sábado, 31 de julio de 2010

Los amantes de silicona, Javier Tomeo


Había oído hablar muy bien de Javier Tomeo a amigos lectores de cuyo criterio me suelo fiar bastante. Este autor era totalmente desconocido para mí (esto de no leer los suplementos culturales de los periódicos españoles es un sinvivir) así que andaba yo con ganas de echar mano a alguno de sus libros. El único que conseguí encontrar fue Los amantes de silicona, con una portada horrorosa y un argumento sin interés alguno, pero me arriesgué a probar qué tal.

Qué pena de quince euros, esta es la sensación más poderosa que me ha dejado la lectura del libro. Está bien escrito, cierto, y es divertido, también es verdad, pero sus páginas darían como mucho para rellenar con lectura intrascendente el suplemento dominical de algún periódico en agosto. Si me compro un volumen de la colección Narrativas hispánicas de Anagrama espero recibir por mi dinero algo más sustancioso.

Me gustaría decirle al autor que me parece un buen escritor, y que estoy segura de que tiene otras obras que merecen mucho la pena. Pero señor mío, me he quedado con la desagradable sensación de que con este libro me ha tomado usted el pelo.

jueves, 29 de julio de 2010

El laberinto sentimental, José Antonio Marina


Cuando elijo yo misma mis lecturas suelo moverme en terreno seguro, por eso me gustan las sorpresas y los desafíos en los libros que me regalan. Quien hace poco tuvo la loca idea de regalarme El laberinto sentimental de José Antonio Marina cumplió con creces ambos requisitos, consiguiendo incluso que dejara de lado los muchos libros que tengo en lista de espera para ponerme de inmediato con su lectura.

Ya lo he terminado, y la impresión más fuerte que tengo sobre este libro es de desconcierto. No sé si me ha gustado o no, si me ha parecido un libro que abre nuevas perspectivas a los conceptos de sentimiento e inteligencia, o una repetición deshilvanada de teorías ajenas sin conexión alguna El autor ha compuesto su libro con un estilo muy peculiar, hace uso de diversas disciplinas (la psicología, la lingüística, la antropología, la literatura) sin profundizar en ninguna de ellas, y la presentación de las ideas es tan laberíntica como el propio título anunciaba. Aunque al final de cada capítulo se hace una especie de recapitulación de lo tratado en él, el camino ha sido tan sinuoso que el lector apenas sabe ya dónde está y adónde se suponía que se dirigía ese sendero.

El libro aporta ideas, visiones y reflexiones muy válidas e interesantes, la lectura es tremendamente amena y Marina consigue que conceptos bastante oscuros y complejos se vuelvan accesibles para todos. Es lo caótico de la presentación lo que menos me ha gustado de la obra, esa huida sistemática del camino recto que acaba haciendo que no se sepa cuál es realmente el punto de llegada, si es que lo hay. Pero a pesar de todo pienso repetir con el autor, que el paquete de mi regalo también incluía su Diccionario de los sentimientos y ese es otro desafío que no pienso dejar de lado.

martes, 27 de julio de 2010

In memoriam


Se llamaba M.R.P. pero todos la conocíamos como Wara, la estrella más brillante. Era gallega, era una escritora de un talento extraordinario, era una persona absolutamente entrañable. Y era mi amiga.

En este blog han quedado algunos comentarios de ella a libros que le regalé, que me regaló o que leímos juntas. Pero ya no habrá más comentarios de ella, ni podré volver a mandarle esos libros raros que tanto me gustaban y que sabía que ella también iba a saber apreciar.

Por eso, nada de literatura esta vez. De toda la música que compartimos, Wara, siempre recordaré tus reparos a la hora de colgar algo de Led Zeppelin. "Nos van a echar a pedradas", decías. Pero hoy no me valen las excusas: vamos a hacer resonar Stairway to Heaven a toda caña. Que en mi blog mando yo, y tú ya te encargarás de dar las explicaciones que sean necesarias allá en el cielo.

domingo, 25 de julio de 2010

Ladrones de tinta, Alfonso Mateo-Sagasta


Este libro ha sido un regalo que llevaba ya tiempo esperando el momento de poder llegar a mis manos. Este hecho, unido a todo lo bueno que he oído sobre él y al argumento tan atractivo, hizo que me lanzara a devorar sus páginas a la primera oportunidad. Y me ha gustado, sí, y mucho, aunque con algunas reservas.

El resumen del argumento es el siguiente:
Diez años después de que Francisco Robles editara la novela titulada El Ingenioso Hidalgo don Quijote de la Mancha, un tal Alonso Fernández de Avellaneda se atreve a sacar una segunda parte. Robles, furioso porque un avispado le pise un negocio por el que lleva años luchando, encarga a Isidoro Montemayor, uno de sus empleados, que encuentre al tal Avellaneda para ajustarle las cuentas.

