miércoles, 30 de junio de 2010

Doble decepción



Es raro que escriba malas críticas de los libros que leo, suelo someter mis lecturas a una rigurosa selección previa para evitar perder el tiempo con libros que no me van a gustar. Pero esta vez me he dejado embaucar, y encima por partida doble.

La primera decepción ha sido con un libro que llevaba ya tiempo en mi lista de comprables: El hereje de Miguel Delibes, autor del que tengo la impresión de haber leído demasiado pocos libros. Entusiasmada tras Cinco horas con Mario y Los santos inocentes, y dejándome llevar por todo lo bueno que he oído decir de este libro, empecé su lectura con gran entusiasmo… y lo tuve que abandonar a la mitad, después de 200 páginas de una ligereza argumental insoportable. Una ligereza muy bien narrada, eso sí, que Delibes es un gran escritor. Pero no soporto que un buen escritor desperdicie su talento narrativo en un best seller destinado a contentar a las masas lectoras y a engrosar la cuenta de ahorro de su pensión. O al menos, si lo hace, que no me lo vendan como literatura cuando no lo es.

Escaldada de esta lectura, decidí tomarme la revancha con un libro de Josefina Aldecoa que encontré en la librería de segunda mano: Hermanas, la última novela que publicó la autora según creo. Me atrajo el argumento, la historia de dos hermanas bien diferentes y marcadas por una madre dominadora en el marco de una familia bien en una ciudad de la costa cantábrica en los años 60. Un argumento que habría dado para mucho si la autora hubiese puesto el más mínimo empeño en desarrollar algo su potencial, pero que acaba resultando un cruce entre un auto de fe y una novela de Corín Tellado. Las hermanas y la madre son usadas por la autora para una ejemplificación simplista de modelos buenos y malos de mujer, y la trama termina derivando en una historia romántica de amores imposibles y ambientes lujosos y exóticos. La primera parte de la novela aún es aceptable en su recreación crítica de los ambientes de clase alta provinciana de la época, a partir de la segunda parte es para llorar de lo mala que es, y el final es digno del peor culebrón televisivo.

Comprar una novela basándose en el nombre del autor que aparece en la portada debería ser un criterio seguro de calidad, pero por desgracia no lo es. Esta enseñanza es lo único que he sacado en limpio de mis dos últimos desastres lectores.

lunes, 28 de junio de 2010

El mal de Montano, Enrique Vila-Matas


El mal de Montano es un libro heterogéneo, que se compone de varias partes muy diferentes entre sí. En la primera de ellas, también titulada “El mal de Montano”, se nos narra la historia de un padre -crítico literario, enfermo de literatura- y de su hijo Montano -escritor con bloqueo, enfermo por falta de literatura- entre quienes se alza la sombra de una madre suicida. La lectura de este primer libro me llenó de asombro y admiración, por primera vez veía a Vila-Matas narrando una historia y haciéndolo además muy bien. Por desgracia la fiesta duró poco, exactamente hasta la página 101. En la siguiente parte se nos revela la ficción metaliteraria de esta primera historia, una ficción tras la que el narrador del libro (no necesariamente el autor) pretendía ocultar sus propios problemas y preocupaciones, de los que pasará a hablar directamente a lo largo de lo que queda de libro.

Un juego literario muy conseguido y atractivo, sí, pero yo hubiese preferido que continuara la historia de las cien primeras páginas. Aunque el resto del libro contiene páginas memorables y reflexiones muy acertadas sobre la creación literaria, no pude dejar de echar de menos a ese padre y ese hijo del principio. La frustración de ese relato inacabado no me arruinó el libro, que me ha gustado bastante, pero sí que me ha hecho pensar en lo buen narrador que sería Vila-Matas si alguna vez decidiera dejar de ser postmoderno y escribiera una novela con su trama, sus personajes, en fin una novela de esas de las de toda la vida.

domingo, 27 de junio de 2010

Cuentos, Julio Ramón Ribeyro


Precepto nr. 4 de la poética del cuento, según Ribeyro:
La historia contada por el cuento debe entretener, conmover, intrigar o sorprender, si todo ello junto mejor. Si no logra ninguno de estos efectos no existe como cuento.

Julio Ramón Ribeyro se sentía incapaz de escribir una gran novela al estilo de los grandes narradores latinoamericanos contemporáneos, pero al mismo tiempo consideraba el cuento como un género menor. Llegó a agrupar sus cuentos temáticamente en las primeras colecciones publicadas, esperando que la suma de las partes trajera consigo una revalorización del conjunto.

