas lecturas ha sido The Broom of the System, la primera novela que publicó David Foster Wallace y que incomprensiblemente todavía no ha sido traducida al español. Un libro disparatado pero divertido y muy accesible para el lector dispuesto a dejar a un lado la lógica y a aceptar la historia tal como se la cuentan, con una cacatúa parlante llamada Vlad the Impaler que vive en una ciudad construida para que desde el aire sea la representación perfecta de la figura de una actriz, lo que provoca que sus habitantes (ignorantes de tal característica de su ciudad) sufran las continuas molestias de los aviones que sobrevuelan a baja altura para apreciar con todo detalle tan sugerentes formas urbanas. Sin olvidarnos por supuesto del desierto que mandaron construir para uso y disfrute de estos mismos habitantes, conocido como “the G.O.D.” es decir “the Great Ohio Desert”. Y todavía no he dicho nada de la protagonista, su familia, su jefe y su psicólogo. En esta novela Foster Wallace se revela todavía demasiado deudor de sus maestros narrativos e intenta con excesivo empeño ser el escritor más postmoderno de su generación: pero esos pecados de intelectual incipiente no pueden ocultar un talento narrativo que rebosa y se desborda en las mejores páginas, y que hace lamentar una vez más que la vida le resultara tan insufrible que decidiera abandonarla de manera tan prematura, dejándonos huérfanos de todos los libros que podría haber llegado a escribir.

También me estoy leyendo a ratos los relatos de Kafka, pero no creo que vaya a comentar nada al respecto. O igual sí. Ya veremos.

1 comentario:

Eduardo dijo...

No te confundas, que tus lecturas no sean compartidas limita las posibilidades de intercambio de opiniones, pero no le restan interés a lo que escribes. Me ha interesado o que dices de esta obra inédita de DFW. Y además he pillado la cita de Parálisis Permanente...