viernes, 15 de abril de 2011

El alquimista impaciente, Lorenzo Silva


En 1995 me compré por casualidad y curiosidad un libro llamado Noviembre sin violetas, la primera obra de un tal Lorenzo Silva publicada por una oscura editorial llamada “Ediciones libertarias”. Y me encantó el libro. Como eran tiempos sin Internet, tuvieron que pasar casi quince años antes de que me enterara desde el destierro hereje de que un tal Lorenzo Silva se estaba haciendo mundialmente famoso en nuestro país con una serie de novelas sobre una pareja de guardias civiles. Y aún tuvieron que pasar unos cuantos años más para que esa serie de novelas finalmente cayera en mis manos, gracias a la estupenda idea que ha tenido el autor de ofrecerlas en pack para el lector de libros electrónicos por un precio de risa.

La segunda novela de la serie, El alquimista impaciente, fue galardonada con el premio Nadal en el año 2000 y es una obra deliciosa que se lee de un tirón y deja un estupendo sabor de boca. La intriga detectivesca no llega a la altura de los enredos escandinavos a los que estamos acostumbrados en la actualidad, pero el autor sabe compensarlo con unos personajes que si bien pecan algo de arquetípicos (no se puede profundizar demasiado en la psicología de un elenco tan amplio en menos de 300 páginas) sí que están dibujados con unas pinceladas muy certeras y producen además unos diálogos que son de los mejores que se han escrito en nuestras letras. Otra diferencia importante con los thrillers actuales es que Lorenzo Silva demuestra ser un optimista incurable en lo que se refiere a la naturaleza humana: por su novela desfilan una serie de personajes malvados y sin escrúpulos, pero al mismo tiempo aparecen también unos cuantos hombres y mujeres íntegros, con principios, no necesariamente simpáticos pero sí con una conciencia y un fuerte sentido de la justicia. Y lo mejor es que estos personajes resultan totalmente creíbles y son capaces de convencernos aunque sea por unos momentos de que no todo está perdido. Que no todos los días tiene una el cuerpo para escepticismos posmodernos.

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