viernes, 8 de octubre de 2010

Camino de sirga, Jesús Moncada


Esta novela me la regalaron hace un par de años, y hasta ahora no me había atrevido con ella porque al leer que trataba sobre la desaparición de un pueblo de la cuenca del Ebro por la construcción de un pantano, la imaginaba como un drama costumbrista. Y efectivamente, es un drama costumbrista sobre este tema, pero con el foco en lo costumbrista y mucho menos en lo dramático. El humor y la ironía son los vehículos de los que se sirve el autor para hacer el retrato de la gente de este pueblo, una galería de tipos a cual más extravagante, tierno y entrañable. La caracterización tan ágil y amena de los habitantes es lo mejor del libro, y lo que hace que se lea con mucho gusto.

Ahora vienen los peros.

Lo primero la estructura: el autor ha elegido construir su historia sobre una especie de realismo mágico en el que los últimos habitantes van recuperando los recuerdos de los tiempos pasados mientras pasean por las calles del pueblo condenado en los últimos días antes de que desaparezca bajo las aguas del nuevo pantano. Una estructura no excesivamente original que interrumpe el hilo de la narración en un vaivén del pasado al presente que entorpece innecesariamente la lectura. La forma elegida para narrar la historia, un costumbrismo irónico y caricaturesco, se habría servido mejor de una estructura narrativa lineal en la que la evolución del pueblo hacia su defunción final habría quedado más de relieve.

Otro pero,y para mí el peor defecto de la novela, es que Jesús Moncada no se limita a hacer un retrato de una gente y una época desaparecidas, sino que detrás de esta crónica introduce un punto de vista muy determinado e inflexible sobre la sociedad y los hechos históricos que retrata. El reparto de papeles entre buenos y malos está ya decidido de antemano y no va a haber medias tintas al respecto. Los señores son todos los arrogantes descendientes de sinvergüenzas que se hicieron ricos aprovechándose del prójimo, mientras que la gente del pueblo llano son todos sin excepción unas estupendas personas. Los tres primeros decenios del siglo XX en el pueblo se plasman como una especie de paraíso terrenal y época inocente en la que todo el mundo vivía en armonía, los anarquistas solamente les ponían bombas a los señores que se las merecían, y los obreros eran felices en su sencillez de vida en la que no parecían sufrir privaciones. La miseria de la gente empezará tras la guerra civil, el franquismo será la época negra del pueblo en la que la injusticia, el oscurantismo y la represión lo dominarán todo e impedirán que la gente pueda volver a ser feliz. Incluso la construcción del pantano se describe como un complot del régimen franquista para castigar al pueblo por sus ideas republicanas. Y todo esto, me parece, es llevar las cosas demasiado lejos. Los hechos históricos no son tan monocromáticos como se pretende hacer ver en esta obra, y esa rigidez de miras me ha hecho perder parte del placer que la lectura de este estupendo libro me ha proporcionado.

3 comentarios:

Jorge dijo...

Buena crítica, bombón! Afilada y ecuánime, como siempre.

Un beso

Siberia dijo...

Mira que me fastidia darle la razón. No he leído el libro, pero tiene toda la pinta de ser como usted dice porque hay muchos como él. A mí también me irritan las obras que llevan el mensaje incorporado a la trama, como si fuera un pack. En el fondo es una falta de respeto a la inteligencia del lector, al que no se da capacidad de maniobra.

Núria dijo...

Pues fíjese señora que, a estas horas, me he vuelto a leer su crítica .
Y, siendo sincera, no puedo estar más de acuerdo, pero claro casi que una a Moncada se lo permitiría todo (los saltos en el tiempo aunque entorpezcan la lectura, el maniqueísmo...).

Gracias, neke.

:)