viernes, 26 de marzo de 2010

A Short History of Tractors in Ukrainian, Marina Lewycka


Publicada en español bajo el título Los amores de Nikolai, quién sabe por qué, relata la relación entre las hermanas Vera y Nadezhda con su padre, Nikolai, un hombre octogenario que acaba de conocer a Valentina, de 36 años, recién llegada de un país del este de Europa. En una entrevista concedida a EFE, Lewycka, hija de un matrimonio ucraniano y nacida en un campo de refugiados en Kiel, en la Alemania nazi, ha dicho que 'uno de los temas que quería explorar era ese terror que tienen los hijos a aceptar que los padres tienen también una vida sexual'.

Y ya dejo de citar. La novela empieza como un típico producto chick-lit anglosajón (género al que soy desorbitadamente aficionada, lo digo sin rubor alguno), con una narradora femenina en primera persona que se ve confrontada con una situación límite que le provocará un terremoto emocional: su padre, Nikolai, viudo de 85 años, anuncia que se va a casar con una inmigrante ucraniana de 35 para que ella pueda recibir su permiso de residencia en Gran Bretaña. Sus hijas ponen el grito en el cielo, pensando que esta mujer lo que quiere es aprovecharse de su padre: y efectivamente, resulta ser así. La historia se desarrolla a partir de ese momento de una manera bastante sombría, a pesar del tono ligero con el que se cuenta: salen a relucir todas las miserias humanas que se pueden dar en las relaciones familiares, personales, amorosas, mezcladas con los problemas sufridos y provocados por los inmigrantes de los países del Este. Todo esto complicado con retazos de la historia secreta de la familia, también inmigrantes ucranianos, sobre la que Nadezhda había permanecido ignorante hasta entonces.

Lo venden como un libro "muy divertido", pero a mí no me lo ha parecido tanto. Los personajes son bastante caricaturescos y estereotipados, la autora tiene una tesis que demostrar y todos los acontecimientos se van a desarrollar en función de esa tesis. Un libro con buenas intenciones y con un buen ideario, pero eso no basta para escribir un buen libro.

miércoles, 24 de marzo de 2010

Rayuela, Julio Cortázar


Ando estos días releyendo Rayuela de Cortázar para un miniclub de lecturas virtual. Allá por los años ochenta lo leí y releí y volví a releer hasta el hartazgo, y después lo he tenido casi veinte años abandonado sin volver a él. Siempre fueron lecturas solitarias, esas de mi juventud, por eso ante la posibilidad de hacer una (re)lectura conjunta de Rayuela no he podido resistir la tentación. Los reencuentros con los amores del pasado son peligrosos, lo sé, nosotros los de entonces ya no somos los mismos y se corre el riesgo de haber envejecido mal, por ambas partes. Pero esta vez los malos augurios no se han cumplido: Rayuela es como un viejo amante, ya no es capaz de llevarme a las altas cotas de entusiasmo de antaño, pero la química entre nosotros sigue funcionando igual de bien.

Los conceptos de facilidad o dificultad a la hora de calificar un libro no son absolutos, y tienen mucho que ver con nuestro carácter, nuestras capacidades, nuestros gustos y nuestro bagaje lector. Pero experimental no tiene por qué ser necesariamente sinónimo de difícil. Si Rayuela es difícil (que lo es, a ratos) no es porque sea una novela experimental sino porque Cortázar a veces pierde el rumbo narrativo, se sube a la cátedra y empieza a soltar referencias cruzadas sobre arte, literatura, jazz, historia y no sé qué más, que solamente eran comprensibles para tres o cuatro intelectuales contemporáneos suyos. Por suerte, el propio Cortázar es capaz de ironizar después sobre su propia pedantería, lo que le quita bastante hierro al asunto.

Rayuela es una novela muy imperfecta porque es una novela de tránsito, de búsqueda para el propio autor. Todos los planteamientos formales, estilísticos y filosóficos que aparecen en ella se plasmarán con una maestría muy superior en 62, modelo para armar, que será la auténtica aplicación de la poética desarrollada en Rayuela. Pero Rayuela también es una novela muy auténtica, en la que el autor nos muestra sin pudor alguno toda su trastienda creativa, sentimental y emocional. Y la historia de Oliveira y la Maga es sencillamente inolvidable, porque Cortázar era ante todo un gran escritor.

domingo, 21 de marzo de 2010

Tango por un copiloto herido, David Torrejón


Me leí con gran curiosidad las dos primeras novelas de David Torrejón, por recomendación de alguien con un criterio lector muy personal pero también muy acertado (sí Edda, hablo de ti). "Más lo siento yo" me gustó mucho, un pastiche de novela negra lleno de ironía y humor negro, pero me resultó un tanto un libro de fórmula, que seguía un esquema demasiado prefijado por el autor. Tal vez por eso y para compensar, "Mi querida Don Juan" resultó ser un libro imprevisible, sorprendente, con ciertos fallos técnicos pero logradísimo en todo su humor, su ternura y su realismo desquiciado. Un libro despiadado, que pone en evidencia todos los fallos personales y pequeñas miserias humanas de sus criaturas, desvelando que no son ni tan guapos ni tan listos ni tan arrolladores como creen ser. Pero esto los vuelve tanto más humanos y creíbles, aún en medio de las aventuras más disparatadas e inverosímiles.

