viernes, 15 de octubre de 2010

Jardín de cemento, Ian McEwan


Sinopsis del libro:
En una casa aislada de los suburbios de Londres vive un familia como cualquiera otra, hasta el día en que fallece el padre y los hijos deben asumir la gestión de la casa y de sus propias vidas, ya que la madre padece una grave enfermedad que la obliga a permanecer encerrada en su cuarto. Esta repentina ausencia de la autoridad lleva a esta pequeña comunidad de adolescentes a crear un nuevo sistema de vida, que los convierte en seres extraños, ajenos a las normas que rigen una sociedad patriarcal como la nuestra. ¿Cómo afrontarán el despertar del sexo, la muerte, la convivencia, la justicia, la violencia ? Contada por el hijo de 16 años, esta historia es, según el autor, “un relato, algo estremecedor, acerca de las cadenas edípicas que a la vez amenazan y cimentan las relaciones familiares”.

Hacía ya tiempo que tenía pendiente la lectura de este libro de McEwan y que según algunos es mejor que Amsterdam, obra con la que consiguió el Booker Prize. Tengo que decir que a mí me han gustado los dos libros por igual, salvando las enormes diferencias entre ambas novelas. Una de estas diferencias es que Amsterdam tiene una trama y un final cerrados y unívocos, queda bien claro qué quería decir el autor y cuál es su conclusión, mientras que Jardín de cemento deja un montón de dudas tras su lectura, o al menos a mí me las ha dejado.

El ambiente de la novela es puramente onírico, producido en buena parte por el punto de vista exclusivo del quinceañero Jack como narrador muy subjetivo y con una visión de la realidad dominada por sus hormonas desbocadas. ¿Hasta qué punto podemos considerar como “reales” los hechos que ocurren en este libro? La transgresión de tabúes sociales que se nos ejemplifica en la historia es evidente, la pregunta es si tal transgresión no va a ser más bien producto de la imaginación desbocada de un adolescente, que en varias ocasiones confiesa no saber bien dónde acaban las pesadillas que le acosan cada noche y dónde empieza su vida diaria.

El gran acierto de esta obra es, sin duda alguna, la plasmación tan certera que hace del mundo mental de la adolescencia, los hechos que se nos narran son las fantasías destructivas adolescentes llevadas a la realidad. O a la pseudorealidad, que de eso no termino de estar muy segura. Aunque la verdad es que en el fondo poco importa.

3 comentarios:

Nathan Z. dijo...

Todavía no me he leído "Amsterdan", y mira que lo tengo desde que salió, hace nueve años o más... "Jardín de cemento" lo leí hace unos dos o tres años, cogido de la biblioteca. Una vez, cuando asistía a un taller de escritura, la profesora al verme entrar con un libro que acababa de coger en la biblioteca del mismo edificio donde se impartía el taller, me pidió que le enseñara el libro:
-Ah, McEwan es muy bueno. Me gustan más sus primeras novelas, las últimas no tanto.

A mí me pasa al revés. "Jardín de cemento" no me gustó demasiado. Los cuentos de "Primer amor, últimos ritos", sí (hay uno, "Pollón en el escenario", que consiguió provocarme un ataque de risa). "El inocente", aunque no pueda ser considerado como un McEwan de la primera época, tampoco me dijo mucho. Fue a partir de "Amor perdurable" y "Niños en el tiempo" cuando McEwan empezó a gustarme mucho. Por cierto, si no has leído "Niños en el tiempo", te lo recomiendo.

Ay, ¿y todavía no te vas a leer "Solar", tú que puedes?

Carmen Neke dijo...

Gracias Nathan, me apunto la recomendación de "Niños en el tiempo" (el título es horroroso pero intentaré vencer mis prejuicios al respecto).

"Solar" todavía no está publicado en bolsillo, y las ediciones de tapas duras en inglés parecen códices medievales, prefiero esperarme a que salga en un formato más manejable.

Eduardo dijo...

Hace muchos años que lo leí y por lo tanto estoy sometido a las trampas de la memoria, pero tal como lo recuerdo no creo que hubiera tanto un tono onírico como la sensación de irrealidad propia de una fábula. En mi recuerdo, "El jardín de cemento" es una fábula sobre la sociedad y sus normas. Los niños se quedan solos en su burbuja imposible y crean su propio modelo de familia (y sociedad). No hay reacción contra lo establecido sino simple libertad: para no lavarte, para ser una niña aunque seas niño, para hacer cosas de mayores sin serlo. Por cierto, sin moralinas, piénsese en el final: la foto de una familia feliz.

Soy de los que prefiere al McEwan de los principios. Al contrario que Nathan Z. (aunque sin buscar polémica), creo que las cosas empezaron a torcerse precisamente en "Amor perdurable". Ahora lo veo demasiado consciente de su posición central en la literatura brit contemporánea y con unas ganas de resultar trascendente que no creo que le beneficien en absoluto.