Triste destino el del autor que reniega del género que domina con maestría inigualable, porque los cuentos de Ribeyro cumplen a rajatabla el precepto indicado arriba. Sus relatos entretienen por la agilidad y la frescura con que están escritos, conmueve el destino miserable de sus personajes, intriga esa voluntad patética de superación en la que perseveran pese a todo, y sorprende la esperanza que pervive en el transfondo de todas estas historias. Los protagonistas son seres condenados al fracaso pero que son capaces de mantener una cierta dignidad personal, una dignidad de ser humano que se atreve a rebelarse contra las circunstancias.

Los mejores relatos son los que se sirven de una técnica narrativa escueta, donde lo que se dice queda reducido a un absoluto mínimo y los silencios son tan elocuentes como las palabras del narrador o de los personajes. Los relatos posteriores y más extensos de Ribeyro están en mi opinión menos conseguidos. Son unos relatos de confección impecable pero de fórmula, la longitud les hace perder fuerza dramática y efectismo, no llegan a calar tan hondo en el lector como sus cuentos más breves. Pero así y todo, los relatos de este autor son todos sin excepción una experiencia lectora de primera categoría. Fue todo un regalo, llegar a conocer a este autor a través de este libro que me pusieron en las manos.

domingo, 20 de junio de 2010

Tirano Banderas, Ramón del Valle-Inclán


Ramón del Valle-Inclán fue un auténtico genio literario, pero tuvo la mala suerte de nacer en España. Si hubiera sido anglosajón, su nombre estaría entre los grandes de la literatura universal del siglo XX. Pero en el país y en la época que le tocó vivir, pasó de ser en vida un escritor extravagante y excéntrico al que no había que hacer mucho caso, a ser un escritor trasnochadísimo a quien guardar en los anaqueles más polvorientos de la historia de la literatura tras su muerte.

Tirano Banderas tiene una reputación dudosa como novela. Se la clasifica como la obra maestra de Valle-Inclán, sí, pero directamente después se le van pegando etiquetas: esperpéntica, experimental; difícil, de lenguaje inaccesible. Nada que invite al lector a abrir sus páginas y sumergirse en su historia. Pero quien tiene el arrojo de hacerlo se lleva una sorpresa y de las grandes, porque se encuentra con una novela moderna, crítica, irónica y que engancha desde la primera línea. Una novela publicada en 1927 pero cuya temática sigue siendo increíblemente actual: el tirano que se mantiene en el poder implantando un régimen de terror tanto entre la población como entre sus propios colaboradores, y que cuenta con el apoyo implícito de la colonia de extranjeros residentes en el país porque los negocios van a marchar mucho mejor bajo el gobierno de un dictador que bajo la democracia del pueblo.
Uno de los grandes aciertos de la novela es la falta de definición espacio-temporal de la trama. La historia transcurre durante las celebraciones de Todos los Santos en un país hispanoamericano que podría ser México pero igualmente podría tratarse de cualquier otro. El lenguaje utilizado constituye justamente un elemento más de no identificación, el autor ha procurado usar tanto voces peninsulares como de distintas regiones de América Latina para dar a su obra un carácter panhispano. La figura deTirano Banderas está tan deshumanizada que pasa a ser sobrehumana y prototípica, puede ser el dictador de cualquier país latino en cualquier época. Y esto es lo que hace que esta novela siga manteniendo toda su frescura y validez más de ochenta años después de su publicación.

No es una novela para pasar el rato, es un libro para leer con atención, disfrutar de su maestría formal y lingüística y meditar sobre su contenido. Que los libros también están para eso.

miércoles, 16 de junio de 2010

Santuario, William Faulkner


Cuando una se acerca a su primera lectura de Faulkner, lo hace con respeto, armándose de valor, preparándose a leer página tras página de prosa magnífica pero incomprensible y deshilvanada. Pero miren ustedes por donde, mi primer Faulkner ha sido Santuario, y me temo que he disfrutado enormemente de su lectura, me ha resultado incluso entretenida. Seguramente es por ello que la mayoría de las reseñas se apresuran a aclarar que Faulkner escribió Santuario por dinero, buscando el éxito comercial y el reconocimiento del público. Y qué si es así. Una novela comercial de un escritor del talento de Faulkner no deja de ser una obra maestra si el escritor ha puesto su empeño en escribir un buen libro. Y esa calidad literaria es algo evidente aquí.

