domingo, 13 de febrero de 2011

Verano, J.M. Coetzee


En Verano se cuenta cómo el biógrafo de un autor recién fallecido va en busca de varias personas que lo conocieron para entrevistarlas y a partir de sus testimonios reconstruir el libro en el que estaba trabajando el autor antes de morir, la tercera parte de su autobiografía novelada que trataría sobre su vida en los años 70 en Sudáfrica. La cosa se complica cuando sabemos que este autor que acaba de fallecer en Australia se llamaba John Coetzee, y que el libro en el que estaba trabajando debía ser la continuación de sus obras anteriores Infancia y Juventud, es decir que es el libro que tenemos entre manos. Al autor en esta ocasión no le pareción suficiente hacer una narración ficticia en tercera persona de su vida como hizo en los dos libros anteriores, esta vez también tuvo que fingir su propia muerte y dejar que los demás (y algunas notas de sus diarios) hablaran por él.

Este retratar su vida mediante testimonios ajenos le da a la novela una variedad añadida porque los entrevistados no se limitan a hablar del autor fallecido, sino que fundamentalmente y sobre todo hablan de sí mismos y de la época en la que conocieron a John Coetzee. Pero ¿hasta qué punto podemos dar crédito a estos testimonios? Los entrevistados en el mejor de los casos cuentan los hechos desde su propia perspectiva, varios eligen no hablar de ciertos temas e en algún caso incluso llegamos a sospechar que están narrando una versión falseada de la historia. Toda autobiografía es una obra de ficción sobre la vida de uno, se dice en alguna parte de esta novela, y eso vale tanto para los testimonios de las personas que conocieron al escritor como para los extractos de los diarios que el propio escritor mantenía. El tono periodístico y realista no hace más que subrayar lo poco que realmente llegamos a saber sobre los demás y sobre nosotros mismos.

Verano es uno de los mejores libros que he leído. Un libro con una planificación y construcción complicadísimos, que provoca mareos a quien intenta imaginar todas las diferentes capas de realidad que hay contenidas en él. Y al mismo tiempo, y esto es para mí lo fundamental, un libro de factura simple y clara, que se deja leer de un tirón y que está al alcance de cualquier lector. Un libro que demuestra que no hace falta ser aburrido o ininteligible para escribir novelas rompedoras, profundas, comprometidas e innovadoras. Si no le hubieran dado ya el Nobel al autor, se lo deberían dar solamente por este libro. Y que no llegaran a darle el Booker Prize por tercera vez es simplemente una vergüenza.

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