domingo, 24 de octubre de 2010

La broma infinita, David Foster Wallace (I)


Esta novela es una maravilla tal de extensión e intensidad que me resulta imposible esperar al final de sus mil y pico páginas para empezar a comentarla. La historia que se cuenta en ella es caleidoscópica e intensa, y no está de más hacer un alto en la lectura para tomar aliento y poner las ideas en orden. Porque hay una buena historia en La broma infinita, muy buena incluso, y es una lástima que la mayoría de los comentarios a esta novela la califiquen de azarosa e incomprensible. La lectura es densa y exigente, pero ni mucho menos inalcanzable.

Todo gira en torno a la familia Incandenza, padre, madre y tres hijos. El inicio del libro nos muestra más bien los despojos de la familia, con el padre muerto y los hijos en diferentes estados de desintegración mental. Cuando a continuación la historia retrocede y se nos van narrando en escenas sueltas y aparentemente inconexas los sucesos ocurridos los años anteriores, las piezas del puzle irán cayendo poco a poco en su sitio. La familia vive en la escuela para jóvenes tenistas de élite regentada por los padres y donde estudian y entrenan los hijos, la acción se sitúa en un momento indeterminado de un futuro próximo en el que cada año está patrocinado por una marca comercial que le dará nombre. Y la hegemonía estadounidense en América del Norte es total, aunque los francófonos de Quebec se organizan en grupos combativos de liberación de distinta índole.

Como telón de fondo van apareciendo las historias y testimonios de una serie de personajes aparentemente disconexos pero cuya relación con la trama principal se irá revelando sobre la marcha. Todos estos personajes tienen en común sus problemas de adicción al alcohol o a diferentes drogas, sus deseos de deshacerse de esta adicción, y la imposibilidad de conseguirlo que los lleva al borde del suicidio y más allá. Estas situaciones tan desgarradoras se describen con la empatía y el detallismo que caracterizan el estilo del autor, quien sin duda sabía de qué hablaba cuando hablaba de desesperación y suicidio. Pero el autor igualmente sabe introducir en la mayoría de sus páginas un humor que llega a ser satírico pero nunca cínico, que aligera el peso de las tragedias personales que narra y al mismo tiempo aumenta su credibilidad al alejar todo rastro de melodrama o ejemplo moralizante. Hay mucho del estilo del mejor Tarantino en los diálogos y en la manera de construir la historia, aunque la obra de Foster Wallace resulta bastante más sustanciosa de contenido.

Después de haber leído un tercio de la novela, mi impresión sobre ella no podría ser más positiva. Pero intento contener mi entusiasmo mientras sigo leyendo, que aún queda mucho libro por delante.

2 comentarios:

Mike Pop Rock dijo...

Mil y pico páginas? Con tu insaciable "voracidad" (La UniØn 1984), eso para tí es un desayuno ! Yo por si acaso seguiré con El Principito y Carta de una desconocida que los empecé hace 10 años y aún voy por la mitad, (de primer capítulo)...es que no quiero seguir po si luego no me gustan...A ver si este no pierde fuelle a medio camino...

Ivanobicho dijo...

Me da pereza por su extensión, pero tus comentarios son sugerentes y sabrosos, como siempre que disfrutas con un libro. Y dan ganas de leerlo.

Beso,

Ivanobicho