Lo más llamativo del libro es el argumento, un crimen y castigo situado en el sur de los Estados Unidos durante la época de la Ley Seca y de la segregación racial entre blancos y negros. Todos estos elementos son utilizados para dar color y sabor a la trama y atrapar el interés del lector, pero tras ellos tenemos el andamiaje de un relato construido sobre dos bases paralelas, divergentes y complementarias: el narrador y los diálogos de los personajes. Un narrador distante y desapasionado que se limita a hacer acta de lo que ocurre, exponiendo los hechos más grotescos, chocantes y escalofriantes con la misma naturalidad con la que describe los paisajes naturales y urbanos donde se desarrollan estos hechos. Esta desapego narrativo está en pleno contraste con los diálogos y monólogos interiores de los personajes, en los que salen a relucir todas las emociones, sentimientos de atracción y rechazo, amores y odios que los mueven a actuar como lo hacen. La caracterización de los personajes ocurre a través de sus palabras, poco o nada nos va a decir el narrador sobre ellos. Si hay buenos o malos en esta historia, es el lector quien tiene que decidirlo.

Santuario es una lectura claustrofóbica y angustiosa, pero también intrigante y compulsiva. Un libro muy recomendable para los amantes de la novela negra que quieran leer algo de calidad suprema, o para quien quiera leerse algo de Faulkner que resulte accesible para un lector medio.

sábado, 12 de junio de 2010

El Corazón del Tártaro – Rosa Montero


Las primeras novelas de Rosa Montero fueron una compañía constante en mis años mozos, cuando aún era capaz de entusiasmarme por completo con mis lecturas y de profesar una admiración sin límites por sus autores. Todavía conservo en cierta medida aquella capacidad de entusiasmo, pero se ve atemperada por el sentido crítico que queramos o no se nos va desarrollando con los años. Este libro, que sin duda habría hecho las delicias de mi yo juvenil, ahora solamente me ha gustado con reservas.

La historia es muy buena, y está muy bien contada, con el tono justo además. La historia de Zarza y Nicolás, los mellizos que comparten primero una infancia desgraciada para después caer juntos en el infierno de la droga y la delincuencia que acabará por separarles, podría haber dado lugar a una novela existencialista, de realismo social o de denuncia. Pero Rosa Montero eligió muy acertadamente hacer de ella una gesta de estilo medieval, la doncella en apuros que tendrá que buscarse la vida ella sola durante casi toda la novela sin que haga su aparición caballero andante alguno que la socorra en sus apuros. Sin idealizar en ningún momento la situación, pero sin recrearse tampoco en los detalles sórdidos de la historia, todo en su justa medida como debe ser.

Los reparos se deben a que la autora ha querido introducir demasiados elementos en la novela. Está claro que Rosa Montero se inspiró en El caballero de la rosa de Chrétien De Troyes para escribir su historia, pero no era necesario que el relato artúrico estuviera presente de manera explícita en el relato ni que hubiera continuas referencias a él. También sobra para mi gusto la excesiva poetización de la adicción a la droga, su comparación con una malvada Reina Blanca que somete a sus súbditos a una tiranía despiadada. Todo esto complica en exceso una historia ya de por sí enrevesada, y resta protagonismo a los otros personajes, que habrían merecido más atención por parte de la autora.

Esta es una novela para leérsela tal cual, para poner la mentalidad analítica a cero y sumergirse de lleno en la historia que se cuenta. Algo que por desgracia ya no soy capaz de hacer, y bien que lo lamento.

miércoles, 9 de junio de 2010

Biografía del hambre, Amélie Nothomb


Parece ser que el grueso del terrorismo internacional se recluta entre los hijos de diplomáticos. No me extraña. (página 191)

Amélie Nothomb, hija de diplomáticos, sobrina del que fuera presidente del gobierno de su país, parece que decidió ya desde niña ejercer de oveja negra de la familia. Un papel que desempeña con gran éxito tanto personal como literario, y con gran gusto también a juzgar por sus escritos. No creo que vaya a leer más libros suyos, Estupor y temblores que fue con el que me estrené me resultó bastante irritante, y si me leí Biografía del hambre fue porque ya lo había comprado y desde pequeña me enseñaron a no desperdiciar nada.