Como novela de intriga literaria, este planeamiento es muy tentador y está basado en uno de los grandes misterios de nuestras letras: ¿quién fue Avellaneda, y qué le llevó a escribir una segunda parte del Quijote tan denigrante hacia Cervantes y sus personajes? Al principio la novela sigue esta pista argumental con gran rigor, pero conforme avanza la historia al autor se le va yendo un poco de las manos el argumento, se le va complicando con nuevos hilos que poco o nada tienen que ver con la historia principal y que se resuelven con desigual fortuna. Por suerte la novela nunca llega a descarrilar, el autor consigue mantener el control sobre su obra pero no puede evitar algunos altibajos que deslucen el conjunto.

En su búsqueda del tal Avellaneda, las andanzas de Isidoro Montemayor irán trazando un magnífico fresco de la sociedad de Madrid a principios del XVII, donde el autor demostrará su gran talento para la recreación de ambientes históricos y su buen ojo para el detalle cotidiano. Estas cualidades dotarán de credibilidad y profundidad a esos ambientes descritos en toda su crudeza, y elevarán la novela por encima de la superficialidad histórica habitual en este tipo de escritos. Por si eso fuera poco, los principales personajes históricos y literarios de la época formarán parte fundamental de la historia, tanto en persona como por referencias. Eso de dejar que Lope de Vega y Cervantes representen un papel protagonista en la narración, y que otros poetas de renombre como Góngora, Quevedo y Villamediana también hagan personalmente su aparición, es algo tan atractivo como arriesgado. El autor se mueve aquí en un terreno muy resbaladizo, pero logra hacer un retrato muy coherente de estos autores, dotándolos de una dimensión humana y desmitificadora que al mismo tiempo deja intacta toda su dignidad como grandes de las letras.

Una lectura veraniega de alta calidad, muy recomendable. Una novela entretenida, original, bien escrita, y para todos los amantes de la literatura del Siglo de Oro y de la novela de intriga histórica uno de esos libros que se suelen calificar de “imprescindibles”. Y una elección estupenda para regalar, doy fe de ello.

lunes, 19 de julio de 2010

Chicos prodigiosos, Michael Chabon


Michael Chabon cuenta que empezó a escribir esta novela cuando llevaba más de cuatro años y mil quinentas páginas de lo que tenía que convertirse en su segunda novela pero que no iba a ninguna parte. Tras el éxito de Los misterios de Pittsburgh, la presión de tener que presentar al mundo una novela que colmara las expectativas de sus editores y su público le impedían reconocer que su nueva obra era un fracaso. Hasta que un día tuvo una visión argumental repentina: un chico joven y atormentado está una noche en el jardín trasero de una casa con una diminuta pistola plateada contra su sien, mientras que en el porche de la casa vecina un hombre de aspecto desastroso, fumado y con muchas más razones que el joven para quitarse la vida, lo mira e intenta decidir si lo que está viendo es real o no. Chabon decidió sabiamente continuar con esta historia y dejar de lado esos cuatro años de escritura frustrada: el resultado fue Chicos prodigiosos, protagonizado por Grady Tripp, un profesor de escritura creativa que lleva siete años estancado en su novela Wonder Boys y que se describe a sí mismo de la siguente manera:
aunque escribiera diez mil páginas más de prosa reluciente, yo seguiría sin ser nada más que un minotauro ciego dando tumbos por un terreno quebrado, un ex chico prodigioso fracasado y obeso con una adicción a la marihuana y un perro muerto en el maletero del coche.

El dolor y la frustración de todos esos años de trabajo inútil están presentes en la novela, pero hay mucho más en ella que la simple historia de un autor fracasado. Los héroes de Chabon tienen en común la dignidad de su fracaso, que viene a ser casi como una característica personal de los caballeros en cuestión (sus mujeres suelen tener bastante más agallas). Esta novela es una ilustración de lo relativo que es el triunfo literario, las universidades están llenas de chicos prodigiosos esperando conquistar el mundo con sus escritos pero que con suerte llegarán a profesores de segunda fila, críticos frustrados o editores de nuevos aspirantes a esa gloria tan efímera como inalcanzable.

