sábado, 18 de septiembre de 2010

Memorial del convento, José Saramago


En 1717, el rey Juan V de Portugal, en cumplimiento de una promesa por haber conseguido tener descendencia, mandó construir en la ciudad de Mafra un convento que acabaría siendo palacio y uno de los principales monumentos del país. Pero el memorial que hace Saramago en esta novela no es tanto el del convento que le da título como el de una época y el de un pueblo, el portugués. Con una realeza y un clero altivos, orgullosos de su poderío yentregados a los placeres terrenales y a la perpetuación de su gloria, la gente deeste pueblo empobrecido hace lo que puede para sobrevivir todas las calamidades que le sobrevienen y ser moderadamente feliz a pesar de todo. Sobre todo si consiguen encontrar un amor y un sueño que llenen sus vidas, como fue el caso de los protagonistas Baltasar Sietesoles y Blimunda Sietelunas, que si no llegaron a tener otra cosa sí que se tuvieron el uno al otro y el sueño de construir una máquina capaz de volar.

Este memorial podría haber adquirido voces muy diferentes, pero el autor ha elegido la voz del juglar ambulante, la de los romances y leyendas orales que se cuentan a la luz de la lumbre. Es una narración que fluye con pocas pausas, con ese estilo tan peculiar que utiliza Saramago para contar sus historias y salpicado esta vez con comentarios, pensamientos y apartes del narrador invisible. Un narrador claramente anticlerical, que denuncia la lascivia escondida tras la máscara de la piedad y la beatería, los milagros falsos en los conventos mientras los verdaderos milagros se toman por brujería y son condenados por el Santo Oficio. Así, sin Iglesia bajo la que ampararse y con un Dios que no da señales de vida, la gente del pueblo tiene que negociar directamente con los santos para poder luchar contra el mal que acecha tras cada esquina, y construye de esta manera una religiosidad muy peculiar pero que para el narrador es mucho más auténtica que la de este convento que se construye en pago a un favor supuestamente divino al rey.

Quien hoy visite el Palacio de Mafra, se encontrará con un edificio imponente lleno de riquezas y obras de arte, y nadie se parará a pensar en los miles de trabajadores anónimos que lo hiceron posible. Esta novela quiere convertirse en el memorial de estos hombres sin nombre:
todo cuanto es nombre de varón va aquí, todo cuanto es vida también, sobre todo si es atribulada, principalmente si es miserable, ya que no podemos hablarles de las vidas, por ser tantas, dejemos al menos aquí escritos sus nombres, ésa es nuestra obligación, sólo para eso escribimos, para hacerles inmortales (pg 295)

5 comentarios:

Ivanobicho dijo...

Ay, mi Blimunda Sietelunas, ay la Passarola y el padre Bartolomé Lourenço de Gusmao!!! Qué cariño le tengo yo a este libro Neke .....

Carmen Neke dijo...

El padre Bartolomé Lourenço era un romántico, y esa fue su perdición. Blimunda, en cambio, era una mujer con los pies en la tierra y supo hacer de su amor con Baltasar algo cotidiano y evidente. Una historia realmente entrañable, sí.

Primopons dijo...

¡Qué casualidad y qué alegría encontraros a ambos por aquí! Andaba yo curioseando las últimas lecturas de Carmen para que me diese un poco de envidia lectora (ahora mismo el trabajo me tiene desbordado y no me deja tiempo de leer más que el semanal borgesiano). A Ivan se le echa de menos. El memorial del convento lo leí hace unos años y me gustó bastante, pero mi amnesia ha borrado los detalles. Saludos para ambos.

Carmen Neke dijo...

A mí también me ha alegrado mucho encontrarte por aquí, Primopons. Me temo que el mes de septiembre tiene un efecto enormemente ralentizador en mis lecturas, me consuelo pensando que ya llegarán las largas tardes de invierno

Carlos González Peón dijo...

Anda mira, si hay mas actividad aquí que en foro. Hola Pirmo, hola Ivan, hola Carmen. Soy Jack, por cierto. Deberíais abriros unos blogs y así vamos todos de unos a otros relanzando lecturas.

Este no lo leí, lo siento, y la verdad es que apetece entre cero y nada.

Un saludo,