No esperaba nada de este libro, pero mira por donde, me ha gustado y mucho. Quizás porque la voz que oímos en este libro es la de Amélie niña, y las rarezas mentales de la infancia son bastante más interesantes que los traumas de una señorita bien la primera vez que se enfrenta al mundo real. Las historias que cuenta Amélie sobre su infancia son tan increíbles que bien pudieran ser ciertas, y aunque escritas con el evidente propósito de escandalizar a su rancia familia de abolengo, resultan bastante entretenidas e intrigantes. Conforme la niña va creciendo las historias se van volviendo más amargas y cínicas, hasta terminar con una Amélie adulta que después de haber estado en medio mundo y de haberlo visto todo, no tiene ni idea de dónde está ni de cuál quiere que sea su vida.

Puede parecer una elección rara como libro para regalar, pero la persona que lo recibirá va a saber disfrutar con las rarezas de esta obra. O al menos eso espero.

domingo, 6 de junio de 2010

Manual de la oscuridad, Enrique de Hériz


Resulta casi demasiado fácil decir que Manual de la oscuridad es una novela mágica: pero resulta que lo es, y no porque el tema de la magia ocupe una gran cantidad de sus páginas. La magia de esta novela reside en la relación que el protagonista, Víctor Losa, mantiene con su maestro Mario Galván, en la personalidad de estas dos individualidades que a pesar de todo lo que los une apenas consiguen llegar a compartir sus soledades respectivas. La enseñanza, la transmisión de unos conocimientos y unas técnicas, será la forma fundamental de comunicación entre estos dos personajes que, al igual que las hormigas, carecen de palabras para expresar sus sentimientos.

Víctor solamente dispone de su cuerpo y de la luz, de la magia y el sexo, para comunicarse con el mundo exterior. Sumido en el silencio por su carácter y condenado a la oscuridad por una enfermedad, tendrá que inventar nuevos métodos de supervivencia para los que no hay ningún manual disponible. Así que recurrirá a sus instintos de supervivencia, eliminará de sus necesidades todo lo que quede fuera de su alcance y se encerrará en una vida minimalista en la que nada le falta porque ha tirado por la borda todas las esperanzas.

Es un libro muy efectista, cierto, y los trucos de los que se sirve el autor no siempre se ocultan con éxito. Pero el resultado es una historia bien contada, que engancha, emociona, hiere, entretiene y conmueve al lector. Un libro perfecto para regalar. O para que te lo regalen, como la suerte quiso que me pasara a mí.

viernes, 4 de junio de 2010

Nocturno de Chile, Roberto Bolaño


Cuando voy a España aprovecho para comprarme los Bolaños a pares (los breves al menos). Iba yo buscando Nocturno de Chile cuando mi asesor telefónico de lecturas me recomendó comprarme también Estrella distante. Y menos mal, porque finalmente fue Nocturno de Chile el que menos me gustó de los dos.

Para ser sincera, este libro al principio me pareció un ladrillo insoportable. Ha debido ser que lo cogí en mal momento, porque otros pestiños de Bolaño como Amberes me los tragué sin rechistar y hasta con cierto interés. Pero esta vez no conseguía conectar con lo narrado, que es el monólogo delirante del protagonista sin puntos aparte ni diálogos. Es una novela corta, de unas 150 páginas, y hasta la mitad aproximadamente lo leí más por sentido del deber que por gusto.

Sin embargo, al pasar el ecuador de la novela de repente se produjo el milagro: no sé si me cambió el humor o si fue la narración la que cambió, pero de repente se hizo la luz, los delirios fueron cobrando sentido, y me leí toda la segunda parte sin parar y casi sin respirar. Una novela extraña, inquietante, como suelen serlo sus escritos ambientados en el Chile de Pinochet. Pero no es un gran libro.

Me parece que de todos los géneros que cultivó Roberto Bolaño, la novela corta es el que se le daba peor. Sus poemas, relatos y novelas extensas están muy por encima de estos libritos breves, que me parecen sobre todo aptos para sus fans más incondicionales.

RESURRECCIÓN -Roberto Bolaño-

La poesía entra en el sueño
como un buzo en el lago.
La poesía, más valiente que nadie,
entra y cae
a plomo
en un lago infinito cono Loch Ness
o turbio e infausto como el lago Batalón.
Contempladla desde el fondo:
un buzo
inocente
envuelto en las plumas
de la voluntad.
La poesía entra en el sueño
como un buzo muerto
en el ojo de Dios.