Su tercer libro, la novela histórico-detectivesca "Tango por un copiloto herido", nos lleva a veces por caminos que no conducen a ninguna parte, hay vagas promesas argumentales que no llegan a cumplirse y giros inauditos en un relato que a pesar de todo va a ser consecuente hasta el final. La novela va revelando sus triunfos de manera muy bien dosificada, y mantiene al lector pegado a las páginas queriendo saber qué es lo que se va a descubrir a continuación. Una historia que empieza siendo simple en apariencia y que pronto resulta no serlo tanto. Esta vez el autor no deja ver los hilos con los que controla a sus personajes, y eso es buena prueba de su madurez narrativa. El transfondo histórico también está muy logrado, sin abrumar al lector con datos y fechas se consigue una reconstrucción bien verosímil de épocas y ambientes pasados.

Ahora sé que al autor le gustan los coches: eso explica muchas cosas. Sus historias más logradas son como viajar en automóvil por una carretera de montaña. En algunas curvas temes que el conductor vaya a perder el control, el barranco está vertiginosamente cerca, pero un golpe certero de volante en el último momento salva la situación. Todo estuvo siempre bajo control, pese al caos aparente de algunos momentos; y el lector llega al final de la etapa algo vapuleado y un poco tembloroso, pero feliz y satisfecho. Espero que David Torrejón sea tan buen conductor como narrador, si acaso un poquito menos temerario al volante que como novelista.

Dos americanos, esta vez

Hace una semana tomé la decisión de no comprarme ni un libro más hasta no haber reducido al menos a la mitad la enorme lista de pendientes que tengo. Pero fue tomar esta decisión irrevocable, y recibir visita de Sonja que venía a prestarme un libro. Y cuando mi compañera Sonja me presta libros no le digo que no, que Sonja es la persona que me prestó "El curioso incidente del perro a medianoche" y "Tan fuerte, tan cerca" cuando nadie conocía aún esos libros. El libro que me ha prestado es "A Short History of Tractors in Ukrainian" de Marina Lewycka. Hago hueco para él en el montón de pendientes, qué remedio.

Y ayer tuve que ir a Fnac, y como me temía cayeron dos nuevos libros. Uno fue la novela "Everything is Illuminated" de Jonathan Safran Foer, autor que como he dicho antes conocí gracias a Sonja; y esta novela también tiene que ver con Ucrania, demasiadas casualidades para no comprarme el libro. Y el segundo fue el conjunto de ensayos "Maps & Legend: Reading and Writing Along the Borderlands" de Michael Chabon. Porque Chabon es Chabon, y cuando te mira con esos ojazos desde la contraportada a ver quién no se lo lleva a casa...

Casualmente dos jóvenes escritores norteamericanos, ambos con un estilo muy peculiar y personal que los distingue de la generación anterior de novelistas estadounidenses. Estos jóvenes ya no se recrean en la contemplación de su propio ombligo, como sus predecesores (o alguno de sus compañeros de generación) sino que saben mirar más allá de sus narices y de sus fronteras nacionales.

Otros dos que van al montón de pendientes, que con ellos cuenta ya con veinticinco títulos por leer. Y ahora ya sí que no me compro ni uno más, al menos hasta haber devuelto alguno de los prestados.

sábado, 20 de marzo de 2010

Sostiene Pereira, de Antonio Tabucchi


Me acabo de leer este libro, mi segundo Tabucchi después de "Tristano muere" (otra joya de libro, por cierto) y me ha encantado. Qué bien sabe retratar Tabucchi a este Pereira gordo, solitario, sudoroso, aprensivo periodista en un país con un régimen represivo, vecino de otro país en guerra y con la amenaza de los fascismos sobrevolando Europa. Un Pereira intelectual que ya solamente habla con el retrato de su difunta y que ve en un joven periodista de origen italiano al hijo que nunca llegó a tener.

En cuanto al título, Tabucchi sostiene que Pereira fue un personaje en busca de autor, que se le presentó un buen día y tuvo que ponerse a escribir su historia. De ahí la importancia de ese "sostiene Pereira" que se repite constantemente, lo que leemos es lo que Pereira ha decidido contarle al autor, que es un mero cronista. Ese "sostiene" es un disclaimer, una manera de decir: son las palabras de Pereira, no las mías. Un curioso recurso narrativo que al principio choca un poco, pero que forma parte integrante de la obra.