domingo, 7 de noviembre de 2010

La broma infinita, David Foster Wallace (y II)


El escritor americano Jonathan Franzen dijo hace poco en una entrevista que le gusta leer historias que le cuenten cosas sobre sí mismo, cosas que sabe que son ciertas pero que aún no había sabido expresar. Y que por eso se siente mucho menos solo leyendo un buen libro que conectado electrónicamente a otras personas que reaccionen con un “me gusta” a su mensaje anterior. Después de leer este libro tengo que darle toda la razón, La broma infinita ha sido una lectura compulsiva y absorbente que ha sabido ofrecer compañía y consuelo cuando andaba bastante falta de ellos.

La broma de la que habla el título es una broma bien macabra, la crueldad innata de toda relación entre seres humanos que se basa fundamentalmente en hacer sufrir a los otros, de manera activa o por pura desidia, con maldad o con un exceso de bondad, por no prestarles la atención que necesitan o por ahogarlos en un exceso de atenciones. Sufrimos si nos relacionamos y sufrimos si estamos solos, y todos los medios que usamos para mitigar ese sufrimiento (alcohol, drogas, entretenimiento, deporte, aficiones) van a acabar perdiendo su poder y sumiéndonos en un infierno aún peor que aquel del que intentamos huir. Todo esto lo cuenta David Foster Wallace sin acritud, sin moralizar, sin un ápice de autocompasión: las cosas son como son, para todo el mundo, y no hay nada que hacer al respecto. El autor habla sobre las peores miserias humanas con la distancia y el desapego de quien ya lo ha vivido todo en sus propias carnes y ha perdido toda esperanza de redención: no es pesimismo, es resignación ante lo inevitable.

Finalmente he conseguido terminar el libro antes de que el libro terminara conmigo. Pero ha sido por los pelos.

7 comentarios:

Ivanobicho dijo...

Dices que DFW escribe sin acritud y sin afán moralizador. Pero leyendo tu comentario entre líneas me da la sensación de que DFW escribe desde el pesimismo patológico ¿o es una apreciación inexacta?

Ivanobicho

Carmen Neke dijo...

"Patológico" es el adjetivo exacto para definir su pesimismo, sí. El autor sufrió de depresiones durante más de veinte años, a la larga la medicación dejó de hacerle efecto e intentó todo tipo de tratamientos alternativos, incluso electroshocks. Acabó suicidándose en septiembre de 2008, dos años después de publicar la novela. El pesimismo en su caso iba cargado de una alta dosis de realismo personal.

Lo que es alucinante, admirable y estremecedor al mismo tiempo es la lucidez y la serenidad con la que describe los estados depresivos de algunos de sus personajes, con gran empatía pero sin una pizca de (auto)compasión.

Carlos González Peón dijo...

En su colección de relatos llamada "Entrevistas breves con hombres repulsivos" donde hay un relato que trata el tema de una mujer deprimida. Habla de ella y de su estado, simplemente (casi nada) y es A-LU-CI-NAN-TE.

Pego algo que encontré sobre ello en la red:
La persona deprimida, donde Foster Wallace se recrea hasta la extenuación en todos los procesos mentales, inferencias, autorreflexiones, autoengaños, análisis infinitos, digresiones extenuantes sobre intencionalidades de segundo, tercer y cuarto nivel del estado anímico de una mujer deprimida buscando desesperadamente un salvavidas emocional. Quizá el cuento más excepcional de esta antología irregular (irregular como corresponde a la mayoría de antologías).

El libro, que tengo por terminar, es una pasada, dicho sea de paso.

Y La Broma Infinita es de mis favoritos, lo he dicho demasiadas veces ya. Algún día tengo que volver a leerlo; es de los que, seguro, ganan en la segunda lectura.

Carmen Neke dijo...

Muy de acuerdo con lo que dices sobre una segunda lectura de este libro, yo también tengo planeada una segunda lectura que estoy convencida de que me hará disfrutar (y sufrir, a partes iguales) aún más de la novela.

Me apunto la colección de relatos de DFW que citas, que tengo mucha curiosidad por leer otras obras de este autor. Gracias por el dato.

Carlos González Peón dijo...

Pues anota otra pequeña maravilla de DFW. Se trata de una colección de artículos y ensayos llamada: "Algo supuestamente divertido que nunca volveré a hacer". Busca la edición normal, no la de bolsillo, porque esta última solo trae el artículo que da nombre al libro. Eso lo aprendí por las malas.

Anónimo dijo...

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Anónimo dijo...

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