Este libro empieza mucho mejor de lo que termina, el autor quiere introducir tantos elementos en su historia que acaba perdiendo el timón de la misma y desembocando en un puro caos de situaciones cada vez más absurdas. A pesar de esta falta de cohesión argumental, la lectura resulta muy amena e incluso divertida por momentos. Esto es el mérito de la maestría lingüística y narrativa de Chabon, cuyos comentarios y observaciones que pone en boca de sus personajes son tan agudos como demoledores. Y cómo no, de la inmensa ternura que el autor siente hacia sus criaturas, a las que pondrá al borde del abismo pero nunca llegará a darles ese empujón final que las lance al vacío, siempre habrá una última esperanza que las salve aunque sea provisionalmente de la fatalidad.

jueves, 15 de julio de 2010

El misterio de la casa Aranda, Jerónimo Tristante


La librería Luces ha tenido la pérfida idea de abrir una sucursal en la nueva terminal de vuelos internacionales del aeropuerto de Málaga, y los vuelos a Bruselas suelen tener la puerta de embarque en sus inmediaciones: podría hablarse de todo un complot contra mi bolsillo. La selección plurilingüe de la librería del aeropuerto se compone fundamentalmente de bestsellers en edición de bolsillo, pero con un poco de buena voluntad se pueden hacer gratos descubrimientos. Yo me traje a tierras herejes dos novelas de Jerónimo Tristante, autor al que solamente conocía por referencias, y la primera de ellas que he leído, El misterio de la casa Aranda, me ha dejado un estupendo sabor de boca y ganas de más.

Esta novela inaugura una serie protagonizada por Víctor Ros, policía y detective sherlockholmesiano del Madrid de finales del siglo XIX. Este tipo de novelas arriesgan mucho, porque caen fácilmente en el pastiche de sus modelos detectivescos, en la reconstrucción histórica exagerada o en el anacronismo de lenguaje y de conducta de sus personajes. Por este motivo me gustaría destacar la originalidad de la obra como una de sus principales cualidades: el autor conoce bien a sus clásicos de la novela gótica y de misterio, pero éstos le sirven de inspiración y no de plantilla sobre la que escribir su novela. Víctor Ros es un detective con una personalidad propia muy acorde con su tiempo y circunstancias, la reconstrucción histórica es fiel y verosímil pero no exacerbada, y la trama detectivesca parte de un doble conflicto muy atractivo. Es cierto que su resolución no está a la altura del prometedor planteamiento, y el lenguaje descriptivo y narrativo es en ocasiones rebuscado hasta el exceso. Pero los diálogos son estupendos, algunas réplicas y contrarréplicas están verdaderamente conseguidas, esto hace lamentar aún más que al final el autor haya elegido el tan manido recurso del monólogo de confesión del culplable en lugar de echar mano de esa interactividad que es uno de sus mejores triunfos como novelista.

Un libro muy atractivo y agradable de leer pese a sus defectos, una lectura de verano muy recomendable y un autor a tener en cuenta. Apunto al señor Tristante entre mi lista de favoritos, siento una enorme curiosidad por saber cómo ha ido evolucionando su estilo narrativo en sus obras posteriores.

martes, 13 de julio de 2010

El viajero del siglo, Andrés Neuman


Andrés Neuman ha declarado en alguna entrevista que su intención al escribir El viajero del siglo fue la de hacer un libro raro, y sin duda alguna lo ha conseguido. Algo que le honra en este panorama literario de refritos y géneros estandarizados donde todo lo que se salga de las pautas establecidas será dejado de lado con la etiqueta de invendible por parte de las editoriales . Aunque lo cierto es que este libro lo promocionan como lo que no es: no es una novela histórica ni pretende serlo, tampoco es una novela romántica ni fantástica. Es, increíblemente, una novela de ideas de las que hace mucho que no se escribe ninguna. El autor quiere hablar de una serie de temas: la nacionalidad y los nacionalismos, la identidad, el desarraigo, la libertad y la falta de ella. Y lo hace creando un mundo inexistente como escenario para unos personajes arquetípicos pero irresistibles que le sirven de portavoces e ilustradores de las tesis y sus respectivas antítesis. El resto es un relleno literario experimental de muy alto nivel: hay novela romántica, erótica, epistolar, de misterio e intriga, ensayo, poesía, teatro.

La trama es estática, casi inexistente, y a pesar de ello no llega a aburrir en ningún momento. Las más de quinientas páginas de la edición de bolsillo se componen de las idas y venidas de los personajes dentro del municipio de Wandernburgo, sus conversaciones, sus cartas y sus dudas que vienen a resumirse en el eterno dilema: quedarse o irse, la libertad o la seguridad, elegir lo conocido y cómodo pero aburrido o optar por la libertad, la aventura y el riesgo. Dilema que se plantea tanto en la vida como en el trabajo, la política, el amor, el arte, y lleva consigo la pregunta de hasta qué punto es el hombre (o la mujer) libre de elegir su destino, su país, su ideología.

Un libro impublicable que llegó a ganar un premio y a vender bastantes ejemplares, la prueba de que el marketing editorial es capaz de hacer milagros. Pero por una vez no leerán queja alguna al respecto por parte de esta lectora.