viernes, 1 de octubre de 2010

Pastoral americana, Philip Roth


Philip Roth es un escritor que consigue irritarme profundamente con sus libros. No con todos, pero sí con la mayoría de ellos. Y el caso es que lo sigo leyendo, aún sabiendo de antemano los disgustos tan gordos que me voy a llevar con su lectura, quizás porque prefiero las opiniones incorrectas y no edulcoradas a la corrección tan educada y tan vacía que nos rodea en la actualidad.

En Pastoral americana, Roth se nos presenta de una manera atípica en él. Esta vez hace un retrato de una persona con la que tiene poca identificación personal, el protagonista Seymour “Swede”Levov es un judío de Newark que gracias a su buen aspecto, sus éxitos deportivos y su talento para los negocios consigue ascender socialmente y codearse con las clases altas norteamericanas. La personificación del sueño americano, hasta que su vida perfecta se ve interrumpida cuando su hija se convierte en una terrorista política contra la guerra de Vietnam.

¿Cómo es posible que la hija de padres tan privilegiados, tan perfectos, tan americanos, pueda llegar a convertirse en alguien que pone bombas contra su propio pueblo? Esta es la pregunta que domina toda la novela, y a la que se intenta contestar desde diversos puntos de vista. El del padre cuyo mundo se ha venido abajo. El de la madre que consigue sobrevivir reinventándose a sí misma. El de los amigos con ideas izquierdistas, el del abuelo judío que no entiende nada de lo que está pasando en el mundo, el de los otros activistas antisistema. Pero nadie consigue dar una respuesta satisfactoria a la pregunta que cierra el libro: ¿Qué hay de malo en sus vidas? ¿Qué puede haber menos condenable que el modo de vida de los Levov?

La respuesta tal vez la había dado ya el propio autor algunas páginas antes, describiendo el Día de Acción de Gracias cuando las familias católica y judía conseguíann reunirse una vez al año alrededor de la misma mesa y compartir la misma comida. Una pastoral americana por excelencia que solamente duraba veinticuatro horas, un sueño americano que se vino abajo porque nunca existió en realidad.

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